Capítulo dos

1263 Palabras
La vi una vez y sonreí, moviendo sus caderas al ritmo de la música y sonriendo alegre. Invitando a todos a bailar, era tan alegre que cualquier momento aburrido con ella, se volvía lleno de risas y travesuras. —¡Ven! ¡Ya debes bailar!—Dijo animadamente, brincando por cada rincón del salón y sonriendo hasta no más poder. —Yo...no creo que aún esté preparada.—Dejé salir. Se puso a mi altura y me hizo levantar. —Lo haremos juntas, sí podrás.—Tomó una de mis manos y las guío, pasando su brazo por mi espalda y pegándome a su cuerpo. Escalofríos y mariposas presentes. Estaba más nerviosa que nunca, sintiendo las emociones flotar y el mundo detenerse. Me acercó tanto a ella que su respiración chocaba sobre mi cuello, mis labios anhelando los suyos. Tan cerca, pero tan cerca. Y la besé. —¿¡Qué te pasa!?—Gritó molesta. Y finalmente desperté. Un ruido no dejaba de sonar y sonar, haciendo que aquel sueño quedara congelado y sin un final. No dejaba de soñar con ella desde que la había conocido, volviéndose parte de mi presente y anhelaba un futuro. Ella era fuerte, valiente y tan tenaz, que me sacaba de mi burbuja con solo sonreír. Cualquier cosa que me pudiese hacer, lo haría sin titubear. Me levanté con el sol de la mañana, fui al baño y cepille mis dientes, contemplando mi aspecto ante el espejo. Ojeras marcadas, cabello desordenada y ojos pequeños. Fui por mi ropa y segundos más tarde estaba lista. Jeans rasgados azules, camiseta blanca básica y tenis. Estaba lista para enfrentar un día más de clases; dónde por mucho, no vería a Liv. Tomé mi mochila y corrí pasos abajo. Mi madre y mi padre estaban allí sonrientes.—Buenos días, hija.—Dijeron en un coro perfecto. Ambos yendo en pijama y mi padre sosteniendo una taza de café en su mano izquierda, besó mi frente y lanzó una manzana a mis manos. —¿Quieres que te prepare algo?—Preguntó mamá. —Suficiente con la manzana que lanzó papá.—Dije entre risas antes de morder aquella fresca manzana. Estaba por irme cuando recordé aquel ruido.—¿Ese ruido de dónde venía?—Pregunté curiosa. —Creo que tenemos vecinos nuevos. O al menos, alguien está remodelando su casa. Lamento que no hayas podido dormir bien.—Decía mi padre. —Solo me despertaron de un gran sueño.—Sin más, tomé otro bocado de la manzana y salí del sitio. Caminando en silencio hasta la salida y yéndome del lugar. Allí estaba Stacy Adams, mi mejor amiga. Esperándome en su lujoso automóvil, llevando su cabello largo pelinegro suelto, y una gafas probablemente más grandes que su rostro. Algo que me hizo reír ante aquel pensamiento. Subí y besé su mejilla. Por acto quitó sus gafas y me observó. Ojos hinchados y rojos. —Mierda Stacy... ¿Pero qué te ha pasado?—Pregunto con asombro. —Noche larga, volví a pelear con Tyler, creo terminaremos.—Soltó sin más, encendiendo el automóvil para ya marcharnos. —Stacy, han terminado más de 10 veces. ¿Y dices que crees que van a terminar?—Reí.—No creo que ninguno tenga la valentía de dejar al otro.—Finalicé burlona. Se colocó sus lentes y condujo. Silencio y más silencio. Algo llamó mi atención. Un chico alto, piel morena y pelinegro. Fuerte y robusto. Era probablemente mi nuevo vecino o visita a alguno de ellos, pero por mucho, era muy pero muy apuesto. Sintió mi mirada y la mantuvo firme, formando una sonrisa de lado que me puso nerviosa y no supe devolver. Enfoqué mi mirada una vez en la carretera y me asombré al ver una chica cruzar la carretera y Stacy sin detenerse.—¡No!—Grité moviendo el volante drásticamente y desviando el automóvil de aquella chica.—¡Stacy casi atropellamos a esa chica!—Grité asustada, mi pecho subiendo y bajando sin parar. —Yo... Yo no la vi.—Soltó sin más, despegando las manos del volante y respirando hondo. Quité mi cinturón y salí del automóvil, buscando a aquella chica que segundos antes estuvo por ser atropellada por nosotros, pero ya no estaba. Calmé a Stacy e indiqué que era tarde, no tendríamos tiempo de llegar a clases. Condujo rápido y en silencio. —Por poco la atropellamos, Stacy.—Dije bajando del automóvil y cerrando con fuerza. —Pero no lo hicimos.—Reprochó ya cansada Stacy. —¡Pero por poco!—Insistí preocupada.—¿Dónde tienes la cabeza Stacy? —Ugh, es muy temprano para tus regaños.—Giró su mano en forma de silencio y siguió el camino.—Aparte, ¿quién era esa chica? ¡Salió de la nada, jamás la había visto! Resople y caminé tras ella. Stacy estaba siendo afectada en todos los niveles que tenía gracias a Tyler. La relación tóxica que había llegado un año antes; fingiendo ser el hombre perfecto y probablemente la relación que más éxito tendría para ella. Pero nada funcionó. Comenzó revisando su teléfono, siguió cambiando su forma de vestir y actuar, ya luego le prohibió salidas, la alejó de sus amigas y al punto de tratarla de la mierda. Pero yo no podía interferir, ya lo había hecho, y había terminado muy mal. No quería perder a Stacy pero también el hecho de verla así, era agotador. Sabía que ella merecía más, era valiente y muy inteligente. Probablemente las mejores clasificaciones las tenía ella, sin esfuerzo, sin desvelos; naturalmente inteligente. La admiraba muchísimo desde que la había conocido, y siempre había sido mi mejor amiga y más allá de eso, una hermana. Y solo un acto tan lleno de adrenalina como casi atropellar a una persona, fue lo que me había alejado del pensamiento de Liv. Moría por volver a verla bailar, reír o jugar. Quizás sentía mi mirada penetrante a la distancia, pero jamás vería otra cosa que no fuese ella, le tomó solo un día, solo un instante, volverse mi mayor debilidad. Y así seguí el día, sin dejar de pensar en ella y en aquel misterioso chico que anhelaba se volviera mi vecino. Estaba teniendo probablemente hormonas revueltas que me hacían ver amor donde no lo había y deseo dónde no habían ganas. Pero solo quería que el día acabara y poder volver a verla, al menos un instante más y perderme en su cálida voz que traía mariposas a mi estómago y calma a mi tormenta. Y ni siquiera había pensado en el desastre que era bailando, dos pies izquierdos que jamás coordinaban y que no tenían ritmo con el sonido. Sería un reto absurdo que me podrían con el simple hecho de conocerla más. Miedo a salir herida, miedo de todo. Porque no tenía respuestas, ni siquiera entendía ese sentimiento que sentía en mi pecho. Esa necesidad de tenerla cerca y ese afán de besarla. Un sentimiento que se volvía inexplicable y por mucho, aterrador. Liv era el inicio de una etapa de confusión, dónde no sabría quien era o quién querría de todos. ¿Me gustaban las chicas? ¿Me gustaban los chicos? ¿O simplemente me gustaba la personalidad de Liv? ¿Quién soy? ¿Qué quiero? Pensé al verme en vuelta entre el dilema que había sido enamorarme de una chica que sabía que jamás me correspondía su amor, así como había sido atrapada mi atención de momento al ver aquel chico moreno de sonrisa linda.
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