4.

1669 Palabras
Tonya permaneció pensativa. El llamado a la puerta les permitió romper el silencio. La recepcionista entró con los almuerzos. - No me pases llamadas. No quiero ningún tipo de interrupción - La voz firme y grave de Michael hizo que la piel de Tonya se erizara. Despejó la mesa y colocó frente a ella una serie de platillos y le permitió elegir. Realmente estaba demasiado nerviosa para comer, así que eligió una ensalada César y una bebida. - ¿Y cómo marcha todo? - dijo Tonya luego que el silencio se extendiera por un espacio que se volvía incómodo. - Ha sido un reto. La dinámica de una consultoría es muy diferente al trabajo de planta - explicó Michael - Pero ha sido muy interesante y una gran oportunidad para explorar otra faceta de mi profesión - - Eso suena muy bien - murmuró ella con una débil sonrisa. - Los primeros años fueron difíciles, pero creo que hemos llegado a consolidar una firma destacada - - No podría imaginar que fuera de otra manera - Michael la observó. - ¿Y tú? ¿Qué hay de tu trabajo? - Tonya se movió inquieta en el sofá. - Bien, supongo. Empiezo la próxima semana - - ¿Cómo? ¿Dejaste la clínica? - él se irguió, sorprendido. - Sí… necesitaba un trabajo con horarios más flexibles… Alexis está en una guardería, pero en un mes inicia el preescolar. Y yo… bueno, no quería atarme a un trabajo de tiempo completo - le miró con timidez. Él se veía algo preocupado, así que se apresuró a agregar: - Conseguí un buen puesto en un hotel - Su expresión no cambiaba y sintió la imperiosa necesidad de seguir hablando. - Es un trabajo de medio tiempo, con horarios variables, pero principalmente por las mañanas - - Pero… ¿medio tiempo? - Michael al fin se atrevió a hablar, aunque temía que ella lo tomara mal. - Pagan muy bien. Casi tanto como lo que ganaba en la clínica, así que está bien para mí - Él asintió, no muy convencido. Terminaron el almuerzo en silencio y luego de apartar su plato, Tonya exhaló un suspiro. - Estoy enfadada contigo, Michael - dijo lentamente, la mirada fija en sus manos que descansaban sobre su regazo. - Sí, tu actitud fue muy evidente ayer - Nuevo silencio. Tonya alzó la mirada. Él permanecía inmóvil. - ¿Eso es todo? ¿No dirás nada más? - sintió que la rabia volvía a apoderarse de ella. - No voy a tratar de adivinar ni voy a asumir qué es lo que piensas o sientes, Tonya. Quiero que hables libremente y me digas lo que tienes que decir - - Ahora me tratarás como si fuera una niña - - Jamás haría algo así. Lo sabes - - No, no lo sé. No sé quién eres ahora. Te volviste un desconocido para mí, Michael… Desapareciste por diez años - Él no respondió. - Después de todo lo que pasamos… Después de todo… - su respiración era entrecortada - Simplemente te alejaste y no volví a saber nada de ti - - Creí que era lo mejor, Tonya - - ¿Lo mejor? ¿Lo mejor para quién? - - Lo mejor para todos - - Creí que eras mi amigo… Me dijiste una y otra vez que siempre podía contar contigo… No lo sé, supongo que luego de lo que hizo Flora te hartaste de mí - - Sabes bien que no es cierto - - Entonces… ¿por qué? - Michael se movió incómodo en la silla. Miró a Tonya y luego desvió la mirada. Parecía dudar sobre cuál era la mejor manera de responder. Finalmente, se puso de pie y se sentó en el mismo sofá donde ella se encontraba, pero dejó suficiente espacio entre ellos. - Sabes… Sabes cómo se sentía Alexander respecto a mí - dijo lentamente y observó con atención como el rostro de la joven se tensaba al escuchar el nombre de su esposo - Luego de lo que te hizo Flora, él se sentía culpable… Después de todo lo que Alexander y tú vivieron no quería que mi presencia generara más tensión entre ustedes - - Él estaba haciendo un esfuerzo… - dijo con dificultad. Hablar de ese capítulo le era doloroso - Él sabía que no había razón… - no pudo acabar la frase. - Pero él no estaba bien. Lo que Flora hizo le impactó y su actitud te estaba lastimando - Ambos se miraron un momento. Ambos recordaban como ella pasó dos días sin tomar sus medicamentos, sin acceder a dormir para poder ver a Alexander, que se negaba a visitarla. - Una vez que Flora fue detenida, que tú estabas recuperándote, era hora que retomaran su relación, que siguieran adelante con su vida y por eso decidí hacerme a un lado - - Debiste hablar conmigo… ¿No merecía que mi opinión fuera tomada en cuenta? - Tonya descubrió en el rostro del hombre una expresión