El Evento de Libros

2909 Palabras
Despierto con el estómago algo descompuesto y el celular me viola el cerebro. ‘’Oh cerveza, elixir sagrado que llenas nuestros corazones.  Nos haces volar tan alto que al otro día bajar duele’’. Gracias. Oda a la cerveza.   Luego de una ducha, me tomo un súper mega híper café cargadísimo que me despierta. Realmente no tengo sueño, pero me siento…. Débil cerebralmente. Tomo el ascensor y maldigo a todos los idiotas del piso séptimo, es frustrante tomarlo en el ocho y que pare en el siete, si alguien vive en edificio me entenderá maldita sea.  Miro con mi mejor cara de odio a Kate que levanta una ceja. -Hola- digo semi-odiándola. -Lindo rostro. -Ayer salí con mi mejor amiga a beber. -Ah.-Kate me mira y veo en sus ojos un ‘’ ¿Algo que contar? Ya sabes a que me refiero’’. -Si- digo hastiada- estaba. –Resopla. -Escucha… -Escucha nada, esa zorra tiene que saber que no puede hacer lo que le plazca. Además me amenazó.- Me río. -Enserio Alejandra no tienes por qué soportar esto. -No es ningún problema. Amo que me odie.- A ese comentario le falto una pose de ‘’estupenda’’ -Conflictiva- dice bajando y yendo a su auto, es uno blanco. -¡Vaya se parece a ti!- digo de la nada. Kate levanta una ceja, mira el auto y luego a mí. Se enoja. -Muy graciosa.- se sube. Suelto una risita y subo al mío.   Después de trabajar -Devuélvele la calma a esta oficina- masculla Kate algo divertida fingiendo enojo. -Lo siento- gimoteo. -Eres una idiota. -¡Pero fue tu culpa también!- digo recogiendo unos cinco libros. -Por eso te ayudo- dice bajito. -hasta que lo asumes ¿eh?. Hay madures en ti- digo pesada recordando nuestra discusión infantil. -Cierra el pico. Yo estaba bien Alejandra, pudiste haber elegido otro. -No.- Digo feliz.   Hace 15 minutos. Estoy completamente segura de que un libro ayudará a que mi agilidad mental se recupere, por suerte hoy el trabajo estuvo tranquilo. Si no me despiden, nunca más bebo un jueves. Estúpida Fer. Te adoro Leo muchos títulos, me concentro en pensar cual es más interesante. Me gustan fantásticos, pero que te dejan pensando horas en la historia. A ver, a ver ilumínate. Veo un título ‘’ ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’’ wooow ¡robots! Estiro el brazo al momento que una mano se me adelanta. Miro a Kate, ella me ve como si la hubiese insultado. Entrecierro los ojos, ella los suyos. Me aferro al libro y al dorso de su mano, ¡que la saque! -Yo lo vi primera- me enojo. -Pero yo ya lo había tomado, ¿ves? Y saca tu mano.- se enoja. -No pienso, quiero leer este libro ¡Tú ya has leído miles! -Y tú unos pocos, hay muchas opciones nuevas para ti. -Pero quiero leer lo de los robots- me quejo aferrándome a su mano. Me mira. -No tiene nada que ver. -¿Ah? ¿Por qué? -El libro te hace pensar sobre la delgada barrera entre lo natural y lo artificial. -Si ya lo leíste para que lo vas a leer de nuevo. Además suena cool. -No le digas cool a un libro. – se indigna. -No seas aburrida. -No seas tú- se divierte. Forcejeamos y empezamos a botar los libros de la vitrina. -No voy a ordenar eso-Se queja Kate.- Suéltame. -Suelta el libro. Me enojo dándole la espalda y tomando su muñeca. Fuerza su brazo hacia atrás, respira agotada y yo empujo el libro con todo lo que puedo hacia adelante victoriosa. Pero lo que no calcule era que no opuso resistencia. Kate choca de golpe contra mí, y yo con la vitrina haciendo que esta empiece a balancearse con libros incluidos. La enderezo y siento libros por mi cabeza. Kate hace un sonido de susto y me doy vuelta abrazándola protegiendo su cuerpo con el mío poniendo una mano tras su nuca. Se me cae un libro detrás de un hombro y por el dolor sospecho que era de esos de historia universal. -Auh.- mascullo luego del golpe sordo del libro en el suelo.  