Ruby.
Me desperté temprano para salir a caminar un rato, necesitaba un poco de aire y mas con lo sucedido anoche.
Tomé una ducha con agua caliente y baje a la florería dónde estaba la señora Harrigan regando las flores.
—Buenos dias— Dije en voz baja para no asuatrla.
—Buenos días querida— Contestó con alegría— ¿Vas a salir?— Preguntó volteando a verme.
Ella tal vez no se estaba dando cuenta pero estaba mojando el suelo.
—Si, saldré aprovechando que no hay casi nadie a esta hora por las calles para hacer un poco de ejercicio— Respondí con una leve sonrisa.
—¿Crees poder pasar por la panadería y traer leche? Se nos acabó y sabes que a tu hermana le encanta el cereal con leche— Dijo mirándome fijamente.
No me gustaba verla mucho a los ojos, la señora Harrigan tenía una mirada un tanto vacía, a veces podía causar miedo.
—Claro— Respondí pasando por un lado— Regreso enseguida— Dije saliendo con apuro de allí.
La luz del día apenas comenzaba salir, el pueblo por la mañana suele estar helado tanto que el aliento era visible.
Caminé unas cuantas cuadras hasta llegar a la panadería, era realmente cómodo salir a estás horas del día.
Al entrar me atendió un joven, seguro hijo del panadero, después de todo aquí los trabajos son algo que se heredan, es difícil obtenerlos si no tienes relación con las personas que lo ejercen.
—¿En qué la puedo ayudar?— Preguntó.
—Llevare leche y una bolsa de pan— Respondí sacando mi monedero.
Él se fue velozmente en sus patines para al rato colocar sobre el mostrador mi pedido.
—Espero esto sea suficiente como para tener la dicha de que vuelva— Su alago era realmente muy bueno, me sorprendía lo bien que los preparan hoy en día.
—Gracias por el alago comercial pero realmente no es necesario, es la única panadería en el pueblo, es obvio que tengo que volver— Dije arqueando una ceja para luego entregarle el dinero y tomar mis cosas.
No obtuve respuesta del chico, tal vez era poco usual que alguien respondiera de forma tan directa.
De regreso saque un pan de la bolsa, al meter la mano me di cuenta que había puesto servilletas lo que me extrañó un poco pues no era común que sucediera esto.
Al sacarlas me di cuenta que estaban ralladas, en ellas había un mensaje.
«Que extraño ¿Se habrá equivocado?« Pensé al leerlo.
Nota: Veámonos al atardecer en la colina de las nubes.
Era un curioso lugar de encuentro, muy alejado de todo así que tenía un poco de sentido, lo que no tenía para nada sentido es que me lo escribiera a mi.
«Ni siquiera lo conozco».
Al llegar a casa, lleve las cosas a la cocina, bote la servilleta en el contenedor de basura y me dirigí al cuarto donde encontré a la loca de mi hermana haciendo desastres en su cara.
Me contuve para no decirle nada, era mejor evitar otra discusión.
Me acosté en la cama pensando aún en la nota.
—¿A dónde habías ido tan temprano?— Pregunto Aurora.
—Fui por pan y leche— Contesté mirando al techo con la cabeza en las nubes.
Aurora se levantó y salió del cuarto seguro para ir a zacear su apetito.
Por mi parte me encontraba tan pensativa que ni siquiera podía sentir hambre, era estresante.
Me levanté de golpe pensando en que tal vez debía ir a enfrentarlo, preguntarle por que puso esas servilletas en mi pedido, tal vez sea un acosador, tal vez este loco.
Muy bien, ahora era yo quien estaba enloqueciendo, me mire en el espejo de la peineta notando lo desaliñada que me encontraba.
—Es imposible que esto me suceda a mi — Murmuré fatigada.
—¿Qué te suceda que cosa?— Preguntó Aurora entrando nuevamente al cuarto con un pan en la boca.
—No es nada— Contesté.
—¿Segura?— Preguntó insistiendo.
—Segura— Respondí saliendo de la habitación para evitar sus preguntas.
Aun no podía contárselo a nadie, no hasta saber la verdad.
Quién este chico y que quiere de mi.
En mi cabeza retumbaba la idea de ir.
«Tal vez así pueda conseguir respuestas».
Bajé a la florería y me senté en un taburete, miré una de las flores más cuidadas por la señora Harrigan, ella dice que tiene el poder de aclarar la mente y eso pensé que podría hacer conmigo pero no sucedía absolutamente nada, solo estaba rogándole a esa flor que respondiera mis preguntas.
