—Jimena se va a casar con Alejandro—, pensó que había oído. No estaba loco. Sabía que escuchó lo que escuchó. Si era así, entonces tenía mucho más de qué preocuparse. Necesitaba más información. Y la única persona que podía dárselo era su angustiada esposa. —Obviamente hay algo mal, del por que estás aquí arriba desmoronándote por el hecho de que Alejandro se va a casar con tu hermana. —¿Alguna vez te detuviste a pensar que tal vez me siento molesta porque ella me mintió?— Mariana le preguntó—. Ella es mi hermana, y lo sabes. —¿Te mintió sobre qué? Mariana tiró de la cadena del inodoro. Luego se puso de pie y abrió el fregadero, echándose agua en la cara para lavar el rímel corrido. Pero cuanto más la miraba, más podía ver que estaba escondiendo algo. Él arrugó los ojos mientras se c

