Tres y diez de la madrugada, es la hora que marca el reloj de mi teléfono cuando lo tomo y veo la hora. Me giro y veo a Eliot dormido. Siento un impulso de acariciar su mejilla pero me detengo. Es él ser más hermoso del mundo cuando duerme, angelical como nadie más. Recupero mi posición inicial y cierro los ojos. Nada. Lo que faltaba: he perdido el sueño. Me siento en la cama y vacilo por un segundo qué hacer. Me inclino por la opción de ponerme de pie, tomar mi portátil e intentar escribir algo. Muchas de mis mejores ideas sucedieron a esta hora. Me siento en el diván junto a la ventana y divago por unos minutos, hasta que me viene una vaga idea: Rosie, años después de su amorío fugaz, regresa a su ciudad natal en busca de su primer amor y descubre que Aquiles, su amor fugaz también est

