CAPITULO XVI

667 Palabras
SYAORAN La media noche cayó, y tal como lo planeado, escapé de la prisión. Mi brazo aún estaba herido, en los últimos días no había recibido tratamiento por lo que estaba a punto de infectarse. Los extremos más alejados del valle estaban repletos por grandes pinos que lo rodeaban y que alcanzaban más de diez metros de altura. Corrí cerca de una media hora sin detenerme, cuando sentí que estaba lo suficientemente lejos descansé. Encontré un pequeño río y decidí quedarme ahí hasta al amanecer. Estaba muy agotado, así que dormí media hora. Poco después comencé a escuchar pisadas acercándose a mí. Saqué mi espada. El viento provocó que las hojas de los árboles se balancearan y cayeran.   - Yu… - Di la media vuelta y apunté con mi espada – Soy Liang Xia – Alzó las manos y bajé mi espada - ¿Qué haces aquí? – la miré sorprendido mientras que la inspeccionaba con la mirada para ver cómo estaba su herida - Recibí la car… - Algo estaba mal, di media vuelta y tras escuchar el mismo sonido de hace un momento empujé a Liang Xia al suelo y yo me hice a un lado. Alguien nos había lanzado una flecha, alguien nos estaba observando. La flecha que había sido lanzada quedó clavada en el árbol que se encontraba a mi lado. Saqué la flecha y la vi con detalle - ¿Son de tu tribu? – Le enseñé la flecha a Liang Xia - No, nosotros no ocupamos ese tipo de flechas, además me hubieran reconocido, jamás me hubieran apuntado –Jamás había visto una flecha como esa, tenía un diseño particular. No era de alguna tribu que yo conociera, alguien sin duda nos vigilaba. Ese lugar no era seguro. Tomé mis cosas y a Liang Xia, debíamos huir de ahí. Mientras caminamos a paso apresurado le lancé una mirada furtiva a Liang Xia - Aún debe doler – Le señalé su herida – Te dejaré en un lugar seguro para que puedas reunirte de nuevo con tu tribu - ¡No! – Se detuvo e hice los mismo – Estoy bien, perfectamente bien. Me curé muy rápido, además lo prometiste – La miré confundido - ¿Prometer? - Sé que vas al lugar de dónde vienes – Tome la empuñadora de mi espada, listo para luchar. ¿Acaso sabía quién era? – Déjame ir contigo, si no es ahora jamás podré salir… Yo puedo protegerte de los que te perseguían - ¿Tú? Ni siquiera puedes defenderte - Claro que puedo… Fingí, desde que mi padre comenzó a matar a los forasteros que se acercaban al valle, fingí que no sabía ocupar un arma, no quería que me enviaran a matarlos – No le creía ni una cuarta parte de lo que había dicho, sin embrago ella podría servir de muchas maneras, pero llevarla sería peligroso, los fenghuang de su tribu podrían creer que la secuestré – Te ayudaré en lo que sea, por favor Liang Xia había tomado mi mano suplicante, sus ojos se mostraban sinceros. Yo ya había visto aquello que otros jamás se pueden imaginar, tanto como los poderes de un fenghuang como su amabilidad. Lu me había dicho algo que tal vez jamás lo olvidaría: “Ella odia cualquier tipo de violencia, por eso te salvó. No quiere que piensen que los fenghuang somos asesinos como los demás piensan”. Era verdad, ellos no son personas malas como las demás tribus lo creen, los malentendieron. Si llevaba conmigo a Liang Xia tenía una posibilidad de que ella les hablara a los demás sobre su tribu, ella tenía la capacidad de expresarse muy bien con sus historias, tal vez eso podría ayudar. Si las demás tribus la escuchaban y aceptaban de nuevo a los fenghuang, Liang Xia podría cumplir uno de sus deseos y así yo ya no tendría ninguna deuda con ella. Le pagaría por haberme salvado dos veces. - Está bien, vamos 
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