Desde el otro lado de la mesa de reuniones, Valentina lo observaba. Michael había pasado callado y ausente. Era evidente que no prestaba atención a lo que se hablaba y ella no podía evitar sentir que algo no estaba bien.
Acabada la reunión, tomó sus cosas y se dirigió a su oficina. Sin embargo, no tenía más que unos minutos allí cuando alguien llamó a su puerta.
- Adelante - dijo sin quitar la mirada de la pantalla de su computadora.
Con el rabillo del ojo notó una figura que se acercaba y cuando se detuvo frente a ella, frunció el ceño.
- Michael, ¿qué sucede? -
- Tenemos que hablar, Valentina -
- No dijiste una palabra en la reunión, ¿y ahora quieres hablar? -
- No es un tema de trabajo. Es algo personal -
- ¡Oh! - se irguió y miro su reloj - ¿Tiene que ser ahora? Podemos hablarlo más tarde. Podemos cenar y…
- No. Debe ser ahora - le interrumpió con algo de brusquedad.
- Está bien, está bien - señaló la silla frente a ella - Toma asiento -
Lo observó un momento y al ver que permanecía en silencio, dijo: - ¿De qué se trata? ¿Qué es eso tan importante que no puede esperar? -
- Valentina… creo que de ahora en adelante nuestra relación debe limitarse únicamente a lo laboral -
- ¿Perdón? - le miró desconcertada.
- Lo que digo es que a partir de este momento nuestra relación se limitará a esta sociedad -
- ¿Por qué? Quiero decir, esta es una decisión muy precipitada y tajante, Michael. No comprendo -
- Simplemente creo que es lo mejor, Valentina -
- ¿Lo mejor? - se echó atrás en su silla - Mira, tenemos años de conocernos y en los últimos meses las cosas han estado bien entre nosotros… ¿A qué se debe ese cambio tan drástico? -
- Siento que nuestra relación no va a ningún lado, Valentina. Tú lo dijiste, tenemos muchos años de conocernos y seguimos caminando en círculos –
- Porque nunca has querido nada más, Michael. Yo sí me he tomado en serio nuestra relación, pero tú lo ves de una manera diferente -
- Sí, lo sé. Lo reconozco. Sé que tú esperabas más de mí, pero no puedo ofrecértelo, Valentina -
- ¿Y lo descubriste ahora? -
- Tal vez debí poner un hasta aquí hace mucho tiempo, pero siempre me dijiste que estabas de acuerdo con los términos de nuestra relación -
En realidad, no debía sorprenderse, se dijo Valentina a sí misma. No era la primera vez que tenían esa conversación. Había conocido a Michael de muchos años atrás, en un ambiente profesional. Se movían en el mismo círculo y usualmente ellos eran los únicos sin pareja, así que eso los acercó.
Ella no tenía interés en una relación, pero Michael era un hombre sumamente atractivo. Él comprendía las demandas de su vida laboral y sabía que la suya era también muy exigente. Los otros aspectos de sus vidas no se mezclaban. Michael era muy reservado, aunque ocasionalmente mencionaba a sus amigos o a sus padres. Ella no tenía ningún interés en comprometerse en una relación y simplemente disfrutaba de la compañía de un hombre apuesto e inteligente.
Se reencontraron unos años atrás, cuando la firma estaba iniciando y ella se encontraba en busca de un nuevo reto profesional. Entonces Michael se mostró reacio a retomar su relación, aduciendo que al convertirse en socios era mejor no involucrarse de forma personal. Ella le reiteró que las condiciones de su relación no cambiarían y que él la conocía bien: su carrera era lo primero.
Sin embargo, no podía negar que también se encontraba en un momento de su vida donde empezaba a sentir la ausencia de un compañero, de alguien que le brindara algo más que unas horas de compañía.
