Capítulo 5

1793 Palabras
Adam Davis 21 de diciembre, 2017 Son exactamente la seis con quince minutos de la mañana, mi madre se le ha ocurrido la fantástica idea de madrugar para comprar el pino que será el centro de atención en la fiesta de noche buena. Los Davis siempre hace una fiesta a lo grande el 24 de diciembre y este año no será la excepción, aun menos con mi presencia este año en la fría Londres. La tradición es comprar el árbol y decoraciones cuando faltan tres días para la fecha; mi madre dice que así se siente aún más el espíritu navideño, ya que al estar corriendo escoges lo que te parece más hermoso a la vista y más vivido. Pero creo que escoges lo primero que ves, sin pensar mucho si este es el mejor que hay o el más barato; porque hay que decirlo mamá nunca se fija en los precios al comprar. La tradición no está completa si no madrugas ese día a ir por el árbol y no hablo tipo seis de la mañana; si no a primera hora de la madrugada. Por eso en estos momentos estoy caminado por todo el terreno de pinos naturales, especiales para esta época en un pijama beis abrigadora; puedo apostar que parezco un oso caminado detrás de la pequeña rubia que es mi madre, la cual habla emocionadamente sobre todos los árboles que hemos visto. Dos horas caminado las amplias hileras con pinos los cuales para mi todos son iguales del mismo tono verde y llenos de nieve, mi hermosa madre aún no se decide por el mejor árbol que sus verdes ojos puedan ver. - ¿madre no crees que estas exagerando? –pregunto ya cansado de tanto caminar -Adam uno nunca exagera con las compras de noche buena-explica como si fuera lo más obvio del mundo y lo haya olvidado por pasar tanto tiempo fuera de casa-así que sigue caminando bebe, tenemos que conseguir el árbol perfecto -todos son iguales, madre-me quejo -mira allá Adam-señala un pino entre pinos-ese es unos centímetros más bajo, sus hojas son más densas y gruesas, pero su tronco es delgado-enumera todos los defectos del pobre pino; que hizo ese pino en su vida pasada para que le digan esas cosas, pobre pinito-en cambio-camina hacia un pino el cual le saca casi dos metros-este es grueso, alto pero sus hojas son pequeñas, pocas y feas. mi madre sigue viendo pinos y enumerando todos los defectos que le ve a los árboles, por otra hora más, divaga entre cual sería el pino perfecto para la sala donde se hará la fiesta; la cual tendrá muérdago en lugares estratégicos; ya sabes nunca puede faltar los besos salvajes debajo de unas hojas. - ¡señor quiero este! –grita mi madre señalando un pino enorme y grueso el encargado camina hacia nosotros con la cortadora electrónica-serian tanto-le dice a mi madre, está asiente contenta pasando la tarjeta de crédito por el datafono sin pedir alguna rebaja; el dinero llueve a mares en esta familia y aún más para estas cosas; me alegro de no ser el encargado de la contabilidad de la familia y compadezco a Gael por su arduo trabajo con los números. -vamos, aún tenemos varias paradas más-ordena mi madre caminando hacia la camioneta negra mate de último modelo, una hermosa xxx la cual fue su regalo de cumpleaños. - ¿en serio me vas hacer caminar todo el día con este pijama? –ella asiente arrancado la camioneta-Entonces vamos a comer algo, dentro de unos minutos habrá fotos mías en pijama por todo internet, al menos quiero tener la barriga llena cuando eso pase. - ¿Dónde vamos? -quiero un café bien cargado, en toda su potencia; podemos ir a una cafetería que este cerca de nuestra siguiente parada. Iriana, mi madre dicta la dirección al GPS, guiándose a la cafetería que está más cerca del nuevo centro comercial donde compraremos todas las variedades de luces y esfera que mi madre quiere probar en el árbol; el cual lo deben estar llevando a nuestra casa, mi padre va a tener un mini infarto cuando vea esa monstruosidad; este año la fiesta va hacer estilo minimalista, solo colores negros, dorados y blanco. el carro se detiene delante de una cafetería con estilo antiguo, caminamos hacia la cafetería, me fijo en que nadie me reconozca; no me gustaría comer con los paparazis tomándome fotos y coloquen a mi madre de mal humor, aun no aprende a lidiar con los flashes y la entiendo completamente, es algo que cansaría o estresaría a cualquier persona. mi madre hace los pedidos y esperan hasta que estén listo, trayéndome el mío para evitar llamar la atención. algo que no sirve de mucho, las personas cada que entran o salen me quedan mirando raro y susurran si tienen acompañantes, otros se dan cuentan que soy yo y hacen el intento de gritar, les sonrió y coloco un dedo sobre mis labios pidiéndole silencio ellos entienden y me quedan mirando fijamente todo el rato que están en la cafetería. -acá tienes bebé-agarro el café caliente dándole un largo trago, consigo quemarme la lengua y desaparecer algo del frio que tenía. Terminamos nuestro improvisado desayuno y salimos del café, apenas entro en la camioneta mi celular comienza a sonar como loco, lo saco dándome cuenta que ya hay fotos mías por todo el internet; mi representante me está mandando