6.

1863 Palabras
Miró a Alexis por el retrovisor. El tráfico era pesado y el auto avanzaba lentamente. No podía dejar de pensar en esa mujer y en la forma en que la había mirado. Evidentemente, no era solo una socia. Había entrado a la casa sin llamar, así que posiblemente tenía llave. Bueno, si ella fuera la pareja de Michael no habría visto con agrado que una desconocida tuviera sus manos sobre su torso desnudo. ¿Por qué él no le había dicho que tenía pareja? Avanzó unos metros y volvió a detenerse. Bueno, quizás no se había presentado la oportunidad. No es que hubiesen tenido mucho tiempo para ponerse al día de lo que había pasado en sus vidas durante los años de separación. Cuando finalmente llegaron a casa ya era más de las siete. Preparó algo rápido para cenar y luego se acomodaron en el sofá para ver televisión, pero su mente divagaba. Nunca había creído que Michael se volvería un extraño. Se habían convertido en completos desconocidos y eso le hacía sentir incómoda. Extrañaba al antiguo Michael. Extrañaba al Michael de diez años atrás. Lo extrañó durante todo ese tiempo, pero nunca lo admitió. Sí, él tenía razón, Alexander siempre sintió celos hacia él y a medida que su relación avanzó y se consolidó, a medida que se volvía más seria y estable, parecía que no había espacio en su vida para su viejo amigo y primer amor. ¿Tal vez era nostalgia? Tal vez solo extrañaba la sensación de seguridad y calma que él siempre le ofreció, aún en los momentos más difíciles. Cerró los ojos y de inmediato acudió a su mente la imagen de él, de espaldas, quitándose la camisa. ¡Cielos! No era la primera vez que veía a un hombre semidesnudo. En su trabajo, era muy común y a lo largo de los años había tenido la oportunidad de trabajar con deportistas y jamás le habían afectado de esa manera. Podía apreciar un buen cuerpo, el atractivo de un hombre, pero su esposo satisfacía por completo todas sus expectativas. Aún luego de tantos años juntos, su atracción y deseo por Alexander nunca se disipó. Pero Alexander ya no estaba y Michael… Abrió los ojos y respiró hondo. - ¿Mami? - Alexis la miró con curiosidad. - ¿Qué pasa, nena? - - ¿Estás bien? - - Sí, amor. ¿Por qué lo preguntas? - - Respiras raro - - ¿Raro? No, no, estoy bien - le sonrió y acarició su cabello, tratando de distraerla. El jueves llegó en un santiamén y se vio de nuevo frente a la entrada del condominio. - ¿Visitaremos a tu amigo de nuevo? - Alexis miró al edificio. - Sí. Él se lastimó y le estoy ayudando - Tuvo que hacer un esfuerzo para no mostrarse sorprendida cuando Valentina abrió la puerta. - Buenas tardes – La mujer le midió con la mirada y sin responder a su saludo, le indicó que pasara. - Tonya, ya estás aquí - Vio a Michael acercarse por el pasillo, pero no se movió. Valentina permanecía a unos pasos, observándola como si temiera que fuera a robar algo. Él se inclinó para besarle la mejilla y luego se volvió a Alexis. - Hola, princesa. ¿Cómo estás? - - Bien - dijo ella con una sonrisa - ¿Puedo ver televisión? - - Por supuesto, ponte cómoda - La niña se soltó de su madre y se acomodó en el sofá. Luego de poner el canal infantil, se volvió a Tonya. - ¿Te parece si trabajamos en la cocina? - preguntó ella sin poder ignorar la mirada de Valentina sobre ella. Él asintió y se dirigieron allí. Tonya le señaló un taburete de la isla y trató de concentrarse en su labor. - ¿Cómo te has sentido? - - Lo que hiciste el martes me alivio mucho - murmuró él. - No olvides ver a tu médico. Es importante - - Trataré de programar una cita pronto - Valentina se sentó frente a ellos y luego de observarlos un instante, dijo: - Así que… Tonya, ¿verdad? ¿Hace cuanto se conocen ustedes dos? - - Pues hace muchos años - respondió la joven sin mirar a Valentina, enfocada en el ejercicio - Papá y Michael frecuentaban el mismo grupo de amigos y jugaban fútbol… ¿Conoces a Franco y a los chicos? - le miró un momento. Valentina no la miraba a ella. Se volteó a Michael. - ¡Oh, claro! Franco y los chicos… debí adivinarlo. Ese - recalcó la palabra - grupo de amigos - hizo un gesto de desagrado - No, nunca he tenido la oportunidad de conocerlos, pero Michael me ha hablado de ellos - - Es un grupo muy agradable. Somos muy unidos - añadió Tonya con una sonrisa que enfadó aún más a la mujer- Extiende el brazo… - dijo a Michael. - ¿Eres casada, Tonya? - Michael le lanzó una mirada a Valentina, pero ella pretendió no percatarse. La joven tardó en responder. - No. No lo soy - dijo al fin. Luego de un momento de silencio, Valentina se puso de pie. - Bien, será mejor que me vaya. Me dio gusto verte, Tonya. Michael, recuerda que mañana a las ocho tenemos sesión de socios - - Sí, no te preocupes - dijo él sin calor. En cuanto la mujer se retiró, Tonya sintió que podía respirar de nuevo. - Lo siento - dijo él. - ¿Por qué? - - Valentina te hizo sentir incómoda - - No, en lo absoluto - respondió, pero no se atrevió a mirarlo. Observó a Alexis, que seguía con atención el programa de televisión y se atrevió a preguntar en voz baja: - ¿Hace cuánto están juntos? - Él tardó en responder. - No lo sé - Ella lo miró, sin entender su respuesta. - Conozco a Valentina desde hace mucho tiempo, desde que trabajaba en el consorcio. Nos hemos visto de manera intermitente durante estos años y luego ella se unió a la firma… - era evidente que no se sentía cómodo. - Está bien, no tienes que darme detalles - - Lo que quiero decir es que no tenemos una relación formal - - ¿Estás seguro? -Tonya esbozó una sonrisa sarcástica - Esa no la impresión que recibí de ella - - Aun si fuéramos pareja, eso no le da derecho de hablarte de esa manera - - Es parte de mi trabajo. A muchas personas no les agrada que una desconocida manosee a sus parejas - Él no respondió. - ¿Duele? - - No, estoy bien - Se colocó frente a él. - ¿Está todo bien en el trabajo? - - Sí, ¿por qué lo dices? - - Estás muy tenso y no creo que sea por la lesión - - No es nada - - Lo siento, no quiero ser entrometida - - No lo eres, Tonya. Puedes preguntarme lo que sea - Ella le miró un instante. Sus manos se deslizaron por su cuello y él apoyó las manos en sus caderas. - ¿Qué pasa? - murmuró él. - Has cambiado tanto - respondió de forma impulsiva - Siento que ya no te conozco - - Tú también has cambiado, Tonya - - Lo sé… - Pero… Creo que bajo la superficie, aún puedo encontrar a la Tonya que conocí - - No lo sé… No sé si aún hay algo de esa Tonya - había mucha amargura en su voz. - Hay cosas que las personas nunca pierden, Tonya, porque son parte de su esencia. Sé que sigues siendo dulce y atenta, que te preocupas por tu familia y la amas profundamente… Eres dedicada a tu profesión, leal a tus amigos… Un leve rubor asomo en su rostro y acarició su barba. - ¿Desde cuándo la usas? - - Hace unos años. ¿No te gusta? - y le brindó una de esas sonrisas seductoras que siempre le causaban cosquillas. - No lo he decidido aún… Es que estaba acostumbrada a que siempre andabas bien afeitado… - Tal vez me hace ver más viejo - bromeó él. - No, no lo creo – respondió ella sonriendo a su vez. - No quiero ser un extraño para ti, Tonya - dijo él poniéndose serio - Si pudieras perdonarme… - No tengo nada que perdonarte - - ¿Acaso ya pasó tu enfado? - - No, no del todo - él acariciaba su espalda y la sensación que producían sus manos en su piel era muy agradable - Pero no me voy a aferrar a mi enojo contra ti - - Gracias… Acepto eso… Y tal vez, con el tiempo, puedas volver a considerarme tu amigo - - Mami… La voz de Alexis le hizo sobresaltarse. - Tengo sed - - ¡Oh! Dame un momento - dijo Tonya apartándose - Creo que acabamos por hoy - - Bien, déjame ofrecerles algo de beber - se volvió a la niña - Dime, Alexis. ¿Te gusta el jugo de frutas? - La pequeña asintió con entusiasmo y fue hasta ellos. Tonya le ayudó a sentarse en el taburete. - ¿Tienes galletas? - preguntó mirando a Michael con curiosidad. - No, me temo que no… pero creo que tengo barras de granola. ¿Te gusta? - Se encogió de hombros y miró a su madre. - ¿Me gusta? - - Tal vez debas probarlas - Michael le ofreció el vaso con jugo y la barra de granola. - Te prometo que la próxima vez que vengas, tendré galletas para ti - - Me gustan las de limón - comentó Alexis masticando la barra. - De limón… lo recordaré - Tonya sonrió. Era muy agradable ver a Michael interactuando con su hija. - ¿Te preparo un té? – se volvió a ella. - ¡Oh! No te molestes - - No es molestia. Dame solo un momento - Tomaron sus bebidas en silencio y una vez que acabó su té, Tonya pensó que lo mejor era retirarse. No sabía si Valentina volvería y no quería encontrarse de nuevo con ella. - Sobre la próxima sesión… - dijo él. - ¿Qué sucede? - - Solo quería saber que día te queda bien… tomando en cuenta que empiezas tu nuevo trabajo - - Sí, por eso no te preocupes. Mi trabajo es principalmente en la mañana - - Bien, tú eres la experta. Tú dices - - ¿El próximo martes? - - Como tú digas - - Solo trata de reposar el fin de semana, ¿de acuerdo? - - Lo haré - - Bien, vamos Alexis, es hora de volver a casa - Como en la ocasión anterior, le acompañó hasta el auto. - Conduce con cuidado - dijo acariciando su mejilla. - Siempre lo hago - respondió tratando de ocultar su nerviosismo. Las caricias de Michael provocaban sensaciones inquietantes en ella. - Gracias, Tonya - - No es nada - - Es mucho para mí - - Michael… Él se inclinó y besó su mejilla. - Cuídate, preciosa -
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