Capítulo ocho

955 Palabras
NARRACIÓN EXTERNA La vi pasar el cabello tras su oreja, la vi reír y estar distraída. Conocía todo de ella, sabía lo que hacía y cómo lo hacía, me había tomado probablemente solo un día estudiar todo lo que ella era y hacía. Al menos una vez en el día sabía que caminaba hacia su ventana y miraba el panorama, confundida y buscando algo diferente, algo nuevo. Sabía que ella era más, sabía que no le gustaba la monotonía ni las reglas, ella era diferente, libre, volátil. Pero tenía algo más que no dejaba de liberarse por completo. Su risa era única, al igual que la comisura de sus labios, su cabello viajando con la brisa y sus nervios por el día. La observaba de lejos y probablemente nunca lo había notado. Quizás me había visto y se hacía de vista gorda. Pero de algún modo lograría que me mirara, pero que lo hiciera de una manera única y llena de amor como probablemente yo lo estaba haciendo con ella. Quería más y más, conocerla y tener infinitas conversaciones. NARRA KORA HARRISON Miré una vez más su cuerpo ante mi y reí, era misterioso y confuso. Hablaba con él varias veces por mensajes sin sentido, pero pasaba de mi cada vez que lo cruzaba en el instituto. Una sonrisa básica y se marchaba, era fugaz, solo por un instante logrababa mantener su mirada. ¿Qué ocultaba Alan? ¿Por qué pasaba de mi? Quería tener el valor de acercarme y decirle, —Hey, salgamos.—Pensé, riendo. Tuve una vez más su mirada penetrante ante la mía, sonrió una vez más y se perdió en el largo pasillo del instituto. Pero era cobarde, mis manos temblaban incluso tras la pantalla, imaginaba tenerlo ante mi y sabía que las palabras no saldrían. Stacy me miró y tomó mi mano con fuerza.—¿Era él?—Preguntó confundida. Asentí y reí.—¿Por qué no le hablas?—Me preguntaba. —Creo que no tengo el valor.—Susurré. Stacy se puso frente a mi y rió.—¿Kora Harrison no tiene valentía?—Tomó mi hombro y susurró.—Tienes más valentía que todos los que están aquí ahora. Sonrió y siguió su camino. Miré a todos lados y me topé con la mirada penetrante de Daila, que por mucho, me asustó. —¡Daila!—Grité de la impresión al verla.—Debiste venir con nosotros.—Dije finalmente. No hubo respuesta. Me observó un par de minutos más y confesó.—¿Stacy es tu amiga?—Preguntó desafiante. —Stacy es mi mejor amiga.—Repetí. —¿Y puedes tener más amigas? ¿Yo puedo ser tu amiga? Reí y choqué su hombro.—Pensé que ya éramos amigas, de hecho, grandes amigas. (...) La mañana siguió, cálida y tranquila, pocas conversaciones y miradas vagas. Volví a casa con Stacy, y una vez más insistí a Daila si quería volver con nosotras, su respuesta fue la misma. Prefería caminar sola a casa. Respetaba su decisión aunque no tuviese sentido para mí. Dejé los zapatos en la entrada llenos de tierra, mamá me mataría si llenara la casa de lo que traían mis zapatos. Fui por un poco de agua y había encontrado una barra enérgica de mora, mis favoritas. Corrí pasos arriba, silencio y más silencio, una vez más, solo éramos la casa y yo. Quité mi ropa, mirando mi cuerpo desnudo ante el espejo, riendo y deslizando ropa suave sobre mi. Me lancé a la cama, tomando la laptop y posicionandola sobre mi. Sin notificaciones, sin respuesta de Alan. Y recordé las palabras de Stacy,—¿Kora Harrison no tenía valentía? Reí y tecleé con cuidado y nerviosismo.—¡Hey, hola! Tengo una propuesta para ti.—Suspiré y presioné enviar. No hubo una respuesta inmediata, y estaba perdiendo las esperanzas. Alan no era el hombre que estaría en mi vida y lo estaba entendiendo de algún modo. Notificación entrante. Grité y tomé la laptop una vez más, mirando la pantalla y viendo que aquella notificación venía de Alan. Había respondido mi vecino misterioso. —¡Hola! Háblame un poco más sobre eso. —Respondió secamente. Me puse de pie y miré por la ventana, ya no estaba Daila. Reí y me fui a la cama de nuevo.—Quería saber si un día de éstos podríamos salir, solo unas malteadas o una caminata corta... ¿No queríamos conocernos un poco más?—Tomé aire y reí nerviosa, espero que Stacy no se equivoque. Y presioné el botón, enviado. Cerré la pantalla de la laptop y me puse de pie una vez más. No quería ver la respuesta, tenía miedo, mis piernas temblaban y mis manos sudaban. ¿Qué me estaba sucediendo con Alan Davis? ¿Me estaba enamorado de un hombre? ¿Sería capaz de resolver el misterio que traía Alan a mi? La puerta de mi cuarto fue abierta de manera brusca, dejándome ver a mi padre, quien observaba cada rincón de mi habitación determinadamente. —¿Qué hacías?—Preguntó acusador. —Nada...—Respondí extrañada. —Oí ruidos extraños.—Dijo asomándose bajo la cama. Y me hizo estallar entre risas.—Solo era yo. —Espero no estés metiendo chicos escondidos en tu habitación jovencita. Lo miré confundida e inevitablemente estallé de la risa. —Papá no tengo ni siquiera un novio.—Dije tomando mi barriga que dolía de tanto reír. Se marchó y cerró la puerta con fuerza, y una vez más, una notificación. Corrí a la cama, lanzándome sobre ella y tomando la laptop desesperadamente. Notificación de Alan Harrison. —¿Me estás pidiendo una cita, Kora Harrison?
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