Layla se había despertado en medio de tanta felicidad que no podía dejar de sonreír ni siquiera dormida. La joven salió de la cama y fue a preparar el desayuno de verdad. Luego subió la bandeja a su habitación y se encontró a Leonor y Leonel armando el rompecabezas que tenía su libro. —Buenos días mami. —Mira, este tiene pocas piezas, pero el que viene, dice Leo que tiene unas cincuenta piezas, mamá, eso es cinco veces diez. —Layla se rió y se acercó a los dos, les dio un beso, y Leonor miró el dedo de su mamá y después a Leonel. —Oye... no lo ibas a cambiar. —¿Tú sabías? —Sí, obviamente —Leonel se rió—. ¿Te gusta a ti? —Sí, es de la bisabuela de Leonel. Es un zafiro en forma de lágrima y tiene tres diamantes pequeños como una corona, un anillo de oro y un anillo de promesa para sost

