- Mami, ¿a dónde vamos? - preguntó Alexis mirando por la ventanilla.
- Debo hacer una vista corta, cariño. Será solo un momento y luego podemos ir a casa -
- ¿Ahí? - señaló el complejo de apartamentos.
- Sí, allí -
Se detuvo en la casetilla de seguridad y el oficial solo demoró unos instantes en franquearle el paso.
Mientras se dirigían al interior del edificio, se percató que sus manos sudaban.
A medida que avanzaba la mañana su ansiedad había ido en aumento y ahora tenía que poner todo su esfuerzo para que Michael no lo notara.
- Pórtate bien, ¿de acuerdo? - se inclinó para arreglar el cuello de su blusa una vez que se detuvieron ante el apartamento.
- Sí, mamá -
Se incorporó al oír el seguro de la puerta.
- Bienvenidas - dijo Michael con una sonrisa - Adelante -
- Hola - respondió ella con un gesto tímido y entró.
Dio una rápida mirada por el lugar. Algunos muebles habían sido sustituidos por otros de líneas más modernas y la distribución del salón había cambiado.
- ¡Oh! - la voz de Alexis le sacó de sus pensamientos - Eres tú… - miraba con curiosidad a Michael.
- ¿Lo recuerdas? - dijo Tonya - Su nombre es Michael, es un amigo de tío Franco –
- Sí, lo recuerdo - la niña sonrió - Galletas…
- Ese mismo soy yo - dijo él devolviéndole la sonrisa - Por favor, pónganse cómodas - señaló el sofá - ¿Desean algo de beber? -
- No, estamos bien - respondió Tonya y llevó a la niña al sofá - ¿Cómo está tu hombro? - preguntó sin mirarlo, mientras sacaba unos juguetes y se los entregaba a Alexis.
- Bien - se limitó a decir él.
- Quédate aquí - dijo Tonya a su hija con un susurro - y ten cuidado, hay cosas muy delicadas aquí -
- Sí, mamá -
- ¿Te gustaría ver televisión? - intervino Michael.
La niña asintió. Él tomó el control y se lo tendió a Tonya.
Lo tomó con algo de recelo y buscó el canal de caricaturas que Alexis prefería.
- ¿Está bien si vamos a tu dormitorio? - se volvió a él. Había tratado de que su tono fuera lo más serio y profesional posible, en medio de su nerviosismo.
- Adelante - respondió Michael de la misma manera.
Pasó de primera. ¿Cuántas veces había recorrido ese pasillo? Y ahora, esa sensación de familiaridad había desaparecido.
Solo se atrevió a dar dos pasos en el interior de la habitación: la cama era diferente, el diván… su diván favorito había sido sustituido por un sillón de diseño ultramoderno.
Se sentía decepcionada. No podía describirlo de otra manera.
- Bien, vamos a ver qué pasa con tu hombro - comentó tratando de sonar casual - Puedes quitarte la camisa y sentarte en el sofá -
Él obedeció sin decir palabra y ella le miró de reojo.
Se encontraba de espaldas y mientras tomaba la camisa sobre su cabeza, se podían distinguir claramente todos los músculos, mucho más definidos y su espalda más ancha de como lucían en el pasado.
Apartó esos pensamientos y fue hacia él. Bien, necesitaba que la Tonya profesional tomara el control.
- ¿Has tenido dolor hoy? - preguntó mientras sus manos se deslizaban por su hombro.
- No en realidad. No es dolor, exactamente… Usualmente es una molestia, aunque ocasionalmente sí me duele con más intensidad -
Ella no dijo nada y continuó palpando los músculos de la espalda.
- Creo que está algo inflamado… Debiste hacerte revisar en cuanto comenzaste a sentir molestias -
- No creí que fuera serio -
- ¿Pesas? - dijo sin más elaboración.
- Sí -
- Parece que le dedicas mucho tiempo al gimnasio. ¿Desde cuándo? -
- Inicié un nuevo plan hace algún tiempo -
Le hizo levantar el brazo y lo giró. De inmediato sintió como él se tensaba.
- ¿Te duele? -
No recibió respuesta.
- ¿Michael? - se inclinó para mirarlo.
- Un poco - dijo él casi sin aire.
- ¿Un poco? No tienes que jugar al macho conmigo. Necesito que seas sincero -
- Lo siento - sacudió la cabeza - Sí, sentí un tirón -
Le hizo bajar el brazo de nuevo y comenzó a masajear el área. Él permaneció quieto, callado, con la cabeza levemente ladeada y los ojos cerrados.
De pronto ella se detuvo.
- ¿Este es el hombro que te fracturaste hace diez años? - su voz era ahogada.
Se hizo un silencio por un instante, hasta que él respondió gravemente: - La fractura no sanó bien del todo… pero no me causaba demasiados problemas -
- ¿Por qué tu lesión no sanó bien? - su tono era más duro de lo que había deseado.
- Necesitaba volver al trabajo, conducir, seguir con mis actividades diarias…
- ¡Michael! ¡Era una lesión muy seria! - protestó ella.
- No, no era para tanto -
Tonya no replicó. Se sentía enfadada. ¿Por qué él no se había cuidado? ¿Por qué no pudo tomarlo con calma?
Pero de inmediato cayó en cuenta: durante su convalecencia tuvo muchas personas que la cuidaron. Sus padres, Maya, Jerónimo y Alexander estuvieron a su lado en todo momento para ayudarle a movilizarse, se aseguraron que siempre estuviera cómoda, que tuviera todo lo que necesitaba… Pero Michael… ¿Quién cuidó de él? ¿Quién estuvo a su lado todo ese tiempo?
