Una vez más reí ante el pensamiento de que los Davis eran misteriosos. Toqué una, dos y tres veces su puerta y no había respuesta.
Una mano se posó sobre mi hombro tomándome de sorpresa y haciéndome gritar del susto.
—Lo siento.—Respondió entre risas Daila.—No era mi intención asustarte.
Reí y coloqué mi mano sobre mi pecho que subía y bajaba con fuerza.—Son misteriosos.—Dijo entre risas.—Pensé que habías huido de mi.—Respondí sin más.
—Estuve por hacerlo.—Respondió pasando su cabello tras la oreja.—Pero eres la única chica que conozco por aquí. Una malteada no caerá mal.—Soltó sin más.
Caminamos en silencio mientras admirábamos el camino. Era cierto, ella conocería a alguien, pero yo estaba liberando mi mente y tratando de olvidarme de Liv. El amor más fugaz e intenso que había logrado tener en toda mi vida.
Y pensaba en qué estaba haciendo o si al menos Benjamín cumplía todo lo que ella quería y merecía.
Me bastó probablemente solo 5 minutos de mi tiempo describir el tipo de hombre que él era y lo dominada que estaba Liv. Apagaba toda su esencia y pasaba de ser la brillante Liv, a ser dominada y opacada por él.
Probablemente le tenía miedo, probablemente me había equivocado. Pero pensaba una y mil veces en las palabras de la rubia, había tenido razón en todas de ellas. No alteraría la paz de su salón y no me metería en algo que terminaría mal.
Suspiré hondo y vino a mi, un recuerdo nada agradable que había ocultado todo éste tiempo.
Stacy había estado conmigo probablemente toda mi vida, desde que tenía uso de razón había sido mi compañera, amiga y hermana, ambas éramos muy opuestas en todos los sentidos y quizás eso nos mantenía unida, chocolate y vainilla, una combinación opuesta y perfecta en sí.
Un día tomé el valor de hablar con ella, tenía un nudo en la garganta y otro en la vida. De esos días dónde no puedes contigo mismo y crees que es el final de todo.
FLASHBACK
La miré reír y jugar con su ropa, tendríamos una pijama de rutina, aquella dónde veíamos un maratón de Netflix y luego nos íbamos a la cama juntas. Nada sentimental u amoroso, solo dos amigas que disfrutaban estar juntas y contar sus secretos.
Pensé que era el momento correcto para contar mi mayor secreto y fue la peor decisión que había tomado.
Suspiré y elevé mi pecho.—Stacy...—Llamé su atención, dejando su celular sobre la cama y mirándome confundida.
—¿Qué sucede?—Preguntó confundida.
—Quiero decirte algo y espero que no sea una mala decisión.—Solté nerviosa.
—¿Qué te sucede?—Repitió entre risas y confundida.
—Me gusta alguien, me gusta muchísimo.—Dije pensando en una chica que había conocido.
Llevaba mucho tiempo pensando que había nacido en el cuerpo equivocado y me atormentaba en el hecho de no vivir normal como mis amigas, enamoradas una y otra vez de chicos. ¿Por qué yo tenía que ser diferente?
Sufría el hecho de no conocerme yo misma y el hecho de sentirme perdida.
Veía chicas en Internet y no podía evitar que mi mirada se fuese, que mi pulso se acelerara o evitar el hecho de querer besarlas, tocarlas, sentirlas.
—¡Cuéntame más!—Gritó emocionada Stacy.
—Es increíble, le conozco hace no mucho de unas semanas. Es dulce, divertido y sin temor de gritar día tras día quien es. Sonriente y positivo ante todo...—Seguí. Stacy asombrada ante mis palabras, gritaba de emoción.
—¡Muero por conocerlo!—Dijo emocionada. Una emoción que duraría poco luego de terminar aquella conversación.
—Pero Stacy... Hay algo más. Mírame.—Dije tomando sus manos con delicadeza y teniéndola entre las mías.—Se llama Lya.—Solté sin más.
—Que nombre más extraño para un homb...—Me miró con asombro y soltó sus manos de las mías.—No... Kora no...—Dijo finalmente, alejándose de mi.
Me quebré en mil pedazos y sabía que lo había arruinado. —No tiene nada de malo, Stacy...—Susurré.
—¿¡No tiene nada de malo Kora!? ¡Te gusta una mujer! ¡Nosotras somos mujeres, nos enamoramos de hombres!—Decía entre gritos, alejándose más y más de mi.
—Stacy... Yo...—Intenté decir, pero mi voz se quebraba más y más.
—¿Te gustan las mujeres, Kora? ¿Eso es lo que eres?—Se levantó de la cama y se alejó aún más de mi.—Yo soy mujer, Kora. Duermo contigo, me cambio ante ti, ¡He estado desnuda!—Gritó molesta.
—¡Pero yo nunca te he visto con otros ojos! ¡Entiéndelo! ¡Jamás te haría algo así!—Lloré en frustración.
Ella no entendía nada de lo que yo decía y solo lanzaba palabras hirientes al aire.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? ¡Jamás hubiese desnuda ante ti!—Gritó.
—¡Es que yo tampoco lo sabía! ¡Yo no pedí ser así, yo no pedí estar confundida! ¿Crees que yo desee ser así? ¡Yo no lo pedí!—Grité entre llantos.
—¡Me das asco!—Gritó finalmente hasta salir de la habitación.
Caí al suelo destruída y aferrada a una almohada, a la cual grité con fuerza y lloré aún más.
Stacy era lo más cercano que tenía a un hermano y no quería perderla por el simple hecho de confesar lo que estaba viviendo.
Me sentía miserable, me odiaba, me repugnaba. Quería salir de mi cuerpo y ser alguien más. Quería no tener ese sentimiento en mi. Quería huir.
Una vez más, y por primera vez, quería dejar de ser Kora Harrison.
Seguia sin tener respuestas y seguía sin saber quién era. Llena de preguntas, llena de miedos.
Quería ser una mujer más, una mujer que se enamorara de un tonto que rompería su corazón en mil pedazos una y otra vez, quería enamorarme perdidamente de un hombre, ¡pero no lo logrababa! ¿Qué estaba mal en mi?
¿Por qué justo yo tenía que ser así? —¡Diferente!— Gritaba mi mente una y otra vez.
FIN FLASHBACK.
—¡Hey!—Gritó Daila sacándome de aquel recuerdo.—Ya casi llegamos. ¿O te quieres ir? No has dicho nada en todo el camino.