Cuando terminaron de platicar, la señora Rosa le enseñó a mi madre todas las cajas de la mudanza, habían sido tan gentilea de meterlas a su casa para que no fueran robadas. Mi mamá estaba alivida y muy agradecida. Luego de que mi madre terminara de hablar con los señores Martinez, no espero ni siquiera llegar a la casa para decir que estaban locos. Realmente el pequeño Samuel terminaría decepcionado nuevamente, pues tenía la esperanza de que mi madre sí le creyera lo que quería contar. Al llegar a casa mi padre le preguntó cómo le había ido, ella respondió diciendo que bien, él se despidió diciendo que le iría bien, y se marchó a la empresa para darle excusa a su jefe. Por suerte mi madre lo detuvo, dándole la buena noticia de que todas nuestras cosas las habían guardado los vecinos. Mi pa

