Reí y miré a Daila.—No no, solo me perdí en un tonto recuerdo.—Solté finalmente.
Rió y tomó mi mano. Haciendo que un escalofríos recorriera mi cuerpo y ante mi expresión, la soltó inmediatamente.—Solo no te vayas a perder del ahora por viajar en recuerdos del pasado.—Insistió.
Sonreí y entramos al local. Al rededor de 8 persona distribuidas entre mesas. Fuimos y pedí.—Buenos días chicas, tenemos solo sabores de galleta, oreo, chocolate clásico, vainillas, fresa y mantecado.—Nos dijo el chico de la barra.
—Galleta.—Respondió Daila antes de que lo preguntara.
—Dos de galleta, por favor.—Dije entregando el pago. Y así nos fuimos a una mesa de espera mientras Daila detallaba todo el sitio.
—Es un lindo lugar.—Dijo tomando una fotografía de una pareja que sonriente disfrutaba de una conversación y un par de malteadas.
—¿Sueles hacer eso?—Pregunté entre risas.—Digo, fotografiar.
Enfocó su celular hacia mi, y tapé mi rostro entre mis manos. Reí y el flash de una fotografía se hizo presente.—Me gusta capturar los momentos, así los veo cada que quiero, sin tener que perderme en los recuerdos.—Guardó su celular y rió.—Deberías intentarlo.
(...)
El tiempo pasó y me perdí en todo lo que era Daila, amable y gentil, por mucho era gran amiga y se notaba a simple vista. Hablábamos sin parar y sin miedo, como hubiese estado allí siempre y como si conociera todo de mi. Reímos sin parar, hasta sentir que la barriga iba a estallar. La hora de fue más rápido de lo que pensamos y en cuestión de horas, teníamos que regresar.
Llegué a casa y no estaban mis padres, tenía la cena lista, por lo que entendía que no volverían temprano. Subí a mi habitación en busca de una respuesta de Alan, pero no había.
Sin mensajes recibidos, sin repuesta. Cerré la laptop y me dispuse a desvestirme, una vez más estábamos solo mi habitación, cuerpo desnudo y yo.
Cepillé mis dientes y até una cola en mi cabello. Bajé por un poco de agua y volví a subir.
Una notificación entrante.
Era Alan.
—Te vi salir hoy con mi hermana.—Solo decía eso.
Reí y tapé mi rostro con la almohada, Alan era por mucho un misterio y cada una de sus palabras las media con precaución. Se cuidaba de lo que decía, y por mucho, de lo que yo pensara.
—¡Hey, sí!—Respondí finalmente. Esperando una respuesta inmediata que no llegó.
Una vez más había quedado como una tonta, esperando respuestas que no llegaban y seguía siendo un misterio sin resolver.
Busqué por curiosidad, el perfil de Daila.
[No se encontró ninguna persona que coincida con ésta búsqueda]
Una vez más busqué, amigos en común de Alan, buscando un perfil que fuese de Daila, pero era inexistente.
Daila Davis no existía en redes y era algo confuso de entender. No había alguien en ésta ciudad que no tuviese un perfil o algún registro que indicara lo que le gustaba, lo que hacía o dónde perdía la mayor parte del tiempo.
—Quizás solo no le gusta.—Pensé en voz alta.
—¿Estás hablando sola, Kora?—Me interrumpió mi padre. Tomándome de sorpresa y haciendo que aquel vaso de agua que minutos antes había buscado, cayera al suelo.
—¡Mierda!—Grité del susto.—¡Me asustas!
—¡Lo siento!—Gritó mi padre marchandose de mi habitación luego de ver el desastre que había ocasionado.
—¡Al menos ayúdame a limpiar!—Grité acusadora. Pero no hubo respuesta. Había huido del caos.
Me puse de pie y levanté el vaso, buscando una toalla para limpiar con cuidado y no caer en el intento.
Otro mensaje entrante.
Alan Davis.
—Quisiera conocerte un poco, Kora Harrison.—Decía aquel mensaje. Haciendo que mi cuerpo tuviese un escalofríos y tapara mi rostro con una almohada. Ahogando un grito en él.
Reí y respondí una vez más.—Quisiera conocerte un poco más, Alan Davis.
Un durante un par de minutos más me quedé quedé esperando una respuesta que nunca llegó. Seguía siendo un misterio lo que Alan Davis quería decirme o al menos, lo que quería hacer.
Seguí limpiando el desastre que yo misma había ocasionado, pensando en el gran día que había tenido con Daila. Sin ser arreglado con tiempo o al menos deseado.
Y vino a mi mente Liv, ¿estaba bien? ¿Tendría el valor de ver qué benjamín no es el hombre correcto? ¿La había metido en problemas?
Me puse de pie y vi por la ventana, una vez más estaba Daila en el mismo sitio que la había encontrado en la mañana.
Abrí sin más.—¡Daila!—Grité con fuerza. Y en aquel intento y el agua dispersa del suelo, mis pies fallaron y caí al suelo.
Un golpe fuerte y mi cuerpo contra la madera fría de mi habitación.
—¡Kora!—Gritó Daila con fuerza desde el patio principal de mis casa.
—Auch.—Dije sobando mis piernas. Y tomando en cuenta que probablemente estaba preocupada, grité.—¡Estoy bien Daila!—Pero no hubo respuesta inmediata.
—¿Lo prometes?—Dijo la voz de Daila tras mi cuerpo, asustandome por completo y haciéndome gritar una vez más.
—¿¡Cómo demonios estás aquí!?—Grité asustada.
Se agachó a mi cuerpo, pasando sus manos sobre mis brazos y levantándome del suelo lleno de agua.
—Cuidado caes tu también.—Avisé.
—Tú eres más torpe que yo, no caeremos las dos al mismo tiempo.—Y en ese mismo instante, resbaló y una vez más, había caído al suelo. Ahora en compañía de Daila.—Creo que me anticipé a los hechos.—Y ambas estallamos de risa en el suelo. Mi cuerpo sobre el de Daila y ropa mojada.
Reímos hasta que la panza doliera y solo pude decir.—Gracias.
—¿Gracias? ¿por qué?—Preguntó confundida.
—Hace mucho tiempo que no reía tanto en un mismo día.—Y hubo silencio.