Iniciar con un “¿cómo estás?” no parecía lo más adecuado.
- Es una niña hermosa - dijo al fin con voz grave.
Tonya se limitó a asentir.
- Lamento… Espero que no le vaya a causar problemas que le diera las galletas - se sentía inquieto por la tensión en el rostro de la joven.
- Lo hace todo el tiempo - habló al fin, exhalando un suspiro - Estoy segura de que Franco tiene algunas ocultas junto a la parrilla -
- Él adora a la niña… Lidia también -
Tonya volvió a asentir y se hizo un pesado silencio.
- Es bueno verte, Tonya - murmuró él.
Ella alzó la cabeza. Había algo extraño en sus ojos.
- ¿En serio? - su tono era frío.
- Sí, claro - respondió él, sorprendido - Me alegra verte -
- Es difícil de creer - replicó ella entre dientes - de una persona que desapareció de mi vida por diez años -
- Tonya… - se había quedado sin palabras.
Ella retrocedió dos pasos. Parecía hacer un esfuerzo por contenerse. Oprimió los puños y sin decir palabra, dejó la cocina.
Michael se tomó unos momentos para serenarse. No esperaba que ella reaccionara así.
Volvió al patio, dejó la hielera y se acercó a Franco para despedirse.
- ¿Qué? ¿De qué hablas? - le miró con sorpresa - Pero es muy temprano…
- Lo siento, debo irme - le palmeó el hombro - Gracias. Disfruté mucho de volver a verlos, chicos -
- Michael, dime qué pasó - Franco siempre era afable, divertido y bromista, pero al ver a su amigo, se había puesto serio.
- Hablamos luego -
Se despidió rápidamente del resto del grupo, sin acercarse a donde Tonya se encontraba. Solo hizo un gesto a Maya y Eduardo antes de salir de la casa.
Subía ya al auto cuando oyó que le llamaban. Tonya se detuvo frente a él.
- Tengo que hablar contigo - dijo con voz ahogada.
- No aquí, Tonya -
Ella dudó.
Michael buscó su cartera y le tendió una tarjeta.
- Llámame - ella no parecía tener intenciones de tomarla - Cuando quieras, a cualquier hora y hablaremos -
Ella tomó la tarjeta y la observó.
- Esto no es de la empresa… - leyó la información.
- Hace varios años dejé la empresa y cree una firma consultora con un colega -
El rostro de la joven se tensó aún más.
- ¡Claro! Cómo iba yo a saberlo… - le lanzó una mirada y dando media vuelta, volvió a la casa.
-0-
Bajó a Alexis del auto sin que la niña se moviera. Las tardes en casa de Franco siempre la dejaba exhausta.
Una vez que la dejó en su cama, se dirigió a la cocina y preparó un té.
Apoyó la cabeza en las manos. No había esperado que ver a Michael le afectara tanto. Le había tomado mucho esfuerzo contenerse para no iniciar una discusión allí mismo, para no reprocharle que hubiese desaparecido de una forma tan repentina, luego de todo lo que habían vivido.
¿Qué pretendía? ¿Qué importaba ahora?
Sí, Michael había sido importante para ella. Fue el primer hombre en su vida, un gran amigo y maestro, pero el tiempo había pasado, no tenía sentido reclamarle ahora… Su tiempo juntos había quedado atrás en el momento que ella tomó una decisión. Ella eligió a Alexander e hizo una vida con él. Cada uno tomó su camino, siguió adelante con su vida… ¿Qué esperaba ahora? ¿Que él se disculpara? ¿Y luego qué? ¿Eso le haría sentir mejor? No. No cambiaría nada.
Bebió el té y trató de recuperar el control. Cerrar la puerta a esos pensamientos. Durante un año había luchado cada día, cada segundo, para seguir adelante y no dejar que sus sentimientos tomaran el control de su vida y así debía continuar.
Estaba segura que recién había cerrado los ojos cuando el despertador sonó.
Dejó a Alexis en la guardería y dedicó la mañana a realizar algunas diligencias.
A eso de las once, mientras aguardaba que el semáforo cambiara a verde, impulsivamente tomó su teléfono y marcó el número. Sí, la noche anterior lo había registrado en su teléfono.
- ¿Hola? - no había timbrado más de dos veces cuando él respondió.
- Michael, soy yo… - murmuró con voz apenas audible. Esta había sido una mala idea.
- ¿Tonya? Hola -
- Hola -
Se hizo un silencio. Ella había llamado, ella debía hablar.
