—Mami… ¿Quién es? —preguntó mi hija, mirando a Ratja con curiosidad. —Ella… —la señaló—. No puede ser… Tiene que ser una broma, ¿verdad? —Princesita… —Belial se aproximó, cuando sus ojos fueron a parar en Ratja, quien no necesitó explicaciones, para entender lo que estaba ocurriendo—. ¿Qué haces aquí? —su pregunta fue directa y dura. —Esa niña… —la mirada de ella fue hacia mi hija y luego a la de él, solo para negar con la cabeza, mas cuando estaba por abrir la boca, Belial lo hizo antes. —Ten cuidado con lo que digas, hasta ahora he sido muy piadoso con quienes no lo merecen, y no querrás conocerme. —¡Eso no puede ser posible! —exclamó con total enojo, aunque parte de su expresión también era decepción. Mi niña dio un salto por el susto que se llevó, por lo que pensando en su bien,