Kate hace un ruidito, la miro asustada; se está riendo. Sonrío y no puedo evitar seguirla. -Eres tan idiota- se ríe. Me rio hasta que… -¡Hey!- me doy cuenta. Ella se ríe más y la miro sonriente. Me doy cuenta que no la eh soltado y aún tengo mi mano en su suave cabello… Me separo y sonrío mirando el desorden del suelo algo avergonzada.   Ahora: Levantamos los libros y miramos el último. Nos volvemos a mirar y soltamos una risita. -Entonces- jugueteo.- ¿Quién lo leerá? -Yo llevo más tiempo en la oficina. -Yo soy más joven. -Pero yo soy más baja. -Yo probablemente me muera antes. -Estoy de acuerdo. -Entonces yo lo leo, si quieres puedes sentarte en mis piernas- levanto las cejas. -Eso sería como sentarse en las piernas de la muerte.- me mira feo. -Está bien léelo tú, eres más rápida- me sincero. – Yo leeré otro. Me agacho, lo levanto y se lo entrego sonriente. Me mira con las mejillas algo rojizas, me sorprendo mirándole el rostro. Separo los labios y Kate los mira, me recorre un cosquilleo. -¡Hey aquí estabas!-escucho. Miro a otro lado de un salto. ¡Qué mierda fue eso! -¿Interrumpo algo? – dice el tipo ese primo de Kate. Ahora que lo veo de cerca. Tiene el mismo cabello. -No, sólo me pasaba un libro.- Dice Kate como si nada, la miro y sonrío yendo a buscar otro y así no molestarlos. Entonces él se entromete en mi camino y me saluda escrutando mi rostro. -Mucho gusto, soy Leonardo, su hermano. También trabajo aquí. –De la pura impresión lo salude con respeto. ¡Hermanos! -Con razón- comento.- Se parecen bastante- pero sus ojos son café oscuro. – Soy Alejandra. -Sí, somos todos unos cadáveres.- Me río. –Pero yo soy menor por tres años.- continúa. -Ya veo.- Digo algo sorprendida, pareciera que fuese mayor… quizá por la barbita de chivo que se dejó. -No sabía que Kate tuviera una amiguita acá.- la mira burlesco. -Leo… ¿Qué quieres?- dice ésta arrugando la nariz.  Y yo me dirijo a la vitrina, no quiero interrumpir. Después de todo sólo soy una compañera de trabajo. Mientras veo unos títulos escucho. -¿Y tú que dices Ale?- dice él feliz. Kate lo golpea con un libro. -¿De qué?- pregunto perdida. -¿No escuchaste lo que hablábamos?- dice él sorprendido. -Claro que no, no soy ninguna entrometida.- Lo miro frunciendo el ceño. Kate sonríe -¡Eso acumula puntos!- dice feliz- ¡estas aceptada!- lo golpean de nuevo. -¿Aceptada para qué?- pregunto con cara de idiota. -No es nada, ignóralo. – Dice Kate. -Lo que pasa- dice él sentándose en las piernas de Kate, ella rodea los ojos y yo me río.- Es que iba a acompañarla a un evento de libros, escritores y esas cosas. Así divertido- finge que duerme- en realidad como buen hermano, iba a ir. Pero tengo turno, Soy guardia- dice él- y como veo que a ti también te gusta leer me preguntaba si la quieres acompañar. -Aam no hay problema- Supongo… -No toques nada- me dice Kate de reojo. -No me molestes- me cruzo de brazos. Ella mira enojada a la pared. Él nos mira y se levanta. -Bueno es el domingo a las 6pm.- Dice sonriente.- lo demás que Kate te lo cuente. Se va. Ella me mira de reojo. -No tienes que hacerlo si no quieres. -Ya dije que iría- digo orgullosa. –Me hará bien un cambio de aire. -Bien.- Me dice abriendo el libro.- Te veo a las cinco y media en el estacionamiento. -Oka.- me siento y por fin nos dedicamos a lo nuestro. Ha sido un feliz viernes pienso, bueno no hablemos del dolor que tengo atrás en el hombro. Espero que no quede moradito. El sábado me lo pasó en mi hogar, haciendo cosas tan interesantes como ver tv, apachurrándome con comida y ver películas. Nicole nunca aparece los fines de semana, sé por lo que me ha contado, que utiliza esos días para dedicarse por completo a sus seres queridos, amigos más que nada. Que energía. Al menos yo con una salida necesito días para recuperarme. Bueno si me sigue abordando así en el baño yo no reclamo. Llegado el domingo, tomo el ascensor a las 17.20. Algo me dice que si llego tarde, Kate me deja el otro hombro morado. Y si… me quedo morado. Bajo y me pregunto si usaremos mi auto. Se vuelven a abrir las puertas del ascensor y me pinchan la espalda. -Me alegra que seas puntual- escucho, me da un escalofríos. -¡Avisa que estás ahí!