Respiré hondo una vez más y dirigí mi mirada hacia la puerta del aula, aquel mismo joven de la mañana estaba haciendo presencia. Cara de confusión y sonrisa de lado.
—Buenos días, estoy buscando el aula de química. Soy nuevo en la ciudad.—Dejó salir.—Todos enfocaron la mirada en él, era apuesto, alto y dejaba ver una imágen tranquila y despreocupada.
—Sí, es aquí. Adelante.—Recibió por respuesta. Caminó en silencio y se sentó un lugar adelante de mi lugar.
Miré su cuerpo, cabello suave y piel morena, llamativa y tranquila. Escribía todo en su cuaderno desesperadamente, al igual que movía su pierna en acto de nerviosismo.
La clase continúo y no dejaba de observar aquel desconocido que robó mi atención a primera hora cuando estuvimos por atropellar a otra desconocida.
¿Reconocía que habíamos sido nosotras las causantes de aquel casi trágico accidente?
La clase llegó a su final y tomamos cada uno su camino, no lo volví a ver el resto del día, seguía siendo un misterio y un rostro sin nombre.
Lo más emocionante que tendría para el día, sería volver a Liv. La jóven y apuesta Liv que la igual que el rostro sin nombre, se había robado mi atención en cuestión de segundos.
—¿Te llevo a casa?—Preguntó Stacy llegando a mi lado, colocando nuevamente sus grandes gafas y tomando lo que parecía ser un poco de café.
—...Eh no, iré a otro sitio.—Respondí nerviosa. Lo que menos quería era que Stacy supiese sobre las clases de baile y lo tomara a forma de burla, la igual que yo, sabía perfectamente que tenía dos pies izquierdos y poca cordinación al ritmo de la música.
—Si... Saldré con mi madre, ya viene por mi.—Respondí muy corto y preciso. Tratando de que aquel nerviosismo no fuese evidente y que mi mentira no fuese notoria.
Me miró confundida, quitó sus gafas y me observó detenidamente.—Sé que me mientes Kora Harrison, pero lo dejaré pasar. Espero que luego me digas la verdad, hasta luego.—Finalizó tomando otro trago de café y encendiendo su automóvil, perdiéndose en la infinita carretera.
Saqué un suéter de mi bolso y me dispuse a ponermelo, capucha arriba y música en mis audífonos. No había mucha diferencia de distancia entre el instituto y el centro comercial donde vería baile, así que era mejor opción ir caminando por las tardes, que decirle a mi madre que me había inscrito en clases de baile.
Una cuadra, dos cuadras. Y aquel hombre sin nombre, volvía una vez más. Silencioso caminaba del otro lado de la carretera, sin hacer contacto visual y por mucho, sin tomarme en cuenta.
Decidí hacer como si el no estaba allí, y llegar rápido a mi destino. Una vez dentro, guardé mi suéter y caminé rápidamente al salón de baile.
Me encontré con la rubia, dueña del local.—Hey, hola Kora.—Dijo animadamente.—Llegaste algo temprano hoy.—Dijo abriendo las puertas del sitio.
—Sí... Salí antes de clases y solo caminé hacia acá.—Respondí rápidamente.
—No te conozco mucho, ni siquiera un poco pero tomaré el atrevimiento de decirte ésto, porque conozco a Liv desde hace mucho tiempo y porque no soy ciega como para no darme cuenta de las cosas...—Dijo acusadoramente.
—No, yo... creo que está confundida.
—No he terminado de hablar, pero lo que decía Kora es que Liv es una mujer adulta, enfocada en sus cosas y en su pareja...—Y ahí supe que había algo más que se atravesaba en ese amor imposible, tenía novio.—Su esposo Benjamín es muy celoso y no querrás meterte en problemas. Sé cómo la miras y también se que tu decisión de inscribirte es por ella, noto como tú mirada se pierde en ella y no notas más nada de tu alrededor.—Suspiró.—Olvidate de que podrás tener algo con Liv. Ni con otra chica del salón, no quiero corazones rotos ni discusiones aquí. No alteraras la paz que hemos alcanzado todo éste tiempo.—Soltó sin más. Alejándose de mi antes de tener una respuesta para ella.
Caí en cuenta que todo lo que hacía era un grave error y que no tenía que mentir o alterar lo que era para tener la atención de una chica solo por un instante. Pero seguía allí, esperando que fuese algo con sentido, algo que valiera la pena, algo que me hiciera sentir viva.
Una vez más me puse mi suéter y me destiné a irme, olvidandome de aquella mentira y a su vez, olvidando a Liv.
Estaba por marcharme cuando oí su cálida voz entre gritos.—¿¡Kora!? ¿Te marchas?—Preguntó preocupada. Colocando su mano sobre mi hombro y una vez más ocasionando un escalofríos que recorría todo mi cuerpo.
¿Qué me estás haciendo Liv? No soy esto.—Pensé.
—Yo... yo.—Intenté decir.
—Kora, no te vayas. También me ha alegrado mucho que estés aquí.—Soltó sin más.
—Creo que esté no es mi sitio, Liv.—Dije bajando su mano de mi hombro. Sintiéndola tan cerca como lo había soñado y anhelando su cuerpo como jamás había deseado otro.
—¿Liv?—Preguntó una voz gruesa tras nosotras. Y por reflejo mismo y de manera drástica, Liv se había alejado de mi.
Un hombre fuerte y robusto se puso ante mi. Mirándome confundido y tomando drásticamente la mano de Liv. —Mi vida, me dejaste atrás y te viniste sin mi.—Dijo manteniendo su mirada fija ante mi.
—Lo siento...—Dejó salir Liv en un tono bajo y tembloroso. Inmediatamente entendí lo que había dicho la rubia del local. No solo me pondría en riesgo a mi, tenía miedo de lo que aquel hombre, supuse que era Benjamín, pudiese hacerle a Liv.
Dejaba de ser ella cuando él estaba, apagaba la cálida voz que tenía y aquella sonrisa alegre se esfumaba. Él se robaba por mucho, toda la esencia de lo que ella era.