18.

1339 Palabras
En cuanto oyó el llamado a la puerta, se apresuró a abrir. - Hola - le indicó que pasara. - Hola, preciosa - se inclinó para besarle la mejilla, pero ella movió el rostro y besó sus labios. Michael le miró sorprendido. - ¿Y la niña? - - Ya está en la cama - - No te pregunté qué querías comer, pero recordé que te gustan los emparedados de este restaurante - - Sí, me encantan - tomó la bolsa y le señaló la cocina - Tenía mucho tiempo de no probarlos. Gracias - Mientras ella sacaba los platos, Michael dio una mirada al lugar. Había algunos juguetes desperdigados por el salón y fotografías de Alexis en las paredes, pero ninguna de Alexander. - ¿Qué pasa? - Tonya le miró con curiosidad. - Nada. Es la primera vez que me invitas a tu apartamento - - ¡Oh! ¿En serio? ¿Nunca habías venido? Vivo aquí desde que mamá se casó…. - No, nunca te visité aquí - respondió él. - Bueno, bienvenido, entonces - Tonya sonrió y le indicó que tomara asiento - Gracias por jugar con Alexis - comentó mientras daba una mordida a su emparedado - Estaba muy entusiasmada - - Es una niña maravillosa - - Sí, lo es. Es curiosa y muy observadora. Me sorprende a cada momento - - Creo que su personalidad es muy parecida a la tuya, aunque físicamente no se parece tanto - comentó él. - ¿Lo crees así? - - Al menos hasta el momento, esa es la impresión que me da. Se parece mucho a Alexander, pero tiene tu sonrisa - Tonya se puso seria y luego, tratando de rehacerse, comentó: - Mamá dice que se parece a ella - y trató de sonreír. - Por los ojos verdes, supongo - Ella asintió. - Habrá que esperar que crezca un poco más - dijo él, pensativo - ¿Ya va a la escuela? - - Sí, comenzó el preescolar este año. Va a la misma escuela que asisten Erick y Esmeralda. Recibe algunas pocas horas de clase y también tienen servicio de guardería, así que es muy conveniente para mí - Tenían un buen rato conversando sobre la niña, cuando se escuchó una puerta abrirse y ella se acercó. - Mamá, no puedo dormir… Se detuvo al ver a Michael. - ¡Oh! ¡Estás aquí! - - Alexis, debes ir a la cama - Tonya se puso de pie para llevarla a su habitación. - No puedo dormir… - protestó la niña y se volvió al hombre - ¿Me lees un cuento? - - Alexis, no molestes a Michael. Vamos, te llevaré a la cama - dijo Tonya algo tensa. - ¡Por favor! - la niña ignoró a su madre - ¿Me lees un cuento? - - Con gusto - él se puso de pie y la niña le mostró la mejor de sus sonrisas. - Vamos, vamos. Tengo muchos libros - le tendió la mano y le indicó su habitación. - Michael, no… - trató de decir Tonya. - No te preocupes, será solo un momento - Los vio desaparecer en la habitación y se quedó allí, en medio de la cocina, paralizada. No entendía por qué su hija se comportaba así. No podía negar que le enternecía ver a Michael tan dulce con ella, pero no se sentía del todo cómoda. Se acercó lentamente, sin hacer ruido y encontró a la niña en su cama, siguiendo atenta la lectura que Michael hacía en voz baja. No había leído más que unas páginas y ya Alexis estaba profundamente dormida. Él cerró el libro y la contempló por un momento. Luego, acarició su cabello con ternura. Tonya retrocedió y se dirigió a la cocina. Sentía un nudo en la garganta. Se apresuró a recoger los empaques vacíos y de reojo vio que él se acercaba. - Déjame ayudarte - dijo tomándola por la cintura. - No, está bien. Ya casi acabo - - Estás tensa - dijo él con tono firme - Lo siento, no quise molestarte - - No me molesta - respondió ella volteándose para mirarlo - Solo me desconcierta el comportamiento de Alexis… Parecer ser que le agradas - y trató de sonreír. - Ella también me agrada - dijo él suavemente, acariciando su rostro. - Sí, pero no quiero que te sientas obligado a aceptar sus caprichos - - Tonya, no me molesta, en lo absoluto. Pero si crees que me estoy sobrepasando… - No, no - le detuvo rápidamente - Es solo que no te imaginaba muy aficionado a los niños - - No lo soy… Es decir, no suelo tener oportunidad de relacionarme con niños pequeños, así que no sé de juegos, ni personajes de caricaturas… - Pues te sale natural - murmuró ella. - Bueno, creo que si le simpatizo a Alexis podré ganar algunos puntos con su madre - replicó Michael con un guiño. - ¡Oh! ¡Ya veo! Hay un interés detrás de todo esto - - Sé que Alexis es lo más importante para ti, así que también lo es para mí - - ¿Lo dices en serio? - le miró con grandes ojos. Él asintió. - Creo que ganaste algo más que unos puntos - murmuró estrechándose contra él. Michael la rodeó por la cintura y la besó. De inmediato, ella rodeó su cuello. La empujó contra la encimera mientras sus manos se deslizaban bajo su blusa, acariciando su espalda y ella enterró sus dedos en su cabello. No supo cuánto tiempo estuvieron besándose, pero cuando él se separó, su respiración estaba agitada y entrecortada. - Debo irme - murmuró él, rozando su mejilla con los labios - O no podré contenerme - Ella no respondió. Se aferró a él, como si temiera que la dejara. - Debes descansar - agregó él. - Sí, es tarde. Es desconsiderado de mi parte retenerte aquí. Tú también debes descansar - - No cuando estoy contigo - - Si sigues diciendo esas cosas no podré dejarte ir - murmuró Tonya con una sonrisa. - Nada me gustaría más que poder pasar la noche contigo, pero sé que no es el momento - acarició su cabello - Tal vez… más adelante… - Sí… Eso me gustaría - Se separaron con cierta reticencia y lo acompañó hasta la puerta. - Conduce con cuidado, por favor. Escríbeme cuando llegues a tu casa, solo para estar tranquila - Él asintió y una vez que el auto dejó el edificio, aseguró la puerta y apagó las luces. Se asomó al dormitorio de Alexis, que dormía profundamente y pasó a su habitación. Estaba ya en la cama cuando recibió la notificación de su mensaje. De nuevo ese vacío en su interior la invadió. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué estaba sucediendo entre ellos? ¿Podía imaginar a Michael a su lado? ¿Al lado de Alexis? Sí, sí podía. Lo había visto solo unos momentos atrás, cuando él le leía el libro a la niña como si hicieran eso todas las noches. Pero él no quería una relación o hijos. No lo quería hace diez años, no lo quería ahora… Es solo que ellos tenían esta conexión… Esta atracción, como dos imanes, esa fuerza que empujaba el uno hacia el otro sin poder detenerla… Pero era solo eso. De todas formas, ella no pensaba en una relación… Ni con él, ni con nadie más. No se sentía lista. Nunca estaría lista. Aun cuando pasara el tiempo, nada ni nadie sería capaz de llenar el vacío que la partida de Alexander había dejado. Cuando estaba al lado de Michael podía olvidar el dolor, la ira, la soledad. Podía pretender que era una mujer normal, pero todo lo que él ofrecía era eso: unas horas… una fantasía. Una fantasía. Eso era Michael. Ella lo sabía. Siempre lo supo. Se lo había dicho a Alexander: Michael era el sueño. Alexander era la realidad… y ahora él se había ido.
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