Sintió una terrible opresión en el pecho.
- Necesito hacer un par de ejercicios - dijo suavemente - Va a doler, pero es necesario -
- Lo que tú digas -
Luego de los ejercicios, tomó un poco de loción en sus manos y comenzó a masajear su espalda.
- Estas lesiones son dolorosas - dijo con algo de reproche - Mucho más de lo que quieres reconocer. Es posible que luego de tanto tiempo te hayas acostumbrado al dolor, pero eso no es bueno, Michael -
Él no respondió. Prefería concentrarse en la agradable sensación de las manos de Tonya sobre él. Había subido hasta sus hombros y continuó por el cuello, para volver luego a la espalda.
Ella sonrió al percibir como el cuerpo del hombre se relajaba. Lo cierto es que su masaje había dejado de ser meramente terapéutico y se había convertido en una exploración de este nuevo cuerpo más fornido y abultado.
Nunca había podido resistirse a la atracción física que sentía por él. La había experimentado cuando lo vio por primera vez a los trece años, la experimentó a los dieciocho y ahora… a pesar de todo lo que había sucedido, de lo enfada que estaba, de cuánto él había cambiado, no podía negar que la atracción estaba allí.
Deslizó las manos por su pecho, se inclinó y su mejilla rozaba su rostro. Probablemente se había duchado, porque solo olía el jabón y aún así, era un aroma que la hacía desear hundir el rostro en el cuello, aspirar con fuerza y dejar que llenara sus sentidos.
- ¿Michael? -
Una voz femenina le hizo reaccionar rápidamente. Se incorporó y escuchó pasos que se acercaban.
Con el cuerpo en tensión, se apartó al tiempo que él se volteaba hacia la puerta.
- ¿Michael? - la voz se escuchaba más cerca y una figura no tardó en detenerse en la puerta - ¿Sabes que hay una niña viendo televisión en tu sofá? -
Tonya buscó una toalla y se secó las manos. La recién llegada era una mujer de unos cincuenta años, alta y delgada, de cabello castaño oscuro, ojos pequeños y negros y labios finos. Vestía un traje muy elegante y evidentemente caro.
Su rostro no era afable. De hecho, la miraba con algo de desprecio.
- ¿Qué haces aquí, Valentina? - Michael se incorporó lentamente y tomó su camisa.
- No te encontré en la oficina. Tenemos que hablar de la cuenta Saint Claire - respondió sin dejar de mirar a Tonya.
- Tonya - Michael se volvió a la joven - te presento a Valentina Aragón, socia de la firma… Valentina, ella es Tonya Ferreira, una amiga de hace mucho tiempo. Vino a revisar mi lesión -
- ¡Oh, claro! Mucho gusto - dijo la mujer, su tono sarcástico aún más marcado.
Tonya no respondió, ni siquiera se dignó a mirarla.
- Supongo que la niña es tuya - entró a la habitación y se detuvo al lado de Michael.
- Sí, es mi hija - respondió Tonya tomando su maletín - Me retiro -
- Déjame acompañarte - dijo él yendo tras ella.
Alexis estaba muy entretenida con el programa de televisión y apenas alzó la mirada cuando su madre se acercó.
- Vamos a casa, hermosa - susurró Tonya mientras recogía los juguetes.
Michael la observó. Era fascinante verla en su papel de madre. Ella había cambiado mucho. Bueno, diez años no pasan en vano y ella estaba en una etapa de vida muy diferente y luego de las experiencias del último año…
- ¿Te ayudo? - se acercó al ver que tomaba a Alexis de la mano.
- Estoy bien, gracias -
- Te acompaño afuera -
Se dirigieron en silencio al parqueo. Al verla detenerse ante el viejo auto, Michael frunció el ceño. Le ayudó con la puerta mientras Tonya hacía a Alexis subir a su silla.
- Entonces… ¿alguna recomendación? - dijo él cuando Tonya se incorporó.
- Creo que con algunas sesiones y compresas te sentirás mucho mejor, pero deberías ver a un médico -
- ¿Realmente es tan serio? -
-Tal vez no, pero no es bueno que sigas soportando el dolor… ¡Oh! Y será mejor que revises tu rutina de gimnasio -
- Bien… supongo que solo me estoy volviendo viejo. Tendré que empezar a tomar vitaminas y calcio -
- No digas eso - le lanzó una mirada de reproche - No se trata de la edad. Tu fractura era grave - su rostro se ensombreció y acarició su hombro - Lo siento -
- No. Debí prestar más atención a mi recuperación - respondió él con tono suave.
Era el mismo tono con que solía hablarle diez años atrás, con esa inflexión que solo usaba con ella, que le hacía sentir que era la única persona en el planeta.
- Bien. Ahora yo estoy aquí y me haré cargo - respondió mirándolo a los ojos.
- Gracias - murmuró Michael.
- ¿Crees que tengas tiempo en esta semana? ¿Tal vez el jueves? -
- El jueves me queda bien. ¿A la misma hora? -
- Sí, a la misma hora - esbozó una débil sonrisa - Lo mejor es que no hagas esperar a … tu socia - dijo y no pudo evitar que su rostro se tensara.
- Por favor, ve con cuidado. Avísame cuando llegues a casa -
- Sí, no te preocupes. Adiós, Michael - dijo dirigiéndose a la parte delantera.
- Adiós, preciosa -
Sintió como si un latigazo le recorriera todo el cuerpo. Tal vez no le tomó más que unos segundos rehacerse, pero sentía la urgente necesidad de salir de allí cuanto antes.