«Que tonto es esto».
Me puse de pie frustrada ante está incógnita, suelo ser sensata pero está situación me hacía querer arrancarme el cabello.
—Querida ¿No comerás?— Dijo apareciendo detrás la señora Harrigan.
Me acomodé de enseguida disimulando que nada estaba sucediendo.
—No, realmente no tengo hambre.
—Deberías, a tu edad es bueno cuidarse de cualquier enfermedad— Comentó acercándose a la flor para acariciarla.
—Tiene razón pero prefiero esperar al almuerzo, por los momentos saldré nuevamente, iré a dónde Emma, me he acordado que habíamos quedado en vernos hoy— las palabras salían rápidamente de mi boca.
—Esta bien querida, mándale mis saludos a nuestra querida Emma pregúntale cuando volverá, quisiera verla más seguido y cuídate, nos veremos en un rato.
—Entendido, le haré llegar su mensaje— Contesté saliendo de ahí.
Debía admitir que lo que estaba haciendo era muy descabellado tanto como mi cabello, ni siquiera me tomé la molestia de acomodarme, estaba hecha un lío.
Llegué con mucho tiempo de anticipación a la montaña, por supuesto que ir a dónde Emma era una excusa, no podía contarle a la señora Harrigan sobre este muchacho, posiblemente me desterraría.
Aunque fuera una idea equivocada seguramente lo tomaría conque me vería con mi novio y aquí las relaciones son más superficiales que la misma gente, si llegas a relacionarte de menor valor que tú entonces pasas a ser la manzana dañada del pueblo, tal vez por eso Aurora está tan obsesionada con Liam, de seguro solo busca encajar.
Tome asiento en una enorme piedra que ahí yacía, miré el paisaje el cual era realmente hermoso, desde esa altura se podía contemplar todo el pueblo, aún no comprendía porque el nombre si las nubes seguían estando tan lejos.
Varias veces me cuestione su estaba haciendo lo correcto, ese muchacho seguramente se ha equivocado o tal vez era una broma, esto no podía ser cierto.
«¿Cuál es mi verdadero temor?».
No entendía porque me daba tan mala vida por algo tan tonto como esto, fuera lo que fuera solo tenía que aclarar las cosas y dejarlo pasar, solo estoy pensando de más.
Tomé un poco de aire estresándome por lo lento que pasa el tiempo.
«Me preguntó que haría Emma en mi situación».
«Seguramente no haría nada». Me reí al pensarlo, es cierto que a veces podía ser un poco cruel con ella pero Emma se lo busca, ella misma decidió complicarse la vida con esos dos o tal vez solo sea yo que no pueda entender su extraña forma de vivir.
Tal vez soy yo quien está mal y vivo en una ilusión, siempre he evitado cualquier problema, eso no está mal pero en cierto punto tampoco está del todo bien.
Me desanimé un poco al generar conflictos conmigo misma, me acosté sobre la grama y mire al cielo, al menos las nubes parecían estar agradecidas de que estuviese aquí.
Así fue como paso mi tarde, yo peleando conmigo misma para luego pensar en que no estaba tan mal y así nuevamente pelear otra vez conmigo.
Al llegar el atardecer me puse de pie, pensando en que él no vendría.
«Tal vez sea lo mejor».
Me decidí en regresar, ya era tarde y ya empezaba a sentir hambre, bajando la colina me crucé con él, me quedé inmóvil sin saber cómo actuar.
—Hola— Dijo sonriendo.
Podía notar su timidez.
—Me alegro que hayas venido— Comentó.
—Si, bueno quería saber que querías y por qué me escribiste eso— Respondí sonando un poco grosera
—Eso... Quería verte a solas porque quería confesarte que siempre te he visto pasar por la panadería.
—Eso es raro pero me alegra que solo sea eso y nada más— Respondí sintiendo un enorme alivio en mi interior.
Él bajo la cabeza sin decir nada más, yo di por terminada la conversación y pase por un lado para regresar a casa.
—Me gustas— Comentó en voz baja.
Me detuve en seco deseando haber escuchado mal, me volteé y un tanto molesta pregunté.
—¿Qué has dicho?.
Él volteó y con todo el valor del mundo respondió.
—¡Me gustas!— Gritó dejándolo muy claro— y... quiero que seas mi novia— Terminó por decir bajando un poco la fuerza de su voz.
—¿Ah?.