Arriba y abajo, hizo rebotar su cuerpo sobre el suyo. Cada vez hundiéndose más en ella. Mariana podía sentir que se estiraba a su alrededor mientras se ajustaba a su tamaño. Su cálido aliento acarició su piel mientras él sacaba de ella lo que ella sabía que eran muchos orgasmos. El primer temblor la sacudió un poco, causándole un ligero hormigueo en los dedos de los pies antes de llegar a la región pélvica. Luego, sin previo aviso, su cuerpo estalló sobre el de él. Empapándolo con su suculento néctar. Alejandro la bajó. Bajándola sobre la gran alfombra de pelo largo que estaba en el suelo. Podía ver que su tensión casi lo había llevado al borde de la locura. Inclinándose sobre ella, tomó sus senos, uno por uno, entre sus labios, chupándolos suavemente al principio antes de mordisquear e

