Jadeo por el ardor en mis músculos. Aprieto el mango de los cuchillos de caza que estoy sosteniendo con ambas manos. Mis botas están fuertemente apoyadas en el suelo. Mi cuerpo se encuentra tenso, preparado para atacar en cualquier momento. Estamos en el gimnasio de la casa donde entrenamos cada día. —¿Quieres que me contenga? —Me pregunta Asmodeo con un atisbo de preocupación en su voz. —Si lo haces, mueres —amenazo. No permitiré que me tenga lástima. —Llevas mucho tiempo fuera, pero... Mi dura mirada le da a entender que debe callarse. Asiente y posiciona su guadaña en la espalda, esperando a que sea yo la que dé el primer golpe. Tomo una respiración profunda y concentro todo mi poder en fortalecer mis músculos. Y entonces ataco... Mis gestos son más rápida que los de Asmodeo. S