- me toco el pecho. Me mira -Cobarde. – y se va a su auto. Voy al mío. -Ven- sonríe irónica- no llenaremos el estacionamiento. -Entonces ven tu- decido molestarla- En esta relación ficticia mand….-Me mira. -Está bien. -¿Cómo está tu hombro?- me pregunta mientras conduce. -Morado. Se queda en silencio. -¿Te sientes culpable?- La miro. -No. Luego de cinco minutos. -¿Has ido antes a esta cosa que vamos? Me mira horrible y sé que es por decirle ‘’cosa’’. -No. -¿Y si nos perdemos?- retiene una sonrisa. -De ti no me extrañaría. Puedes ir a niños perdidos. -Molestosa. Ahora que lo pienso Kate tiene una vena bastante jodedora. Llegamos y hay mucha gente; es una especie de edificio antiguo al frente de una plaza. Parte de mi pensó que sería una casucha con 50 Kates. -Wooow- digo entrando, está lleno, lleno, lleno de libros y sobresale un letrerito arriba de cada uno con cosas como ‘’Ficción’’, ‘’Romance’’, ‘’Thriller’’, ‘’ Latinoamericana’’, ‘’Historia’’, ‘’Religión’’, ‘’Psicología’’, etc. Me voy al de ficción como perro atraído por un hueso y me toman por la espalda. -No desaparezcas así- Kate me mira feo. – ¿Ibas a ficción verdad? -Siii- digo feliz. -No se moverán de ahí. Vamos a la zona de autores primero. -Está bien – puta vida. Entonces nos sentamos y ella escucha a una tipa de unos 40 años hablando sobre un libro. Seamos sinceros, leo los libros, pero no me importa quién los escribe. Así que echo raíces por toda la salita mientras Kate y unos cuantos empollones más miran a la señora como si fuese el mesías. Salimos y muevo mi cuello. -Gracias.- dice sin mirarme.- Sobreviviste. Leo a veces se duerme, es realmente vergonzoso. -No hay de que.- Digo atareada. -Vamos a ver los libros Kate- hago un puchero. Sonríe. -Ya, ya. Entonces es cuando nos embobamos revisando títulos y leyendo contraportadas, tome los que no estaban en la oficina de la saga que leía. En eso busco a Kate y no la encuentro. Creo que iré a niños perdidos. Entonces la veo en el área de thriller tomando un libro. -Permiso. -Permiso señora.- Escucho a lo lejos. -¿Ah?- Una señora me mira con desaprobación. Me muevo y voy donde Kate. -No desaparezcas- me indigno. -Lo siento.- dice leyendo, veo por su hombro ‘’Un final perfecto’’ John Katzenbach. -Vaya, este tipo odia a las pelirrojas- comento al leer la contraportada sobre un asesino serial que promete un crimen perfecto hacia 3 mujeres pelirrojas. -Sí, pero se ve interesante, me lo llevo.- Dice sin mirarme, me llega parte de su olor. Kate no se mueve. Me doy cuenta de mi postura comprometedora y pego un salto alejándome. -Yo llevaré los que me faltan- se los muestro. -Te encantarán- musita en voz baja. De repente toma ‘’El silencio de los inocentes’’ -¡La película es genial!- me sorprendo. -Entonces el libro lo será aún más.- sonríe. Veo que recogió un canastito y lo tiene lleno.  La miro sorprendida. -Estarás muy ocupada estos días. -En realidad me tomo mi tiempo. Seguimos mirando por horas, este lugar es como un paraíso de libros. Salimos y mientras Kate deja las cosas en su auto veo a un señor con traje blanco vender cabritas. Mis ojos brillan y Kate me mira con evidente burla. -Eres como una cría ¿quieres ir? -Siii- digo feliz. – Y no me digas cría.- me adelanto y compro una bolsa más grande que pude ver. -Sentémonos, no me voy hasta que devoremos esto- digo echándome unas 5 de lleno. Kate resopla y buscamos un buen lugar y le ofrezco. -Está bien- toma un puñadito La plaza está llena de gente, algunos evidentemente (por la bolsa) vienen del mismo lado que nosotras. -Fue genial. –comento.