Esta vez no desperté sobresaltada como la primera vez, abrí los ojos y me estiré perezosamente en mi cama, me senté apoyándome del cabecero, miré a mi alrededor y sonreí en un suspiro. Todo se veía exactamente igual, pero sabía que las cosas eran completamente diferentes ahora. Sonreí y sin poder evitarlo me puse de pie sobre la cama. – ¡Estoy viva! – grité con todas mis fuerzas mientras saltaba en la cama – A partir de ahora haré las cosas bien, te lo prometo angelito – dije en voz alta y me quedé esperando una respuesta que sabía no llegaría. Volví a sonreír pero mi expresión fue cambiando poco a poco al recordar todas las cosas que debía solucionar. Miré hacia el despertador y vi que eran las tres de la tarde. Salté de la cama y salí corriendo al baño. *** Media hora después, cuan

