18

3681 Palabras
Marinette   Un sonido seco se hizo presente en toda la estancia sobresaltándonos a su paso. Inmediatamente me separé de Nathaniel y miré a la puerta.   No había nadie.    —¿Qué ha sido eso?—pregunté con el ceño fruncido.    —Se habrá caído cualquier cosa de algún estante—explicó Nathaniel   Caminé hacia la ventana y observé a Chat Noir que se alejaba de la cabaña a paso ligero. Fruncí el ceño extrañada. ¿Habría venido a por mí para llevarme de vuelta a la cabaña? Pero de ser así... ¿Por qué no lo había hecho?   Lo observé durante unos segundos más y me percaté de que se adentraba en el bosque. La curiosidad comenzó a picarme. No tenía mucha idea de la hora que podía ser, pero ya era de noche. Había pasado casi toda la tarde en casa de Nathaniel y el tiempo había volado prácticamente.    —Creo que debería irme—dije girándome hacia él.    —Está bien, por hoy ya te he hablado de mis penas demasiado—dijo  llevándose una mano a la nuca.    —No digas eso—espeté molesta—.Me alegra saber que has confiado en mí para contarme un asunto tan delicado.    —De todos los que están en este sitio, eras las más comprensiva—dijo con una media sonrisa—. Es fácil hablar contigo, Marinette. Siempre tienes respuestas para todo.    —Bueno... creo que eso es lo que Chat Noir detesta más de mí—rodé los ojos y volví a mirar de reojo la ventana. Ya no se veía. Había desaparecido por el bosque—. Y hablando de él, será mejor que regrese antes de que venga hecho una fura hacia aquí.   —¿Quieres que te acompañe?—preguntó.    —Eh... No, no será necesario—titubeé.   Me miró unos segundos con desconfianza. Sabía en lo que estaba pensando y enseguida aclaré:    —Te prometo que no voy a intentar escapar—aseguré.—No quiero meterte en ningún lío, y menos con él.    —Tranquila, no lo pensaba—dijo encogiéndose de hombros—. No seré yo el que te retenga.    —Gracias. Muchas gracias por todo, de verdad—dije—. Te debo mucho.    —No me debes nada, Marinette. Todo lo que he hecho es porque de verdad lo deseaba—afirmó.—Además soy yo el que debería agradecerte. Después de conocer mi pasado, sigues viéndome de la misma forma, sin desprecios ni reproches. Y eso no lo ha hecho nadie.    —Todo lo que he hecho es porque de verdad lo deseaba—dije imitando sus anteriores palabras—E intenta no comerte la cabeza con cosas del pasado, vales demasiado como para odiarte a ti misma—añadí abriendo la puerta de la cabaña.    ME devolvió una sonrisa y levantó la mano en señal de despedida.   Al salir, una oleada de frío recorrió todo mi cuerpo. La noche estaba más fría que de costumbre y tuve que abrazarme a mí misma para refugiarme del viento.   Tomé la misma dirección que Chat Noir, intentando pasar desapercibida para los tipos que hacían guarda en el campamento. La naturalidad con la que iba fue mi mayor arma, y ninguno de ellos se percató de quien era, ni lo que hacía. Así que sin ninguna dificultad me adentré en el bosque.   Se lo que aquello suponía, y era que tenía la oportunidad de escapar en la palma de mi mano. Pero, en aquellos momentos, huir no era la mejor opción. Nathaniel había sido el último en verme y si escapaba, el primero en sufrir las consecuencias sería él, y después de tener un pasado tan doloroso, no merecía sufrir más por otro error mío. Además, huir sola por el bosque de noche era un completo s******o. Así que lo mejor que podía hacer era seguir las pistas de Chat Noir y saber que estaba tramando por el bosque. Porque, aunque odiase admitirlo, tenía unas terribles ganas de saber en que estaba metido y la razón de su presencia en ese bosque.   Sin embargo, cuanto más me adentraba en el bosque, más se me iba viniendo la consciencia a la cabeza. Y sí, había perdido a Chat Noir de vista y podía estar en cualquier rincón de ese lugar.  ¿Y si me perdía? O peor aún ¿Y sí él me encontraba deambulando por ahí sola y pensaba que estaba huyendo?   