- Pensé que sería un lugar lleno de empollones. -¿Me estás diciendo empollona? -Si- digo comiendo feliz. -Bueno puede ser. Mi hermana también me lo dice. -¿Tienes una hermana? ¿Cuántos son? -Sí… somos cinco. Alguien tuvo padres traviesos… -¿Eres la mayor?- aventuro -Si. -Menuda paciencia. -Más o menos, en realidad Leo y Gabriela parecen los mayores. -¿Cómo son? – pregunto curiosa. -Hmm Leo es el segundo, es el más paternal, sólo conmigo es infantil.- Dice molesta, sonrío.- Gabriela es la consentida; es una hiperquinética y no la soporto. Es igual a Cristian el cuarto. Y el último tiene 6 años. -Debe de parecer tu hijo.- me río. -Ni lo menciones, somos parecidos.- Dice mientras comemos. -Qué lindo- digo con otras seis en la boca. -¿Y tú? -Tengo una hermana, es mayor y es condenadamente seria; me gana por 10 años así que no fuimos muy cercanas. -Ah comprendo. También hace mucho que no veo a Henry. -¿El menor? -Si. -¿Y por qué no vas?- Kate pone cara de desagrado. -Mis padres se enteraron de ‘’ ya sabes que’’- asiento.- Y creen que perdí mi tiempo con Jessica, así que ir y que te insinúen que puedes conocer al hijo del vecino, es una carga que no estoy dispuesta a soportar a esta edad. -Ajá, que desagradable- digo hastiada.- Con razón no quieres ir. -Si… –masculla. Boto la bolsa y caminamos de vuelta. -¿Kate? –Escucho. Noto que Kate se tensa. -Hola Carolina – dice sin ánimo a una mujer de cabello oscuro. -¿Cómo has estado?- la mira con algo de tristeza. -Bien.- dice Kate cortante. -Deberías salir con nosotras algún día… No estará… ya sabes.- Dice. En un impulso toco la mano de Kate con la intención de tomarla y ella entrelaza su mano con la mía. Su amiga repara en mí, mira nuestras manos. -Ustedes son… -Si- digo segura con una media sonrisa.   -¡Vaya! –Se sorprende- me alegro por ustedes. Cuando quieran pueden salir con nosotras.- sonríe. -Gracias- sonrío ¡No sé qué más decir auxilio! Miro a Kate. -Nos vemos – dice sin más. –Tenemos trabajo mañana. -¿Son colegas? ¡Qué lindo!- masculla Kate me mira como diciéndome ‘’la cague’’ y yo como ‘’no importa’’ -Sí, ahí nos conocimos- realmente no pueden hacerme nada así que ¿qué importa? -Bueno, si nos vemos me cuentan – Guiña el ojo.- Adiós.- Dice y se va. -Adiós- decimos bajo.   -Alejandra lo siento, no sabía cómo… -No importa. Para eso están las compañeras de lectura. Ella sonríe poco convencida. -Kate tranqui. ¿Qué pueden hacerme? -Si Jessica te amenazó, me va a molestar cuando te vea con alguien- dice mirando el suelo. -No tiene porque verme con alguien- sonrío. -No entiendo porque te tomas estas molestias- Se detiene, me observa y veo su rostro triste. -No quiero que estés sola contra esas idiotas.- Me enojo – Sólo acéptalo y ya. Nos miramos y Kate suelta mi mano. Abre la puerta del auto y toco su codo, me mira. -¿Quieres que conduzca yo? -¿Para qué? -Es un ofrecimiento solamente- sonrío. -Está bien.- Dice tragando saliva. No sé por qué, pero mi intuición me dice que lo haga yo. Subimos y conduzco hasta el edificio. -¿Quién era ella?- pregunto al volante. -Una ‘’ex amiga’’- dice mirándose las manos algo triste. -Se veía feliz de saber que tenías pareja… supuestamente. – me sorprendo. -Sí y quizá ahora lo comentará aquí y allá.- se enoja. -¿Ella fue una de las que te dijo que vuelvas? -No. Pero todas son iguales. -Te llevarías bien con mi mejor amiga- me río. – Bueno de todos modos que se jodan.- Me ufano entrando al estacionamiento. Bajamos, le entrego sus llaves y nos subimos al ascensor. Llega a su piso y sin pensarlo le beso la mejilla. Nos miramos y sin decir nada deja el ascensor. Yo miro al suelo. ¡Qué rayos hice! Le di un beso parecido a los que me da Nicole, fue un error de… área. Ojalá no piense cosas que no son.
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