Me aferro a la diminuta toalla blanca mientras el agua proveniente de mi cabello se desliza por mis hombros y brazos. Mi mandíbula se mueve inquieta a merced del frío que recorre el resto de mi cuerpo. Intento vestirme de prisa y tal vez por eso fallo un par de veces cerrar el broche de mi sujetador, hasta que finalmente lo consigo. Después de colocar mi ropa interior, peino mi cabello y lo dejo suelto para que pueda secarse. De la cama tomo la vestido veraniego que saque antes de ir a ducharme. Es beige con diminutas flores azules y blancas, finalmente elijo mis flats color nude. Cuando estoy terminando de alistarse, escucho dos golpes en la puerta y luego una voz grave que dice: —El desayuno está listo, puedes salir cuando quieras. —Un segundo, gracias— Me miro una última vez y m

