Capítulo 34

1243 Palabras

Martín La noche era una bóveda de silencio, pero mi mente era un torbellino de pensamientos. Estaba sentado en la terraza, con la mirada perdida en el firmamento estrellado, un hábito que había adquirido desde que Leia se marchó. Me preguntaba si ella, en medio del bullicio de Londres, también buscaría consuelo en las estrellas, si acaso pensaría en mí bajo el mismo cielo. Pero esa noche, la quietud no me ofrecía paz. La soledad pesaba sobre mis hombros como una losa, y una necesidad inusual me impulsó a tomar el teléfono y marcar el número de mi padre. Había evitado ese contacto durante mucho tiempo. Desde que reapareció en mi vida, hace tres años, no supe cómo procesar su presencia. La herida por el dolor que le causó a mamá aún supuraba en mi interior. Sin embargo, el reciente encu

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