Eva.
La incomodidad es muy grande. Todos miran a los lados incluyéndome y cuando quiero decir algo, soy salvada por la campana.
—¡Eva! ¡Pero qué guapa estás! —Una de las tantas mujeres del pueblo me abraza con entusiasmo a la par que le hace señas a alguien detrás.
—Liam, ven, es mi hijo... Lo debes recordar del colegio. —Dice, me jala en dirección a donde está el mencionado bebiendo lo que parece una taza de té caliente. Se quiere hacer el interesante pero no lo es, nunca lo ha sido y jamás lo será. Liam es un ser despreciable que le gustaba tomar fotos a las chicas del internado cuando estabas descuidadas para venderlas por su página web. Por supuesto muchas lo denunciaron y al final no se logro nada, pues él tenía una variedad de amigos con papis ricos que a la hora de un problema metían sus manos para salvarlos.
—Mucho gusto, —duda en seguir con su juego. Le respondo el saludo por ser educada, para no dejarlo mal ante su progenitor finjo no recordarlo, pero él lo arruina. —Creo que tú eras... —Finge buscar en sus pensamientos mi nombre. Alzo una ceja y me armo de paciencia para no darle una patada en sus canicas. —¡Ya! ¡Iceberg! ¡La chica sin vida! —chin chin chin tenemos un ganador señoras y señores, la mamá se ríe abiertamente como si fuera un chiste lo que su hijo ha dicho así que lo atacó.
—Ah ya, —hablo alto, justo lo necesario para llamar la atención de los presentes. —Eres Liam Hamilton, el chico pervertido del internado al que iba... Pensé que estarías en la cárcel, digo, como le tomaba fotos a menores de edad cuando estaban descuidadas para luego venderlas... —Su mamá palidece, mira a los alrededores, todos están observando a Liam como si de un violador se tratara. —Te recuerdo, es que Hanya, mi compañera de cuarto estuvo a nada de cortarte las pelotas mientras dormías por cierto ¿Cómo sigues? ¿Lograron pegar esa parte que te quedó guindando? Se veía muy mal, amigo. —Culmino con esa palabra para no quedar mal y que todos crean que solo he recordado eso al momento.
Liam toma mi brazo y con los dientes apretados y los ojos brillando por la rabia, hablo.
—¿No te podías quedar callada cierto? Siempre queriendo ser el centro de atención, ya entiendo porque todos decían que ibas a morir virgen. —Escucho que alguien carraspea y lo ignoro, porque con la fuerza que ejerce Liam seguro me va a dejar un morado.
—Me estás lastimando. —Agrego, su progenitora se mete en medio y golpea insistente la mano de Liam, para que me suelte pero no lo hace y eso hace que la mujer se comience a alterar.
—Hijo, suéltala, hay muchas personas presentes. —Murmura, atemorizada. Supongo que ha hecho esto antes porque la mujer luce como si fuera a tener un ataque de ansiedad y pánico en cualquier instante.
—Siempre queriendo sobresalir con esa cara de muerta sin expresión y tú estúpida inteligencia, me sorprende que nadie te diera una paliza lo suficiente... —Liam rebota al chocar con la pared, alzo una ceja y noto que es Edgar el padre de Evan quien intervino.
—Voy a ser sincero contigo y con Mirta—dice mirándolos. —O se van ya, o hago que los arresten por agresión. Porque estoy muy seguro que en el brazo de Eva debe estar la marca de ese agarre que le hiciste.
Liam se levanta con ayuda de Mirta, pero cuando se logra incorporar bien la empuja lejos haciendo que caiga de culo al piso. Edgar lo mira con la boca abierta y saca el teléfono para llamar a uno de sus compañeros, supongo que ya salió a relucir el Alguacil que llevaba rato escondido para el velorio.
