Capitulo 1: Ratas en la casa
Mi vida se venía abajo cuando me enteré que nos mudaríamos a otra casa donde hubo una muerte hace dos años que hasta el día de hoy, seguía siendo un misterio. La leyenda de que un espíritu vagaba allí era tan famosa que, cuando asistí a la escuela me miraban como a un bicho raro. Mientras íbamos en el carro rumbo a esa casa, miraba las nubes pasar, más mi madre llamada Patricia, estaba ansiosa de llegar cuanto antes, al igual que, mi hermana mayor Ana y mi padre Manuel, quien llevaban a mi hermanito menor, que era un bebé que estaba a punto de cumplir un año. Mi madre, la prestigiosa Patricia de Santiago, era una abogada interfamiliar, y justo este era el por qué de nuestro traslado a esa casa, pues tenía un caso bastante serio. Al parecer un chico intentó quitarse la vida, vivía enfrente de la que sería ahora nuestra casa. Mi padre era un diseñador gráfico de una de las empresas mas costosas empresas del país. Mi hermana era una universitaria que estudiaba la carrera de diseño al igual que mi padre hace años. Aunque no sé sentía convencida del todo. A veces sentía que lo hacía solo para sentir a nuestro padre orgulloso y no porque a ella le gustara. Y pues yo, no hay mucho que decir, soy un estudiante de noveno grado. Solo extrañaba a mis amigos, no solo me cambié de casa, sino también de escuela, y es era algo que no podía arreglar.
—¿Ya estamos llegando? —pregunté
—¿Quién era el que no quería mudarse eh? Ja, ja, ja, ja, tranquilo mi amor, ya estamos llegando —me dijo mi mamá malinterpretando las cosas
—No lo pregunto porque esté ansioso si es lo que piensas
—Sí sí sí claro
—Mamá, por Dios, ¿Cómo crees que me voy a poner feliz si acabaron con mi vida? Me quitaron a mis amigos, a mi escuela, mi vida completa
—No exageres hermanito, ya verás que te adaptarás
—¡Ay tú Cállate! Más tarde te veré por estar tan lejos de tu novio
—Tomy vendrá a visitarme todos los días, ¿Okey? Así que deja de decir cosas que no sabes, tontito
—¿Por qué no pude quedarme con mis abuelos?
—Matias, ya habíamos hablado de eso, ¿Por qué es tan difícil para ti entender un problema? —me dijo mi padre un poco molesto
—¿Entender un problema? El único problema que no logro entender es este, es este. Me sentiré como un maldito extraño
—Matias deja de maldecir, por favor, no aquí, este es un nuevo vecindario, nuevas personas y…¡Llegamos!
Miré por la ventana todo intrigado, y cuando ví la casa, me quedé realmente aterrado, ¡Esa casa era enorme! ¿Cómo podría vivir en esa casa que daba miedo?
—Sé que se ve un poco oscura pero la haremos a nuestros gustos, pintaremos las paredes y le quitaremos todo ese n***o —habló mi madre al bajarse del carro
—¿Oscura? Da miedo, mamá —dijo mi hermana
—Ow, pensé que era el único al que le daba miedo —dije soltando una risa
—Eh, a mi también me da miedo —dijo mi madre picandonos el ojo a mi hermana y a mí —. Vaga que gasté justamente mi dinero
—Manuel
—Es solo una broma amor. Vamos, entremos a conocer nuestra nueva casa
Cuando ya todos nos encontrabamos a dentro, miramos que realmente era bella, lo que asustaba era su exterior. Recorrí varias partes de la casa, buscando cuál sería mi cuarto, y cuando encontré el perfecto para mí, mi hermana me lo quitó. Seguí buscando hasta que me perdí, diciendo que íbamos a necesitar un mapa para estar en esta casa. Llegué hasta un cuarto donde habían mdevenas de juguetes, lo que me emocionó un poco, pues había donado todos los míos en una fundación disimulando que no me había dolido, cuando en realidad extrañaba mi carro de control remoto y el que parecía había recuperado.
—¡Wow! —dije al ver uno como el mío—. Me acerqué rápidamente hasta él, tomándolo en mi regazo y buscando el control. Me puse de lje para encontrarlo entre todos esos juguetes, y fue allí, dónde ocurrió la primera experiencia escalofriante de esa casa. El carro que era rojo de aluminio, empezó a manejar solo como si alguien lo hubiera con el control, pero, ¿Quién? No había más nadie conmigo en ese cuarto. Me asusté y cuando intenté salir, se cerró la puerta, de la nada todos los juguetes parecían tener vida.
—¡Mamá! —grité
Mi mamá entró y abrió la puerta, preguntándome qué es lo que me había sucedido, cuando volteé todos los juguetes estaban donde los había visto. Le pregunté de quién podría ser ese cuarto, y justo en la puerta lo decía, también habían medidas enumeradas con edades de un niño.
—Cristian —dijo mi madre
—¿Qué? —expresé
—Aquí dice que este cuarto es de Cristian
—¿Y quién es Cristian?
—No lo sé, tal vez el hijo de la familia que vivía aquí. Salgamos de aquí, ¿Si? Vamos a conocer el resto de la casa, ¿Aún no has visto el jardín?
—Está bien, pero…
—¿Pero qué?
—¿Por qué nos mudamos justo a esta casa?
Mi mamá me quedó mirando y me tomó por el brazo, llevándome hasta el segundo piso de la casa, para enseñarme algo que luego ya comprendería.
—¿A dónde vamos? —le pregunté por la prisa en que me llevaba subiendo los escalones
—Ya lo verás, te estoy dando respuesta a tu pregunta
Entramos entonces a un cuarto completamente vacío, me llevó hasta la ventana y la abrió lentamente, observando los dos juntos, la casa de al frente.
—¿Quiénes viven allí?
—Allí, allí vive una familia que necesita de mi vida. Mira la ventana del segundo piso y a ese niño
Miré la ventana y había un niño pintando, ahora entendía que mi madre estaría en otro caso de familia.
—¿Quién es?
—Tiene casi tú mismas edad, algo le sucedió. Lo llevaron a muchas partes y no se ha recuperado, quiero ayudarle.
—¿Qué ha hecho exactamente?
—Ha intentado quitarse la vida varias veces, pidió ir a la escuela para seguir estudiando y que ya no intentaría quitarse la vida. Sin embargo, todas las noches se levanta diciendo que alguien lo va a matar
—¿A qué escuela va?
—Justo a la que tú irás, por eso necesito de tu ayuda, tal vez y te sirva para que descubras si quieres estudiar lo que yo estudié.
—No, no, no, no. Te ayudaré, pero no creo que llegue a hacer lo que tú eres, mamá
—Eso aún no lo sabes
Mi mamá salió del cuarto y me quedé ahí, obsevando al niño que me había llamado la atención, pues no podía creer que un chico tan joven quiera quitarse la vida. Era realmente un misterio y pues, estaba dispuesto a ayudar a mi madre en su caso. Solo esperaba ni asustarme durante toda mi valiosa ayuda. Me retiré del cuarto y no pude darme cuenta, que el chico miró hacia la ventana, como si supiera de que lo estaba observando.
—Mamá, tengo hambre —dijo mi hermana disfrutando del cuarto
—Mas tarde estaré cocinando, baja y ayuda a tu padre y a mi a bajar las cosas del camión
Continuará…