Silvana le había pedido que le ayudara con algunas diligencias, así que se preparaba para salir de la casa, cuando sonó el timbre de la entrada principal. - Tengo una entrega para la señora Adriana Valdelomar – dijo el mensajero en el intercomunicador. Intrigada, lo dejó pasar. Era un paquete de mediano tamaño. El cuanto el mensajero se retiró y se aseguró que la reja estaba cerrada, lo abrió. Era el tercer libro de la serie que leía. Tan solo la noche anterior le había dicho a Salvador que no lo había conseguido y ahora estaba allí, en sus manos. “Gracias por el libro” escribió a Salvador. Sin embargo, no aguardó por la respuesta. Posiblemente demoraría. Dejó el libro en su habitación, tomó su bolso y salió de la casa. Las gestiones de Silvana le tomaron toda la mañana y una

