Solo hizo una parada antes de dirigirse a casa de los Almonte. Escribió un mensaje a Salvador, indicándole que iba de camino. Llegó a su destino sin recibir respuesta. Dejó su bolso en la cocina y se preguntó dónde estaría. Miró la hora. Si no estaba en la piscina, debía estar “golpeando el saco” Nunca había visitado esa parte de la propiedad. Al fondo, luego de cruzar el patio, se encontraba lo que en algún momento pensó que era una bodega, pero era el único lugar donde él podía tener algo similar a un gimnasio. Al detenerse en la puerta pudo escuchar el golpe constante y una serie de bufidos. Abrió con sigilo y ahí estaba él. Solo vestía una pantaloneta. Estaba descalzo, el cabello recogido en una cola de la que habían escapado algunos mechones. Todo su cuerpo brillaba cubierto por

