Capítulo diez

1129 Palabras
NARRA ALAN DAVIS Había cuidado de mi hermana la mayor parte de mi vida, más de lo que debía. Un día solo decidí enfocarme en mis propios asuntos y que ella descubriera lo que era la vida, a través de sus propios ojos. Me había alejado mucho y por suficiente tiempo que no estuve cuando Daila se sentía tan confundida y descubrió finalmente que le gustaban las chicas. Había fallado cuando decidió llorar en silencio y sola, mientras yo estaba de éste lado sin saber nada. La había abandonado y la había dejado sola. Daila había sido explosiva la mayor parte de su vida, intentaba guiar sus pasos y traer más tranquilidad a su vida. Era volátil y decisiva, nadie podía cambiar sus pensamientos o ideales, su opinión no tenía porqué cambiar. Había caído tan bajo y tuvo tanto miedo de ser ella misma que no solo alteró un poco lo que era, no hablando de gustos, físico, pasatiempos; había ido más allá, se robaba mi identidad y fingía ser yo, Alan Davis. Estaba perplejo ante todo aquello que decía; mi pequeña hermana más allá de confesar sentir atracción por las chicas, estaba pasando a fingir ser alguien que no era. Fue entonces que muchas cosas comenzaron a tener sentido para mí. Kora sonreía cada mañana y cada instante que me veía, intentaba acercarse a hablar y finalmente no lo hacía. Era un hombre que había interpretado ésto de otro modo, Kora se me estaba insinuando cuando yo no estaba haciendo realmente nada. Ella era linda e inteligente, lo notaba en clases. Al igual que muchas veces sentía su penetrante mirada siguiendo mis pasos. Tenía sentido, creía que aquellas conversaciones y aquellas palabras provenían de mi. —¿No sabes la gravedad? ¡Kora me sonríe todas las mañanas! ¿Qué hubiese hecho si un día solo se acercaba y decía algo de sus conversaciones?—Tomó aire, subiendo su pecho y finalmente sentándose a mi lado una vez más. —Quiere salir contigo.—Finalizó. —¿¡Quiere salir conmigo!? ¡Daila! ¡Debes acabar con esto ahora mismo! ¿Qué harás?—Pregunté exasperado. —Pensé en algo más. —¿Algo más, Daila? ¿Algo más?—Pregunté llevando mis codos a mis rodillas, tomando mi rostro entre manos.—Que desastre ocasionaste ahora. —Acepta la cita y ve con ella. —¿¡Enloqueciste Daila!? ¿¡Tu solución a una mentira es mentir otra vez!?—Pregunté frustrado.—Ni siquiera la conozco, no sé nada de ella y cree que la conozco más que a nadie. —Pero yo sí conozco todo de ella. Solo necesito tiempo para buscar el modo de decirle la verdad sin perderla en el camino...—Suspiró.—Me gusta muchísimo, Alan. —¿Crees que te irá bien mintiendole? ¡Le harás daño! ¡Se está enamorando de un Alan que no existe! —Sí existe. Eres tú.—Dijo finalmente. —¡Pero se enamoró de ti! ¡De tus palabras y de sus conversaciones! ¡A mí no me conoce!—Respondí molesto, poniéndome de pie y caminando de un lado a otro.—Esto terminará muy mal Daila. ¿Y si nota que no soy el Alan con el que estuvo hablando? ¡Se dará cuenta! ¡Yo no sé cómo hablas tú! ¡No sé que le dijiste! —¡Claro que sabes! ¡Soy igual a ti! ¡Crecí a tu lado, solo soy tú en un estúpido cuerpo de mujer!—Gritó poniéndose de pie y siguiendo mis pasos. Y una vez más se sentó, cubriendo su rostro entre manos y dejando caer lágrimas sin parar. —Te envidio, ¿lo sabes? ¡No estás atrapado en el cuerpo equivocado! ¡Tienes chicas sin ser culpado! No sabes cuánto he luchado contra mi misma, por el simple hecho de ser quien soy. ¡Yo no pedí nacer así! ¿Que hice mal entonces? Me arrodillé ante ella y la envolví entre mis brazos. Me sentía culpable de haber abandonado a Daila en la etapa más difícil de su vida. —No es tu culpa Daila, y no está mal sentir atracción por personas de tu mismo sexo. Nada de eso está mal, no tienes que sentirte culpable de amar a Kora, pero no puedo aplaudirte el hecho de mentir. ¡Te hiciste pasar por mi, Daila! ¡Maldición soy tu hermano!—Dije alejándome de ella. Sabía que las palabras herían. Y su celular sonó, llamando nuestra atención. Miró la pantalla y lloró aún más.—Es ella...—Susurró. —¿Qué dice?—Acercándome a ella. No recibí respuesta y tomé el celular entre sus manos.—¡Oye!—Dijo molesta. —Se supone que está hablando conmigo, ¿no? Al menos merezco saber qué demonios dice. Notificación de Kora Harrison. —¿Aceptas? ¿Es una cita? Conversación anterior.— —¿Me estás pidiendo una cita, Kora Harrison? Suspiré.—Esto es un desastre, Daila. Me miró, quitando el celular de mis manos y preguntando finalmente lo que sería el inicio de una época significativa para ambos, algo que quisiéramos o no, traería más consecuencias de lo que creíamos. —¿Lo harás? Te prometo que re daré toda la información, y ella jamás se dará cuenta que no eres yo.—Soltó sin más. —¡Obvio que no se dará cuenta! ¡Estuvo viendo mi cara todo éste tiempo y sonriendo siempre que me veía! Sabe que Alan Davis existe, pero no es el mismo Alan Davis con el que ella habla y con el que se ha enamorado. Detrás de ese Alan Davis solo estás tú. ¡Maldición Daila! ¿Qué hiciste?—Pregunté frustrado. —¡Lo siento! ¿Si? Solo dime qué lo harás. No te verás afectado. Te lo juro.—Susurró. Suspiré, llenando mis pulmones de aire y finalmente aceptando.—Está bien, lo haré.—Solté sin más. Daila comenzó a brincar y me envolvió entre sus brazos.—¡Gracias! ¡Gracias!—Repetió una y otra vez. —Puede terminar muy mal, Daila. Solo te estoy ganando tiempo, pero debes solucionar ésto. Solo lo haré porque quiero salvarte el pellejo una vez más y porque Kora es lindísima, no lo niego.—Y recibí un golpe en mi hombro, lo que hizo que estallara de la risa.—Ya sé que es tu chica, tranquila. Pero te recuerdo que gracias a tu estúpida mentira, está enamorada de Alan Davis y no de Daila Davis. Tu mayor error fue mentir, pudiste haberla enamorado siendo solo tú. Y la envolví entre mis brazos. Estúpida Daila. (...) Capitulo doble el día de hoy! Gracias por sus comentarios
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR