11. El comienzo del fin.

2398 Palabras
Apolo. Después de mi confesión de anoche todo parecía un sueño, Emma estaba sorprendida y hasta cierto punto pensé que le contentaría escuchar mi voz pero ella no dijo nada, solo me abrazó como si estuviese diciendo adiós y se encerró en su cuarto, hoy he intentado conversar con ella pero no me responde, es como si nadie estuviera ahí adentro, me preocupa pues ni siquiera la he visto comer, supongo que está molesta, aunque no entiendo el por qué, no creo que me haya descubierto al menos que Liam se lo haya dicho pero no tiene sentido pues en ningún momento parecía saberlo. «Esto es un enredo». Quise ponerme a pensar en que hacer para poder llegar a ella pero Liam tenía en la sala una fiesta montada, seguramente estaba saltando en un pie, él más que nadie debe estar esperando lo peor de esta situación. Me levanté de cama queriendo ponerle fin a su felicidad, bajé con furia las escaleras hasta finalmente cruzármelo en el comedor, dónde se encontraba bailando al sazón de la música. Miré alrededor hasta ubicar el gramófono, me acerque velozmente y le detuve su rumba mal intencionada. —¿Pero qué demonios haces?— Preguntó dándose cuenta de mi presencia. —Hoy no hay nada para celebrar— Contesté sin querer decir nada más. —¿Y eso quien lo ha decidido?— Preguntó como de costumbre con arrogancia. —¿En serio no te importa lo mal que se siente Emma? Entiendo que yo te de muy igual pero al menos deberías compadecerte de ella— Dije mostrando por primera vez lo molesto que me hace sentir su actitud. —No es mi culpa, yo se lo he dicho incontables veces pero nunca me ha hecho caso, le dije que te sacara pero Emma solo aprende a los trancazos, ahora finalmente se ha dado cuenta de la bestia que tiene viviendo en su casa— Contestó con tanta desigualdad que me repugno. —No creo ser la única bestia en esta casa— Contesté molestó. Liam me miró burlándose de mí. —El ratón cree que porque ahora puede hablar tiene el derecho de retarme, te aconsejo que sigas con la cola entre las patas— Replicó testarudamente. —No tengo porque obedecerte— Contesté bajando la mirada. Observé como los pies de Liam se acercaban, quise retroceder pero mi cuerpo se mantuvo ahí decidido a enfrentarlo. Levanté la mirada viéndole a los ojos. —¿Piensas golpearme?— Pregunté adelantándome a lo hechos. —Si— Sonó tan relajado— necesitas que alguien te reprenda y ¿Quién mejor que yo? he estado esperando por mucho este momento— Respondió con una sonrisa sombría. —Hazlo pero al menos devuélveme el favor del otro día— Dije sin oponerme. Él comenzó nuevamente a carcajearse. —¿En serio me estás cobrando el supuesto favor que me hiciste?. —Si— Respondí apretando los dientes— Solo te pido que hables con Emma, que te asegures que esté bien, no quiero que se enferme por mi culpa, no quiero que pase sus días encerrada por mi culpa— Dije apartando la mirada, sintiéndome tan mal conmigo mismo. Liam me tomó del peló jalándome con fuerzas para que mis ojos dieran con los suyos. —Me das lastima— Dijo con una mirada sería. Me soltó y se dirigió al segundo piso. Al menos había logrado convencerlo. Liam. «Todo sea para que su ida suceda pronto». Toqué la puerta de la habitación de Emma hasta que los nudillos me comenzaron a doler. —Emma, levántate y ábreme— Grité. No escuché ningún ruido adentro, su terquedad me desesperó más de lo acostumbrado y sin pensarlo dos veces saque la llave de su cuarto que se encontraba oculta debajo de la pintura. «Que buena idea la de Emma». Al entrar observé detalladamente el desastre que era su cuarto, parecía una zona de guerra dónde sus peluches eran invadidos por su maquillaje. Pasé por todo ese espectáculo, teniendo cuidado para no destrozar nada. Al llegar a la cama sin mucha delicadeza arranqué las sábanas que la tapaban. —¿Qué te pasa?— Gritó afectada por la luz que chocaba en su cara. —Es hora de levantarse, aún queda pastel y decisiones que tomar— Dije intentando rimar. —Solo vete— Contestó colocándose la almohada en la cara. —Saldremos Emma— Dije sin bromear. —Hoy no quiero salir. —Que mal por ti— Contesté cargándola entre mis brazos— Por tu terquedad es que pasas por estás situaciones ahora resuelve tus problemas como la adulta que ahora eres. Ella pataleo como si fuese una niña pequeña intentando escaparse pero nada de eso funcionó. —Muy bien, hoy es un día especial así que haré una excepción y saldré con ambos— Dije poniéndola en el suelo. Pude notar como hizo todo lo posible para no cruzar miradas con Apolo. «Que alegría». —Emma… —Si tengo que salir, al menos permíteme arreglarme— Dijo enfurecida. —Por supuesto que le permitiré a su alteza colocarse algo menos ridículo— Dije sonriendo al detallar su vestimenta. Subió casi quemando el suelo a su paso. —Pensé que me habías dicho que no se molestarla conmigo por lo de mi voz— Dijo detrás de mi Apolo. —Si, bueno, con ella nunca se sabe— Contesté sin más. Al rato volvió a bajar, estaba igual de desordenada solo que con ropa distinta. —Espero que al menos te hayas cepillado— Mencioné en broma. —¿Puedes venir un momento?— Dijo con el seño fruncido. Me acerque para ver qué me diría. —¿Qué sucede?— Pregunté. —¿Por qué haces esto?. —Pues pensé en qué no es sano que estés todo el día encerrada en el cuarto… —¿Apolo te mando?— Preguntó interrumpiéndome. —Yo no diría que me mandó pero si me pidió el favor de revisar cómo estabas— Respondí mirando al techo. Ella dio un suspiro seguramente colmada. —Bueno, vámonos— Comentó adelantándose. —Ya la escuchaste— Grité a Apolo. Él corrió detrás de nosotros. «Sinceramente no puedo sentir lástima por él». Ya al aire libre Emma se encargó de guiarnos, era gracioso estar afuera pues la gente nos miraba con cierto asombro. Supongo que era poco usual vernos a los tres al mismo tiempo. Mientras caminábamos silbaba una canción para hacer de nuestra unión menos aburrida pero daba igual, podía sentir el enorme enojo de Emma a kilómetros y lo miserable que se siente el pobre de Apolito. «Si me escucharán esto no hubiese sucedido». Llegamos finalmente a la plaza de espejos, un lugar lo suficientemente bueno como para dar fin a esta historia, en realidad me sorprendía, Apolo es de los que menos tiempo a pasado con nosotros, eso sin duda me alegra el doble, aunque me entristece pensar en que mi felicidad posiblemente no duré para siempre. —¿Qué hacemos aquí?— Preguntó Apolo colocándose alado de mi. Emma ni siquiera se molestó en responderle, solo se metió en ese laberinto de espejos. —Digamos que este es un buen lugar para hablar las cosas, así que aprovéchalo— Dije al viento para luego también adentrarme a ese extraño lugar. Ya adentro perdí de vista a los otros, estar aquí era extraño, había pasado tiempo desde la última vez, observé mi reflejo en cada uno de ellos, daba un poco de escalofríos estar rodeado, aunque todos fuesen yo. «¿Qué tenía en la cabeza cuando creó este lugar?». —Liam— Escuché que susurraban mi nombre. Voltee de inmediatamente pero no había nadie, mire a todas las direcciones y al no encontrar a nadie pensé que tal vez Emma o Apolo habían gritado mi nombre. Lo dejé pasar y seguí adelanté, me puse a pensar en si esos dos enserio lograrían resolver su problema o este sería el fin de este náufrago. Recordé lo triste que debe sentirse Emma en estos momentos pero era un dolor momentáneo, luego la consolaría, le daría todo mi cariño para que volviese hacer ella y así pueda perder nuevamente su tiempo con alguien más. —Liam— Volvieron a repetir. Me detuve está vez mirando a todas partes. —¿Hay alguien ahí?— Grité. De la nada un extraño zumbido comenzó a escucharse, los espejos se empezaban a ver distorsionados, caí al suelo gritando del dolor. «Maldición». Por alguna razón pude ver una pequeña recopilación de mi pasado, de su pasado, todos ellos decían mi nombre, me rodeaban y me culpaban por lo acontecido, mis manos de mancharon de rojo similar a la sangre o posiblemente eso era. —Esto no es real— Dije con la respiración agitada. A mi mente cruzó un pequeño cortó de acontecimientos, no entendía nada y la cabeza estaba apunto de explotarme. —¡Liam!— Exclamó Emma logrando que volviera en si. Apolo. Después de los extraños gritos que comenzaron a escucharse corrí hasta llegar a este punto dónde estaba Liam tirado en el suelo gritando, sangrando por los oídos, al hablarle Emma este parecía volver a la normalidad, mirándome primeramente a mi, pareciendo que lo único que tenía en mente era matarme. Tragué grueso, deseando que esto no se volviera una escena de asesinato. Me acerqué a él decidido a no seguir quedándome atrás. —Te ayudaré. Él me miró pero no rechisto, se miraba más manso, eso sí que me aterraba. —Vayamos por algo de beber, así podrás limpiar tus oídos— Comentó Emma sonando preocupada. Salimos de este curioso lugar dirigiéndonos a aquella tienda de malteadas que visitamos el otro día. «Enserio pareciera que ha pasado mucho tiempo». Liam se soltó caminado por su cuenta. Liam. —Yo iré por las bebidas— Dije aún un poco desorientado. Adentró de la tienda uno de los camareros chocó conmigo derramando la malteada en mi franela. Tense la mandíbula lo suficiente como para no golpearlo. —Señorito Evans, lo siento mucho, tomé— Dijo tartamudeando quitándose la camiseta para entregármela. —¿Crees que con eso basta?— Respondí alzando la voz. Él levantó la cabeza y comenzó a sonreír, quitándose toda la ropa. —¿Desea algo más que mi ropa? — Preguntó tocándose seductoramente todo su cuerpo. «Cálmate, no lo digas, recuerda no ser malo con ellos». Cerré mis ojos y intenté alejarme de él pero comenzó a seguirme repitiendo mi nombre. —Señor Evans, quiero hacerlo feliz, quiero verlo sonreír— Repetía Una y otra vez interponiéndose en mi camino. «!Maldición!». Abrí los ojos agarrándolo del brazo apretándose tan fuerte que en cualquier momento se quebraría. —¡Liam!— Exclamó Apolo entrando. —Fuera de aquí Apolo— Dije. —¿Qué le estás haciendo?— Preguntó extrañado. —Que te vayas— Grité. Emma. Los cuervos volaron al escuchar ese fuerte gritó, algo no estaba bien, Liam por supuesto había perdido el control, al salir Apolo, su cara fue quien me lo confirmó. Él se acercó a dónde me encontraba, tomó asiento y se quedó por un momento en silencio. —Emma… Recosté mi cara en la mesa evitando tener que escucharlo. —Lo siento Emma, en serio no fue mi intención— Comentó arrepentido. —¿No fue tu intención ser como los demás?— Pregunté con la voz quebrada. Apolo no Respondió inmediatamente, espero un lar de segundos para decir… —¿A qué te refieres?. —No es nada— Contesté. —¿Quiénes son los demás?— Preguntó demandando una respuesta. —Eso no importa— Respondí queriendo darle un fin a la conversación. —A mi me importa— Replicó alzando la voz. —¿Por qué?— Grité exaltándome. Cuando levanté la cabeza me di cuenta de que Liam ya está sentando a un lado de nosotros. Apolo agachó la cabeza y con un tono bajo contestó. —Porque tú me importas y quisiera no verte así. —Me engañaste— Dije dolida. —Lo sé y lo siento. —No puedo confiar en alguien que me oculta cosas, eres como los demás— Repetí. —Deja de decir eso. —¿Te duele?— Pregunté con el corazón roto. —Por supuesto, no fue mi intención… —Nunca lo es— Murmuré— ¿Al menos pensabas contármelo?. Apolo se quedó callado respondiéndome con su silencio. —Por supuesto que no, siempre es lo mismo ¡¿Por qué no dices de una vez tus malditas intenciones?!.. —Emma— Decía en voz baja Liam intentando calmarme. Tomé de la barbilla a Apolo levantando su mirada. —Dime que me quieres follar para luego desecharme, dilo— Grité con el corazón en la boca. —¡Emma!— Repetía Liam. —Perdóname Emma— Contestó Apolo dejando caer sus lágrimas. Cerré los ojos para contener el llanto, cuando los volví a abrir unos hombres con máscara de gato y trajes de n***o aparecieron detrás de Apolo tomándolo del brazo. —¡Emma!— Repitió con fuerza Liam. Sin saber que hacer me levanté y salí corriendo de allí, no quería ver lo que sucedería, no quería sentirme culpable por lo que se aproximaba. Durante el camino Liam me alcanzó agarrándome con fuerza del brazo para detenerme. —¿En serio dejarás que se lo lleven?— Preguntó alzando la voz. La gente a nuestro alrededor comenzó a rodearnos, sonriendo y gritando nuestros nombres en simultáneo. —¿Por qué te importa tanto?— Pregunté sin verlo a la cara. —¿Si fuera yo también dejarías que me lleven?— Preguntó apuñalando mi corazón. —No me preguntes eso por favor— Supliqué. —Respóndeme Emma. Podía sentir como la mano de Liam temblaba, era extraño pero podía asegurar que Liam sentía miedo. —¿No harás nada por Apolo?— Preguntó una vez más. Me quedé en silencio tratando de no pensar en nada. Liam me soltó, lo mire por un instante observando la decepción que proyectaban sus ojos. «Perdóname». Liam salió corrió de regreso en busca de Apolo, yo me quedé ahí, me lance en el suelo derramando mis lágrimas mientras los aldeanos pedían en mi nombre. El cielo cambio de color y de la nada comenzó a llover. —Se está acercando.
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