cinco audios de voz, no tengo que escucharlo para saber que me está gritando en ellos sobre las fotos; pero no es culpa mía, si no de mi hermosa madre que me arrastro con ella porque Allen no quería despertarse. -terminamos-dice mi madre cuando compra lo último en su lista. caminamos hacia la camioneta moviéndonos lo más rápido que podemos, evitando a la manada de periodista que viene del otro lado por donde estamos caminando, me coloco en el puesto del piloto. - ¡arranca! –grita mi madre. Piso el acelerador el carro se mueve violentamente saliendo del estacionamiento como si llevara un cohete en la parte de atrás, esquivo con maestría a las personas que se arremolinan a cada lado del estacionamiento evitando heridos en nuestra apresurada huida; sintiéndome como todo un piloto de fórmula uno hasta Lucas Giordano quedaría pálido ante mi forma de maniobrar; parece como si estuviéramos en la odisea huyendo del inframundo. -odio cuando pasa esto cada vez que salgo con tu hermano y contigo, no pueden tener una vida más normal-divaga mi madre bajándose del carro, dejándome todo el trabajo de bajar y guardar las compras. Coloco a sonar en la camioneta a todo volumen una canción de the hunther donde solo está cantando mi hermano; la canción tiene un ritmo lento y pegajoso, diferente al resto de las que eh escuchado de ellos, pero sigue siendo igual de buena que las demás; puedo decir que no es una de mis favoritas, pero acepte escuchar todas las canciones que han sacado hasta ahora. Ya que Allen me ha acusado de ser un mal hermano. - ¿Qué banda está sonando? -pregunte prestándole atención a la letra de la canción. los integrantes de the hunther me observan ofendidos y sorprendidos, como si hubiera preguntado el sacrilegio más grande del mundo; pero es la primera vez que escucho esta canción en mi vida, puede que la haya escuchado en otro lugar y no le habré prestado demasiada atención. - ¿estas jodiendo verdad? –me pregunta irónico el pelinegro de ojos como el carbón y blanco leche, el cual es el baterista de la banda; Owen creo que se llama. - ¡No! estás hablando en serio-chilla Allen cuando ve que estoy perdido buscando de quien será-eres mi hermano y no sabes que es una de nuestras canciones, me ofendes hermano. Bueno, no consumo mucha de su música, no puedo excusarme con él. -muy malo hermano-hablan Owen y Evan al mismo tiempo, negando como si hubiera hecho lo peor del mundo. Desde ese momento estoy escuchando más seguido su música, debo decir que me he perdido algo demasiado bueno en mi vida; the hunther toca diferentes géneros, sus voces se acoplan a la perfección en diferentes géneros algunos destacan más en otros; como Owen en el rock o metálica; pero mi canción favorita hasta el momento sigue siendo la de Callum; si mi canción favorita de la banda es la que escribió el pelirrojo raro; la enigmática mujer de ojos verdes que se quedó impregnada en su memoria a fuego vivo. -Adam-me llaman interrumpiendo mi tarareo del coro, era la mejor parte. -ahora no, Zoe-digo girándome encarando a la pelirroja-no tengo ganas para lidiar con tu jueguito en este momento, ahora es el momento menos indicado -pero eso no era lo que decías antes -lo sé-interrumpo su monologo-pero ahora no estamos en tu tablero de juego, si no en el mío, y tienes que esperar a que haga el siguiente movimiento-sonrió agarrando la última bolsa-porque si, el próximo movimiento es mío así que espera sentadita que te avise La cara de Zoe se tiñe de rojo, su expresión cambia completamente deja de lado su seductora sonrisa la cual siempre me dedica para tenerme donde quiere; como me gusta tener el control del juego, porque apenas estamos comenzando a jugar y los movimientos hasta ahora han sido lentos; pero parece que a mi pelirroja candente no le gusta que no le sigan el ritmo, lástima que no estemos complaciéndola ahora. -creo que te estas equivocando en algo-ronronea Zoe volviendo alzar su máscara-quien está jugando acá soy yo y quien conseguirá lo que quiere soy yo-me señala, dejando su dedo contra mi pecho- y adivina que quiero -no necesito hacerlo, porque sé que me quieres a mí, no tienes que decirlo otra vez ya te escuche mucho esa noche-sus mejillas se sonrojan, dejando ver algo de la Zoe del pasado-pero déjame decirte que las cosas no son como dices. la expresión de Zoe se deforma y como me gusta que deje ver su verdadera cara; en todas las situaciones me enciende cuando es ella misma y no esa copia caliente que me quiere vender, me encanta cuando se desinhibe por la ferviente pasión y se deja llevar a todos los placeres eróticos que puedo darle, cuando sus ojos brillan con ira y ganas de pelear, está realmente es la Zoe que sigue gustándome; por algo sigo jugando con ella. Por eso en este momento está contra la camioneta y estoy devorando sus labios apretándola contra mi cuerpo; disfrutando como sus manos se enganchan en el cabello dando jalones, como sus labios se abren dándome la bienvenida y su cuerpo responde ante mis caricias. Ella es la mujer que me encanta.
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