La duda comenzó a corroerme y estuve a punto de dar media vuelta y regresar cuando encontré algo que captó mi atención. Justo a unos menos más adelante, estaba la silueta  de una persona arrodillada en la húmeda hierba. Me acerqué con cautela y pronto distinguí esa melena dorada tan característica en él.   No fue encontrarlo allí, arrodillado. Sino en el lugar donde estaba, pues justo enfrente de él había dos cruces de madera con unas sencillas flores a su alrededor y con unos nombres grabajdos en ellas:   Gabriel y Emilie Agreste ○○○ Chat Noir No me costó mucho adivinar quien era  la persona que tenía detrás de mí. Con tan solo escuchar el sonido de sus pasos y su forma de andar, fue suficiente para saber que Marinette estaba justo a mis espaldas.   Solté un suspiro pesaroso.   No tenía ánimos para reprochar nada, ni mucho menos de empezar una discusión estúpida, no al menos delante de las tumba de mis padres.    —¿Qué haces aquí?—pregunté en voz baja.   —Te vi alejarte de la casa de Nathaniel—dijo en un murmullo.—Antes de que digas nada, no intentaba escapar, ni nada parecido—confesó.   No pude evitar sonreír ligeramente ante sus palabras.   —Lo se. Si hubieses intentado escapar no estarías aquí conmigo—dije con un tono burlón.  Dio unos pasos hacia delante y se arrodilló junto a mí.    —¿Quienes eran?—preguntó.   La miré de reojo y después plasmé mis ojos en las dos cruces. Dudé un momento si responder.    —Mis padres—dije secamente.    —Y-Yo... lo siento mucho—tartamudeó.    —No te disculpes, no fue tu culpa—dije, con tono asqueado. La situación comenzaba a volverse tensa, estaba hablando con la hija de los asesinos de mis padres de aquel día más horrible de toda mi vida.   —¿Qué les pasó?  j***r.   ¿Por qué me preguntaba esto? ¡Maldita sea! ¿No podía estar calladita con la boca cerrada?   —Los asesinaron cuando tenía siete años—confesé—.Por no pagar los impuestos de la corona. A mí me perdonaron la vida por ser un crío.   Se quedó callada, supongo que aquello debía ser una escena muy sádica para alguien como ella.    —E-Eso... Eso es horrible...—dijo y noté que se le quebraba la voz—¿Qué clase de persona haría algo así? Matar a una familia entera y dejar a un niño huérfano es de ser un... un... monstruo.   No pude evitar girarme hacia ella. Estaba completamente embobada en la tumba de mis padres y percibí como una capa cristalina cubría sus ojos. Ella no tenía ni idea de nada, era completamente ajena a todo lo que había pasado entre sus padres y mi familia. Podía verlo en sus ojos azules, podía verlo en sus palabras.   Si tan solo tuviera los huevos de decirle que esos monstruos de los que ella habla son sus padres, sin tan solo tuviese el valor para decirle que aquella tumba era la razón de su presencia aquí.  Pero no podía.   Ella era inocente. Era la que menos culpa tenía en todo este asunto y ella era la que lo estaba pagando todo.     —Supongo que todo lo que ocurrió me hizo más fuerte—dije—. Aprendí a defenderme solo, y a sobrevivir por mi cuenta.    —Un niño de siete años no puede vivir sin una familia—me reprochó.—No es lo correcto.    —Pues yo lo hice. Y aquí estoy vivo y coleando—dije poniéndome en pie. Ya le había contado demasiado sobre mi vida privada y sabía que si permanecíamos allí más tiempo, terminaría por bombardearme a preguntar imposibles de parar.   Le tendí la mano para ayudarla a levantarse. Me miró un poco confundida, pero finalmente terminó por ceder y aceptar.    —¿Entonces tu apellido es Agreste?—preguntó mirándome con curiosidad.    —Supongo que no podría mentirte—dije. Era inútil negar aquello teniendo mi apellido grabado en las cruces.    —¿Y tú verdadero nombre?—inquirió aún con más persistencia.   La miré divertido. A veces podía llegar a ser una cotilla ejemplar.    —Chat Noir—respondí simplemente.—Chat para los amigos.  No pensaba decirle mi nombre. Nadie excepto Nino lo sabía y prefería que siguiese siendo así.    —Ese no es el verdadero—insistió—.Se que ese es el apodo que te has puesto para Miraculous.    —Vaya... Puedes ser muy lista cuando te lo propones—dije burlón—. No voy a decirte mi nombre, bichito. Así que no insistas.    —¿Qué hay de malo en decir tú nombre?—inquirió—.Supongo que se más bonito que te llamen por tu verdadero nombre en lugar de gato n***o. Yo lo veo incluso más bonito,.    —Pues a mí me pone más que griten en la cama Chat  en vez de mi nombre—solté con socarronería.  —En cualquier situación es más elegante un nombre—dijo molesta por mi comentario tan bajo.   —Es cuestión de gustos—dije encogiéndome de hombros. —¿Entonces si no puedo llamarte por tu nombres, puedo decirte Chat, a secas?—preguntó.  La miré durante unos segundos, procesando mi respuesta.  —Sí, supongo que sí, Mari—dije finalmente.   —¡Oye, no me digas Mari!—exclamó molesta.  —Lo que tú digas Mari—comencé a caminar con una sonrisa en los labios, consciente de que la estaba enfadando.   —¡Muy bien Agreste, yo también puedo jugar a esto!   Solté una risotada, divertido por el juego que estábamos comenzando y continué mi paso con ellas a mis espaldas.   Al menos, había logrado alegrarme un poco después del aniversario de la muerte de mis padres.  ○○○ Marinette   Por primera vez en mucho tiempo había logrado dormir mis ocho horas en condiciones. Sin interrupciones, ni desveladas, ni pesadillas y sorprendentemente me había despertado de buen humor. Chat me había dejado salir durante la mañana y estaba ayudando a una señora a tender algunas prendas de ropa. La mujer no era de muchas palabras, supongo que en cierto modo pensará que soy una noble repelente, como todos lo hacían. Intenté no prestarle mucha atención y hacer bien mi tarea. Todo fuera de ese cuarto era bien recibido, aunque tuviese a una piedra como acompañante.    Mi relación con Chat Noir había mejorado bastante: Me dejaba salir con más frecuencia, cedía a algunas de mis peticiones y sobre todo ya no se mostraba tan borde conmigo. A menos ya podíamos hablar sin matarnos en el intento. Todo este cambio lo noté anoche, cuando me contó un pedacito de su pasado y de su familia.     Ver morir a tus padres a esa edad tan temprana debió de ser horrible para él. Conoció la desgracia desde pequeño y se vio obligado a madurar antes de tiempo si quería sobrevivir. En cierto modo, su pasado lo justifica, todo lo ocurrido con sus padres lo corrompió por dentro, y estoy segura de que su odio hacia la nobleza y realeza se debía a eso. Se cobró la vida de su familia en el corral de comedias e hizo justicia a su modo, llevándose consigo la vida de muchos inocentes. Sigue siento mezquino y sobre todo ruin, y jamás podré perdonar todo lo que hizo aquel día, y lo que me está haciendo a mí ahora, pero al menos ahora puedo comprender muchas cosas.   Todo lo ocurrido anoche solo sirvió para avivar más mi curiosidad, quería saber más de él. Conocer su verdadero alter ego. Estaba segura de que no es el criminal que aparenta ser.Hay alguien más detrás de ese antifaz n***o y yo quería desenmascararlo, comenzando por su verdadero nombre. Ya sabía que se apellidaba Agreste, pero un apellido no me servía de mucho.    Suspiré pesarosamente y coloqué cuidadosamente una camisa amarillenta sobre la fina cuerda de esparto. Sentía la mirada de aquella extraña mujer todo el rato. Chat Noir la habrá mandado vigilarme y se estaba tomando su trabajo demasiado enserio. La compañía de Alya hubiese sido muchísimo mejor, pero Chat Noir insistió en dejarme ahí con la mujer muda.   Me giré sobre mí misma para coger otra prenda entre mis manos, cuando el sonido de una vocecita captó mi atención.    —¡Ayuda, ayuda!—un niño, que no había visto nunca se acercaba corriendo despavorido pidiendo a gritos auxilio.   Inmediatamente dejé la ropa en el canasto y me acerqué a él bajo la mirada de mi "guardaespaldas" . Al verme el niño se acercó a mí atropelladamente. Estaba fatigado, y le cotaba respirar.   —¿Qué ocurre, pequeño?—pregunté agachándome a su altura.    —Es mi amiga, ¡se ha caído!—exclamó aterrorizado—¡Se ha caído al pozo!    —¡¿Pero qué estás diciendo niño?!—gritó la mujer sin mucha paciencia.   —¡Estábamos jugando al escondite, yo estaba contando y ella decidió esconderse en el pozo! ¡Cuando me di cuenta ya era demasiado tarde!—explicó.    —¿Pero ella... ella está herida?—pregunté, rogando que aquello fuese lo mínimo que le hubiese pasado a la niña.    —Dice que le duele la pierna—aseguró el pequeño.   Me llevé una mano al pecho y suspiré aliviada de que aún siguiese viva. Un pozo podría tener una caía mortal.    —Tenemos que ir a ayudarla, está herida y dios sabe lo que puede ocurrir si se queda sola mucho tiempo—dije mirando a la mujer.    —¡Estás loca! ¡Ni muerta entro yo al bosque!—exclamó la mujer—¡Además, ni las mujeres ni los niños deben adentrarse solos! ¡Esto les va a servir como escarmiento!   No podía creer lo que estaba escuchando.    —¿Lo dice en serio?—inquirí.—¿Es qué acaso no has escuchado? Hay una niña en un pozo, por favor!   —¡Ya lo se!—gritó—¡Pero he dicho que al bosque yo no me meto, y mucho menos para ir a ese pozo en ruinas, tú no sabes como es eso!    —¡Con más razón tenemos que sacarla de ahí!—dije desesperada por que me hiciese un poco de caso.    —Lo mejor será esperar a que vengan los hombres, ellos sí pueden ir al bosque. Nosotras no podemos hacer nada.    —No me lo puedo creer—dije negando con la cabeza—Esta bien, si no quiere venir conmigo, entonces lo haré yo.   —¡Ni lo pienses!, tengo órdenes de vigilarte y no dejar que te muevas de aquí.    —¿Entonces querrá ir usted con el niño para sacar a su amiga del pozo?—inquirí fulminándola con la mirada—. Una de las dos tiene que ir y si yo soy la prisionera del jefe, entonces será usted la que vaya.   Se quedó mirándome durante unos segundos, debatiendo en su mente que hacer y decir.    —¡Está bien, ve. Anda ve y ayúdale!—terminó diciéndome.—¡Pero si no vuelves te juro que... que...!   —Tengo que volver de una forma o de otra—aseguré.  Ante aquello no tuvo nada que decir. Me giré hacia el niño y posé ambas manos sobre sus hombros.    —Llévame hasta ese pozo.  ○○○ Marinette  Aquel misterioso pozo no estaba muy adentrado en el bosque así que no tardamos mucho en llegar hacia él. Estaba bastante demacrado y hecho ruinas, cubierto por algunas enredaderas que había crecido a su alrededor.   Corrí rápidamente y me asomé para ver el estado de la niña.   —¡Ya estamos aquí!—le grité con todas mis fuerzas—¿Estás bien?   La niña miró hacia arriba y sentí como se me encogía el corazón al reconocerla.    —Dios mío, Manon—dije aterrorizada.    —Me duele mucho la pierna—dijo con la voz quebrada—. No puedo moverla.    —No te preocupes, vamos a sacarte de ahí enseguida—aseguré—¿Tienes la cuerda?—pregunté girándome hacia el niño.   Asintió, sacando de su pequeña mochila una larga cuerda que habíamos cogido antes de salir.    La desenrollamos atropelladamente, asegurándome de que era lo suficientemente resistente como para sacar a la pequeña.    —Muy bien, vamos a tirarte esta cuerda  ¿vale?—expliqué asomándome—agárrate muy fuerte, y pase lo que pase no te sueltes.    Manon asintió y le lanzamos la cuerda hasta que esta tocó el suelo del pozo. Até el otro extremo a un árbol, asegurándome de que el nudo no se escaparía.    —Venga Manon, cógete de la cuerda. Nosotros te subimos.    Tal y como le dije, la pequeña intentó ponerse de pié. Pero en cuando lo hizo su pierna falló y volvió a caer al suelo.    —No puedo, no puedo hacerlo. Me suele mucho la pierna—dijo sollozando.    —Tienes que intentarlo otra vez—la animé—. Tienes que ser fuerte y aguantar el dolor.    —¡Ya lo he intentado!—exclamó, entremezclando sus palabras con las lágrimas—Es como sino tuviese pierna.    