Leia Estaba en medio de una conversación telefónica con Martín, su voz cálida y familiar llenando el espacio de mi pequeño apartamento en Londres, mis compañeros estaban desaparecidos desde temprano. Hablábamos de cosas triviales, de nuestras rutinas diarias, intentando construir un puente de normalidad sobre la distancia que nos separaba. De repente, el timbre de la puerta resonó con fuerza, cortando el hilo de nuestras palabras. Me sobresalté, con el corazón latiendo con fuerza en mi pecho. Por una fracción de segundo, una idea descabellada cruzó mi mente: ¿y si fuera Martín? ¿Y si hubiera tomado un avión sin avisar, impulsado por un impulso repentino? Intenté engañarme con esa fantasía, aunque una parte racional de mí sabía que era imposible. Martín estaba en la isla, con su hogar pa