que nunca antes había visto. Creyó que era impaciencia, tal vez algo de molestia por su reclamo, pero no… era algo diferente. - Tonya… - Michael exhaló un suspiro - No te iba a poner en esa posición. No quería causar más problemas entre Alexander y tú - Cerró los ojos por un momento y respiró hondo. No quería hablar de Alexander. Cada vez que él pronunciaba su nombre, un dolor punzante irradiaba en su pecho. - Pero no solo te alejaste de mí… - murmuró con pesar - También te alejaste de los chicos. Dejaste de ir a los partidos, a casa de Franco…- - Bueno… no del todo. Seguí en contacto con Franco… y me encontré con algunos de los chicos en otros espacios. Es decir… no rompí los lazos por completo - - No, claro, solo se trataba de evitarme como si fuera una plaga - replicó con sorna. - Sabes que Eduardo no había superado su enfado hacia mí - - Muy infantil de su parte, tomando en cuenta que me salvaste la vida - replicó ella. Sacudió la cabeza y se puso de pie, dispuesta a retirarse. - Tonya, lo siento… - dijo él acercándose - No creí que te que afectaría tanto… Es decir, tenías a Alexander, una hermosa relación… No me necesitabas más - Su tono era grave y Tonya sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas. - Solo deja de excusarte, ¿de acuerdo? - dijo - No me importa lo que digas, no importa cuántas justificaciones tengas, eso no me hace sentir mejor - le miró un momento, pero él no se movió. - Debo irme. Gracias por tu tiempo, sé que estás ocupado - - Te acompaño - Mientras se dirigían a la puerta, oyó un leve crujido. Fue un sonido casi imperceptible, pero lo reconoció de inmediato. Se volteó rápidamente. - ¿Qué tiene tu hombro? - - ¿Mi hombro? - - Sí, tu hombro. He visto como lo giras. ¿Tienes dolor? - - No es nada, Tonya - - Sí lo es. ¿Desde cuándo estás así? - se acercó a él, pero no se atrevió a tocarlo. - No es nada… - Solo responde, Michael. ¡Cielos! - dijo con impaciencia. - Es esporádico. Cosas de la edad. A veces me molesta, luego de cierto esfuerzo - - ¿Hiciste algún esfuerzo recientemente? - - Hace dos semanas, en el gimnasio - dijo con reservas. - ¿Dos semanas? - repitió ella con enfado. Él asintió. - Déjame verlo - Michael retrocedió un paso. - No aquí… pero creo que si has pasado dos semanas así, debe ser muy doloroso - - No quiero causarte molestias - - No seas testarudo. Solo quiero revisarlo. Tal vez pueda recomendarte algo - - Te lo agradezco - - Puedo ir a tu casa, así será más cómodo para ti. ¿Cuándo podría ser? - - Cuando sea conveniente para ti - - No, lo digo en serio. No seas condescendiente conmigo. Debes tener reuniones y asuntos que atender - - No soy condescendiente. La ventaja de mi posición es que puedo tomarme ciertas licencias con mi horario cuando la ocasión lo amerita - - Bien - dijo ella. Sus defensas habían cedido un poco - Entonces puede ser mañana, si tienes disponibilidad - - Sí, mañana está bien. ¿A las cinco? - - A las cinco - asintió - ¿Tu dirección…? - - Es la misma - murmuró él. - Entonces te veo mañana - dijo, pero no se movió de su sitio. - Tonya… - dio unos pasos hasta quedar frente a frente. Ella alzó la cabeza para mirarlo. Odiaba sentirlo tan extraño y ajeno. De considerarlo casi un desconocido luego de que fueron tan íntimos. Su rostro no era el mismo, su cuerpo no era el mismo, la forma en que la miraba… Su olor… ¡por todos los cielos! Odiaba la colonia que usaba. Eran tan dulce y pesada… completamente diferente al aroma marino y ligero de diez años atrás. Él tocó su brazo suavemente, apenas una caricia ligera, como si temiera que ella lo rechazara, pero no lo hizo. - Gracias por venir… Sé que estás enfadada conmigo. Lo comprendo. Tienes derecho a estarlo. Solo quiero que sepas que jamás te lastimaría intencionalmente… No creí que alejarme te lastimaría tanto y realmente lo siento - Tonya rodeó su cintura y descansó el rostro en su pecho. Michael la rodeó suavemente y de pronto una sensación familiar volvió a ella. Su tibieza. La tibieza de su cuerpo que siempre la llenó de tranquilidad y seguridad. Exhaló un suspiro y solo se quedó allí, dejándose envolver por su cálida presencia. Por un momento, el dolor, el enojo, el cansancio desaparecieron. Michael la apartó suavemente y trató de sonreír. - Gracias por el almuerzo - murmuró Tonya, como si despertara de un sueño - Te veo mañana - - Nos vemos -
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