Solté un prolongado suspiro. No tenía ni idea de que hacer, y con Manon herida la cosa era aún más difícil. Volví a asomarme, percatándome de que había algunos pilares gruesos de madera estancados en el pozo horizontalmente. Fruncí el ceño pensativa. Quizás, aquello podría servirme de soporte.    —Tengo una idea—dije mirando al niño.—Voy a bajar yo también.    —¡¿Qué?!—exclamó él.    —Ella no puede subir sola. Si bajo, pueda cogerla de alguna forma y subirnos a las dos—Volví a agarrar la cuerda y la até alrededor de mi cintura, atando varios nudos con fuerza.—Intenta que la cuerda no se quede mu tensa  ¿vale?   El niño asintió, sin estar muy seguro de mi plan.   Me asomé nuevamente al interior de aquel claustrofóbico pozo y cerré lo ojos con fuerza mientras cogía aire.   «Puedo hacerlo, puedo hacerlo»   Con cuidado me subí a la valla de piedra y agarrándome con fuerza a la cuerda comencé a bajar con cuidado.   «No mires abajo, no mires abajo»  Tenía el corazón a mil y no podía evitar tener la sensación de que se me iba a salir por la boca. Estaba en una completa tensión y lo único que deseaba era tocar el suelo cuanto antes.     —¿Has bajado conmigo?—escuché decir a la voz de Manon cerca.   Pronto dejé de estar suspendida en el aire y rozar el suelo de piedra.   El color volvió a piel y volví a recordar como se respiraba.Sin duda aquello había sido una de las mayores pruebas de superación de mi vida.    —Muy bien, vamos a ver que le pasa a tu pierna—Me arrodillé junto a ella y noté algo húmedo bajo mis rodillas, cerca de la zona de Manon.    Había un pequeño charco de agua, y al parecer se escuchaba el sonido de la misma salir por algún lugar del pozo.    —Tenemos que salir de aquí enseguida—aseguré, mientras confirmaba mis sospechas: Manon tenia la pierna rota.—Ahora tienes que agarrarte muy fuerte a mi cuello—la cogí en brazos y miré hacia arriba examinando cada uno de los pilares que podía servirme de soporte.   Apoyé uno de mis pies en la pared e intenté escalar sacando todas mis fuerzas.    —¡Intenta tirar de la cuerda!—pedí al amigo de Manon. Si tenía que sacarnos a las dos de allí necesitábamos una tercera mano.    La escalada nunca se me había dado bien, sobre todo porque nunca la había practicado y tener a Manon agarrada a mi espalda lo hacía todo más difícil.  Pero tenía que hacerlo. Tenía que conseguirlo y sacar de aquel lugar a Manon de cualquier forma. Agarré con más fuerza la cuerda y me mordí el labios inferior intentado llegar con todas mis fuerzas al pilar más próximo que me diera una tregua y algo en lo que agarrarme. Pero, ocurrió algo que acabó con todas mis esperanzas. Un sonido que disparó todas mis alarmas y que provocó que sintiese un tremendo dolor en el estómago.   La cuerda no pudo con el peso de las dos y se rompió. Manon y yo caímos al suelo chocándonos con fuerza con la dura piedra.   Manon comenzó a llorar con más fuerza, llevándose ambas anos a su pierna. Me acerqué hacia ella y la envolví con mis brazos, estrechándola contra mí.    —No te preocupes Manon, estoy aquí. Estoy contigo. Vamos a salir juntas de aquí—le di un beso en la frente y ella se apoyó en mi pecho—Te lo prometo.   —¡Iré a por más ayuda!—gritó el niño desde arriba.    —¡A Chat Noir!—grité—¡Búscalo!   No le faltó decirlo una segunda vez. Echó a correr y desapareció el pequeño círculo que tenía de visión.  Chat era el único que podría sacarnos de allí. Yo lo sabía.   —¿Por qué está saliendo tanta agua?—preguntó Manon mirando fijamente el suelo.   Mis ojos siguieron su misma dirección y todo mi mundo se vino abajo.   Nuestra caída había roto uno de los pilares que atrancaban los conductos del pozo y una fina corriente de agua corría continuamente llenando poco a poco el pozo.     En mi mente todo e volvió gris y con una sola palabra que me provocaba uno de mis mayores temores.   «Agua»
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR