Caída al Abismo

1013 Palabras
¿Debería saltar? ¿Era eso lo que debía hacer para salvar su vida? La pregunta giraba en su cabeza como un eco ensordecedor. Pero, antes de que pudiera decidir qué hacer, un sonido grave y fuerte sacudió todo el coche. Algo se rompió. El coche hizo un giro brusco hacia un lado, y en un parpadeo, Lucía perdió el control completamente. El auto se deslizó hacia el borde, y en ese momento, todo pareció detenerse. Lucía pudo ver el vacío que se extendía ante ella, sintió cómo la gravedad la arrastraba, cómo el coche empezaba a volcarse hacia el precipicio. El tiempo parecía haberse detenido, y todo lo que podía hacer era gritar, sin saber si alguien la escucharía. El coche dejó de moverse. Lucía, con el cuerpo completamente tenso, respiró con dificultad, casi sin poder creer que aún seguía dentro del vehículo. La lluvia seguía cayendo sin cesar, y el aire estaba denso con la humedad y el pánico. La mitad del coche se colgaba peligrosamente del borde, con las llantas delanteras a punto de caer en el vacío. Solo había quedado un leve espacio entre ella y el abismo. Lucía intentó moverse, pero se sentía como si estuviera atrapada, sin fuerzas para hacer nada. Todo a su alrededor parecía estar desmoronándose, el auto, el puente, la lluvia, su mente. Lucía miró, aterrada, a través de su parabrisas. El mismo auto que la había estado persiguiendo estaba ahora parado frente a ella, con las luces altas iluminando su rostro y la carretera como si no hubiera otra salida. La sensación de estar atrapada, como un insecto en una telaraña, se intensificó con cada segundo que pasaba. El rugido del motor del coche frente a ella le hizo el corazón latir con más fuerza, y aunque el sonido se desvaneció por un momento, algo en su interior le decía que la pesadilla no había hecho más que comenzar. Con cada destello de las luces, Lucía podía ver las sombras del otro vehículo acercándose más y más, y una punzada de terror la recorrió de pies a cabeza. ¿Por qué seguía allí? Todo en ella le decía que debía escapar, que algo malo iba a pasar, pero el auto seguía empujándola hacia el borde. El miedo, el agotamiento y la confusión la estaban nublando. En ese preciso instante, el auto frente a ella aceleró bruscamente, el sonido del motor rugiendo como un monstruo que venía a devorarla. Y luego, la fuerza. El impacto no fue directo, pero la presión fue suficiente para que el coche de Lucía se deslizara aún más cerca del precipicio. El vehículo dio un tirón hacia adelante, y Lucía, como si estuviera atrapada en una pesadilla en la que no podía moverse, solo pudo ver cómo su destino se acercaba cada vez más. Los frenos, inútiles. El volante, incontrolable. Las llantas patinaban, luchando contra la fuerza del otro vehículo que no dejaba de empujarla. Lucía apretó los dientes con desesperación, sus manos aferradas al volante, pero la inercia del golpe y la fuerza con la que el auto la estaba empujando no dejaban espacio para nada más. Estaba condenada. La parte trasera del coche que la había estado presionando la empujó con tal brutalidad que Lucía perdió el equilibrio por completo. El auto comenzó a tambalear de un lado a otro, y todo parecía volverse borroso, el mundo a su alrededor se desvaneció en una mezcla de luces y sombras, de sonidos de motores y de lluvia, hasta que ya no pudo distinguir nada. Fue entonces cuando lo sintió. Un vacío total, un abismo que se abrió bajo ella. Un tirón violento, y el coche de Lucía se desenganchó del borde del puente, cayendo por el precipicio con una velocidad aterradora. El sonido del metal retumbando, el golpeteo de las llantas contra el asfalto mientras el coche caía y caía, se convirtió en el único eco en su mente. El tiempo se estiró y se comprimió en un instante. Lucía sentía como si estuviera flotando en el aire, suspendida en la nada, sin control, sin fuerza para luchar contra el destino que se abalanzaba sobre ella. La caída parecía interminable, cada segundo de su vida pasando ante sus ojos como una película de terror. En su mente, las imágenes se entrelazaban, recuerdos de su vida, de los momentos que había vivido, todo parecía girar, mientras el coche seguía cayendo hacia un destino incierto. El golpe final fue lo que la despertó. El sonido de la colisión al impactar contra el agua fue ensordecedor, como si el coche se hubiera desintegrado en mil pedazos. Lucía sintió un dolor intenso, un golpe que la dejó sin aliento. Las luces del auto se apagaron por completo, y el mundo se sumió en la oscuridad. Ella quedó inconsciente en ese instante, su cuerpo completamente inmovilizado, con el sonido de la lluvia y el crujido del metal como su único acompañante. En su mente, todo se detuvo. La caída, el impacto, el horror. Era todo demasiado tarde. El coche había caído al vacío, pero Lucía, con los ojos cerrados y su cuerpo destrozado, ya no podía sentir nada más. La hija del mafioso más poderoso, Lucía Carretti, encontró la muerte en la colisión. Nadie pudo haber anticipado el desenlace fatal de esa noche lluviosa. Su coche, destrozado y caído en el abismo, era solo un recordatorio de lo frágil que era la vida, incluso para alguien tan intocable como ella. Las sirenas de los bomberos y la policía llenaban el aire, pero en medio de la oscuridad y la tormenta, Lucía ya había dejado de respirar. El caos que se desataba a su alrededor no parecía importar a nadie más que al hombre misterioso que había estado tras el volante del coche que la había empujado al borde del precipicio. El hombre misterioso, de rostro serio y semblante impasible, se detuvo frente al coche destruido. Sus ojos miraron el agua que inundaba lentamente el lugar, las olas chocando contra las rocas cercanas, como si se burlaran del desastre que acababa de ocurrir.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR