Sus pensamientos regresaron a esa noche mágica. El que cambió todo entre ella y Alejandro. Alejandro se paró frente a ella. Mariana lo miró a los ojos. Siempre le había fascinado cómo brillaban bajo la luz de la luna. Qué penetrantemente oscuros eran cuando no había luz rodeándolos. La lujuria que yacía en la superficie. Lo que estaban haciendo estaba prohibido. Y lo había sido durante bastante tiempo. Pero ninguno de los dos podía resistirse más. La pasión ardiente que se había estado gestando entre ellos fue suficiente para explotar. Habían excedido los límites de lo que era apropiado y lo que no lo era. Eran combustibles. Alejandro levantó un poco la barbilla. Poco a poco acercando sus labios a los de ella. Cerró los ojos cuando la electricidad la atravesó mientras él pasaba los ded

