Tan pronto como dejé la cocina, volví al baño. Resulta que en un rincón, junto a la bañera, hay un tanque con dispensador -anclado en la pared- que permite tomar agua en las horas de ausencia del vital líquido. De allí tuve que tomar agua para poder cepillarme, desgraciadamente. Una vez que hice todo lo que tenía que hacer en el baño me dirigí al estudio de Joe... Joseph. Caminé hasta el escritorio, extendí la mano y abrí la ventana frente a mi para que el sonido de las olas y la brisa penetrara el lugar y lo hiciesen más a gusto. No está mal tampoco. Es como un pequeño anexo de una biblioteca antigua: paredes altas que finjen las veces de estantes, están repletas de libros de pie a cabeza. Me percaté que también hay plantas decorando el lugar, como la que está justo sobre el escritorio,

