Traga saliva, y se remueve incómodo en la cama cuando no puede conciliar el sueño, cierra los ojos y tiene el cuerpo de la rubia sobre su pecho, acaricia su cintura sobre el buzo con delicadeza mientras que con la otra mano aprieta su cabeza pensativo. —siempre vas a ser mi princesita...— Ya no tiene más que indagar en su cerebro. Vela que sus pesadillas no la molesten por esta noche, siente todo su cuerpo temblar bajo su toque y le da temor y horror admitir que siente esa corriente cuando ella está cerca de él o cuándo simplemente sus pieles se rozan. Pero el horror que siente es porque teme gustarle esa sensación de tenerla siempre en sus brazos, sensación qué ninguna otra mujer le da, le gusta su cuerpo, su personalidad, su manera de enfrentarlo y por sobre todo su manera de mirando,

