Capítulo 17

1895 Palabras

Cada día que recorro las calles de Akasias, me enamoro un poco más de ella. El blanco de las paredes reluce tanto bajo el sol que da una imagen casta; los techos azules parecen como espesas nubes que flotan a nuestro alrededor. Son pequeños callejones que se cruzan con escalones de adoquines casi pulidos. Nunca están solas pero, a diferencia de Los Ángeles, tampoco están abarrotadas, son simples locales que se trasladan de un lado a otro, normalmente cargando cosas como cestas o barriles pero con una sonrisa estampada en su rostro de forma perenne. Siempre tienen ánimos de saludar, con un gesto o un “kaliméra”, que según mi traductor personal, Joseph, significa ‘buenos días’. Hablando de Joseph, los dos seguimos descendiendo hasta llegar a la penúltima calle antes de la costa, seguimos ha

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