- Yo… ¿estás ocupado? Me dijiste que podía llamar…
- Así es, te dije que podías llamarme en cualquier momento… Tengo una reunión en unos minutos, pero no demoraré mucho. ¿Puedes venir? Podemos almorzar juntos, si te parece bien -
- Si tienes una reunión, prefiero no molestar…
- Es algo rápido y aquí podremos conversar sin interrupciones - añadió él.
- Está bien - dijo ella poniendo en marcha el auto.
- Te enviaré la dirección - dijo Michael y sonaba aliviado.
En cuanto colgó recibió el mensaje con la dirección y activó el navegador en su teléfono.
El edificio frente al que parqueó era un complejo de oficinas muy elegante, de diseño industrial en concreto y hierro.
La firma de Michael estaba en el tercer piso y a medida que avanzaba por el pasillo, se arrepentía de su impulsividad, pero ya estaba allí. Lo mejor era enfrentarlo y ya. Sería una mujer madura y centrada, completamente capaz de tener una conversación civilizada y seria con el hombre que fue su primer amor.
Se detuvo ante ese pensamiento. ¿Primer amor? Sintió una punzada en el estómago.
Encontró la recepción vacía. Tal vez era la señal para huir, pero sus pies permanecían clavados en el piso. Luego de unos instantes, exhaló un suspiro y tomó asiento en la sala de espera.
Unos minutos después, una joven salió de una puerta aledaña y le miró con curiosidad.
- Buenas tardes - Tonya se acercó tímidamente - El señor Michael Meyer me espera -
- ¡Oh! - la sorpresa de la mujer aumentó - Veré si está disponible -
- Gracias -
- ¿Su nombre? -
- Tonya Ferreira -
La mujer desapareció por el pasillo y ella comenzó a pasearse por el espacio.
Tan solo unos instantes después, vio a dos hombres de traje salir de una oficina y tras ellos, la recepcionista. Se dirigió a donde ella se encontraba y le indicó que le siguiera.
Cruzaron frente a varias puertas hasta que la mujer se detuvo en una que en ese momento se encontraba abierta y le indicó que pasara.
- Gracias - murmuró Tonya y dio dos pasos dentro de la habitación.
Era un espacio muy amplio. Cerca de la puerta, un área para sentarse con un sofá oscuro y una mesa de centro de madera y sobre de cristal. Contra la pared, un librero y al fondo, de cara a la puerta, un escritorio en ese momento vacío.
De una puerta lateral salió Michael. Dejó el saco en el perchero e hizo un movimiento con el hombro.
La puerta de la oficina se cerró tras Tonya y eso hizo que él volteara la cabeza.
- Hola - trató de sonreír - ¿Esperaste mucho tiempo? -
- No, solo unos minutos - respondió ella sin moverse.
- Gracias por venir - se acercó - Por favor, toma asiento - y señaló el sofá.
Ella aceptó la sugerencia y ocupó el sofá más largo, mientras él se sentaba frente a ella en una silla.
- Me tomé el atrevimiento de ordenar el almuerzo, espero no te moleste -
- Está bien. En realidad, no tengo apetito - murmuró Tonya paseando la mirada por el espacio. Sentía que Michael la observaba, pero no tenía el valor para verlo a los ojos.
- Es un lugar muy elegante - comentó luego de un momento de silencio, tratando de aliviar un poco la tensión - ¿Dices que tienes algún tiempo aquí? -
Él asintió.
- ¿Qué pasó con la empresa? Creí que estabas bien allí. Es decir, tenías muchos años con ellos -
- Sí, bueno… - Michael volvió a hacer el movimiento con el hombro - Se dieron una serie de eventos que me llevaron a hacer un cambio en mi carrera - se apoyó en el respaldar de la silla – Unos años atrás, un colega me comentó que quería independizarse y crear su propia firma consultora. Era un proyecto que venía evaluando desde hacía mucho tiempo e incluso tenía algunos nombres de posibles clientes. Aunque el proyecto me parecía muy interesante y él quería que me uniera, lo rechacé en ese momento. La verdad, estaba muy cómodo con mi posición… Pero luego, solo unos meses después, se anunció una reorganización en la empresa. Era una gran reestructuración desde la casa matriz en Londres y cubría todas las subsidiarias. Las nuevas condiciones no eran nada atractivas para los que teníamos muchos años de trabajar en la empresa. Ese fue el empujón final para que mi colega decidiera dejar la empresa y concretar su firma. Luego de reflexionarlo por un tiempo, llegué a la conclusión que era hora de un cambio y acepté -
- Debo confesar que me sorprende que luego de tanto tiempo, decidieras emprender un proyecto tan ambicioso - comentó Tonya y lo miró un momento.
- Sí, supongo que no parece ser muy propio de mí tomar ese tipo de riesgos, pero como te digo, se dieron las circunstancias –