—Chase, ¿Recuerdas al chico que estaba coqueteando con tu hija? Bueno, ya tienes una razón para darle una vuelta en la patrulla por el pueblo. —Va hablando por el aparato mientras sale imagino detrás de Liam.
Detesto ser el centro de atención así que poco a poco mientras una que otra persona se acerca para ayudar a Mirta, me escapó al patio trasero. Respiró hondo la brisa juega con mi cabello, por lo visto se aproximan fuertes lluvias. El cielo se está nublando y la luz poniéndose opaca, amo este clima aunque digan que estoy loca, pero es como si me definiera de alguna manera.
Pequeñas gotas de lluvia comienzan a caer, escucho a los demás hablar dentro y voy en lado contrario, justo hacía donde está la casa de árbol que de pequeños fue nuestra guarida.
Subo las escaleras con cuidado de no caer y terminar con algún hueso roto, tocó la puerta con la señal de hace años y me río en mis adentros por seguir recordando eso. Levantó la puerta y cuando me asomo me sorprende ver a Mark en una esquina, llorando.
Oh... Se estaba escondiendo...
Dudo unos segundos antes de entrar por completo y tomar asiento a un lado de él, ruego al cielo y a la tía Petunia que no se vaya a caer la casita o vamos a parar ambos en el hospital. Y eso en definitiva mataría a Víctor de un ataque de ansiedad.
—Sabes, la que menos pensé que me encontraría serías tú... —Da un rápido vistazo a dónde estoy, no es mi culpa enserio no poder hacer expresiones pero no parece incomodarlo. Mark sonríe y limpia los mocos que le caen por la nariz, —Tía Petunia me cuido desde que nací, ella fue quien se hizo cargo de mí mamá y de mí y ya no va a estar más. —Lo sé, todos en el pueblo lo saben. A la señora Rosa la corrieron de su casa por salir embarazada muy joven y fue la Tía Petunia quien le abrió las puertas de su casa, le dió de comer a los dos y los ayudo en todo lo que pudo. Se podría decir que gracias a ella, hoy Mark y Rosa son las personas exitosas que son por lo que hizo para cuidarlos.
—¿Crees que nos estés viendo desde el cielo? —se ríe como un niño antes de mirarme. —Para que preguntarte eso, si tú no crees en ese tipo de cosas.
Hago una mueca débil con los labios y a Mark lo sorprende.
—Wuo, no pensé que te vería hacer... Lo que sea que hiciste con tus labios, soy tan afortunado. —Le doy un suave golpe en el hombro y ríe, él siempre ha sido el más risueño entre todos nosotros, me agrada porque no teme en mostrar sus emociones, yo quisiera ser así también.
Escucho el toque de la puerta, con la contraseña. Evan entra y me mira, frunce el ceño y deja espacio para que Lizzy con una enorme sonrisa entre.
—¡Estamos todos juntos! —chilla ella, Mark se ríe y sorbe por su nariz, Evan hace un "ju" con la garganta. Parece que anda de mal humor, al menos, eso creo.
Duramos unos largos minutos en silencio hasta que me truena la tripa y la parejita estalla en carcajadas.
—Tienes hambre, Eva. Deberíamos bajar, —comenta Mark, niego con la cabeza y con una mano señalo por la ventana para que vea la fiereza con la que caen las gotas de lluvia. —O... Bueno eso lo cambia todo, no había notado la lluvia. —Agacha la cabeza apenado, se metió tanto dentro de su mente que olvido que hay más cosas a su alrededor.
Un crujido llama mi atención, golpeó el hombro de Mark antes de arrastrarme a la puerta y salir, los tres hacen lo mismo y como si estuviera esperando porque saliéramos, la casita del árbol se cayó justo frente a nosotros.
—Ya me parecía raro que nos hubiera aguantado por tanto tiempo.
—¿Qué les pasa a ustedes? ¿Están locos? ¡Van a resfriarse! —grita Rosa desde la puerta y corremos adentro para tomar calor en nuestros cuerpos.