Gonzalo Esta es la mañana del tercer día, aún no he conseguido dormir tranquilo pensando en el sufrimiento que padece Manuela por la ineficacia de la policía. Estoy bajando a desayunar cuando entra una llamada a mi teléfono. —Señor, Rivera. Encontramos el lugar donde tienen a su esposa —me dice el licenciado. — ¿Y qué diablos esperan? Procedan de inmediato y traigan a mi mujer —Ordeno. —Ya tengo a mi gente en camino, pero los secuestradores enviaron un video, creo que debe verlo antes. —¿Está en la comandancia? —Sí, aquí lo espero. —Salgo para allá. Me apresuro a llegar a la maldita comandancia, veinte minutos después ya estoy entrando a ella, el detective Leonardo me conduce a una sala privada para proyectar el video. —Lo enviaron a nuestra central, no sé cómo lo hicieron, no ob