No era que se lo hubiese dicho expresamente a Michael. Pero había tratado de pasar más tiempo juntos, conocer esos otros aspectos de su vida que años atrás no le interesaban. Ella no veía a nadie más y estaba segura que él tampoco. ¿Tal vez había percibido el cambio en su actitud y había decidido cortar su relación de raíz? Los hombres tenían un sexto sentido que los impulsaba a huir cuando la relación comenzaba a tonarse seria...
- Sí, lo sé. Sé que siempre fui yo quien te pedía que me recibieras de vuelta… - algo de amargura asomó en su rostro - Tal vez en el fondo, esperaba que en algún momento cambiaras de opinión –
- Eso no va a suceder, Valentina –
Sí, era evidente. En su interior podía sentir que esta vez era diferente y ella no era una mujer que rogara o tratara de retener a un hombre.
No había nada más que decir. Se puso de pie y tomó su bolso. Sacó su llavero y entregó una llave a Michael.
- Gracias - dijo él y salió de la oficina sin más.
-0-
- ¿Estás bien? -
Maya se había detenido frente a Tonya mientras hacía los ejercicios de estiramiento.
- Sí, ¿por qué lo dices? - Tonya se incorporó.
- No lo sé… Te ves cansada -
- ¡Oh! No dormí bien ayer, es todo -
- ¿Por qué? -
Dudó un momento. No podía decirle la verdadera razón por la que no había logrado conciliar el sueño más que por un par de horas. No podía decirle que cada vez que cerraba los ojos, sentía las manos de Michael acariciar su espalda, que entre las brumas de su sueño, aparecía su rostro, serio y grave observándola, como si quisiera descifrar sus más íntimos pensamientos; que solo podía imaginar sus manos deslizándose por el firme y esculpido pecho del hombre.
Luego que Alexander falleció, tenía cosas más serias en qué ocuparse que el sexo. Al morir su esposo, su deseo había muerto también.
Apenas lograba subsistir, apenas podía lidiar con los temas más básicos para considerarse a sí misma una adulta funcional. Las tareas más simples le eran penosas, pero no podía rendirse. Su hija, su trabajo, era en lo único que podía pensar. Alimentación, pagar deudas, echar combustible al auto, mantener una rutina para no derrumbarse.
No lo extrañaba. Es decir, sí, extrañaba las caricias, el contacto, los besos… pero era porque extrañaba a Alexander. Extrañaba sus besos, sus caricias, la forma en que le hacía el amor… Pero Michael… ¡Demonios! ¿Por qué él tenía ese efecto en ella? ¿Por qué pensaba tonterías?
Ella lo había dejado. Mucho antes de que él se alejara, ella tomó su decisión: ella eligió a Alexander. Amaba a Alexander. Se enamoró de él profunda y completamente, pero en su corazón, en un rincón de su corazón permanecían los recuerdos y sentimientos que alguna vez experimentó por Michael.
Pero… ahora no era el momento. Ni ahora, ni nunca… Es decir, ya había pasado un año desde que Alexander partió, pero no estaba lista para involucrarse con alguien más. No había sitio en su vida para un hombre, aún para una relación casual y evidentemente, Michael ahora tenía pareja… Una mujer elegante e inteligente, con la que seguramente tenía muchas cosas en común.
- ¿Sabes? Creo que es la tensión por el nuevo trabajo - dijo interrumpiendo sus pensamientos.
- ¡Oh! No te preocupes. Todo saldrá bien - Maya le sonrió - Eres increíble en tu trabajo y te adaptarás muy bien en este nuevo lugar -
- Sí, eso espero… pero empezar en un lugar nuevo siempre te da un poco de nervios -
- Bien, lo que necesitas es divertirte y dejar salir toda esa tensión. Esta clase te caerá muy bien, ya verás -
- ¡Oh! Cuando dices eso, quiere decir que será una clase devastadora -
- ¡Vamos, Tonya! Eres una mujer joven, no te quejes cuando ni siquiera hemos empezado - dijo la mujer riendo.