Layla adoraba pasar tiempo con su hija, tiempo de calidad en el que parecían un par de mejores amigas que arrasaban con un cuidado y así fue su día, fueron juntas a una clase de ballet con otras niñas, cosas que la princesa no solía disfrutar, de espacios normales y seguros, y en Mainvillage podían conseguir ambas cosas. Fueron de compras, vieron gente en el parque, la niña jugó, y luego se fueron a tomar algo en la cafetería, como la gente normal y corriente. Ella vio a su hija enloquecida, como si jamás hubiese estado en una biblioteca, pero le dio un billete y la dejó escoger cuántos quisiera. La princesa, con sus gustos elevados como siempre, no le alcanzó más que para uno, y su madre la puso a elegir un par más. Cuando Leonel ingresó al restaurante de su primo, vio a la reina y a su

