Narra Thomas
No podía dejar de pensar en esa chica a la que había salvado de ser atropellada, sus ojos color café claro, cabello castaño claro ondulado, y su piel clara con una cara angelical. Tenía un cuerpo perfecto, media aproximadamente 1,60. Era una mujer muy bella, creí que nunca la volvería a ver, pero cuando la vi en el restaurante, no pude evitar sonreír.
Ella era mesera y nos pidió la orden, a mi y a Camila quién la trató mal porque creyó que ella coqueteaba conmigo, Camila era sensual y muy hermosa pero tenía unos celos obsesivos, que me hacían querer estrangularla.
- Buenas tardes, ¿qué desean para cenar?
nos pregunta la chica, quien se notaba un poco molesta por como la miraba Camila.
- Buenas tardes, yo quiero que dejes de coquetear con mi novio, le dice Camila lo cuál me molesta ya que ella y yo no somos nada, ni siquiera me gusta solo me entretengo con ella, y es algo que ella sabe.
- Nadie está coqueteando con tu novio, aprende a no ser tan insegura y deja de ser tan grosera, le dijo la chica y al ver la mirada de Camila decido intervenir y pedir nuestra orden.
Claro que no contaba con que Camila hiciera que la chica se callera justo después de terminar nuestro pedido.
Otro mesero la ayuda a ponerse de pie, y ella se va. Discuto con Camila por hacer lo que hizo, ella no dice nada y la veo dirigirse hacia los baños, cuando vuelve a la mesa dice que la mesera la había amenazado y que había puesto un reclamo para que la despidieran.
Al salir del restaurante, me dirijo a mi casa, me di cuenta que aquella chica la quería para mi, tenía un carácter fuerte, eso se notaba y no se dejaba pisotear, pero tenía una cara angelical que daba a entender que no rompía ni un huevo. Así que mande a mis hombres a que al día siguiente la siguieran y las secuestrarán.
Al día siguiente estaba trabajando en mi oficina, aún no era ni las diez de la mañana y ya habían secuestrado a la chica.
Me dirijo al patio, saco a la chica de la camioneta, entro a la casa y subo las escaleras y la dejo en una habitación, la acuesto en la cama amarrada para que no pudiera escapar cuando despierté. Estuvo dormida toda la mañana, cuando despertó yo estaba sentada a los pies de la cama y cuando sus ojos se encuentran con los míos le digo:
- Bienvenida, mi nombre es Thomas Clark.