Leonel quería seguir en esa línea de paz y amor, pero a él le gustaban los retos cumplidos más que la caza. Era un hombre de acciones, y ahí estaba ella en su cama acostada y cobijada. Él tenía a la niña en los brazos porque había pasado un momento asustada. Leonel le acarició el pelo a Leonor, y esta se agarró de su camisa, mientras continuaban cantando una nana que era muy común en Tierra del Sol. —El hijo del rey duerme en paz, feliz estará, al lado de mamá, el rey del pueblo y su sabia mamá lo cuidarán, lo amarán y lo alimentarán. El pequeño hijo del rey crecerá y como mamá, al reino cuidará. —Otra vez leo. —Otra vez... ¿cómo sé si la estoy cantando bien? —Tendrías que ser mi mamá. - Leonel intentó no reírse, y Layla se sentó al lado de ambos. Comenzó a cantar para ellos y, después

