El emo parte 2

1110 Palabras
La floja de mi hermana no quería bajar para ayudar a desempacar las cosas del camión, ¡Siempre me toca a mí! Cuando nos encontrábamos mis padres y yo afuera sacando las tantas cosas del camión y mi hermana en su nuevo cuarto, mi pequeño hermano fue quien vio a lo que nos acompañaba en esa casa. Sin darnos cuenta que bajó de su pequeña silla, gateó hasta el pasillo donde había oscuridad. Tiraba unas tiernas risas a lo que veía, aquello que caminaba en el techo llevándolo hasta el lugar donde había muerto; llevándolo hasta las escaleras. Si no fuera por mi madre ya estaríamos llorando su partida. —¡Aaaaah! —gritó ella y corrió justo antes de caer mi hermanito por las escaleras—. ¡Mi bebé! ¡Martin! Mi madre se lanzó al suelo como a una heroína fuertemente, alcanzando a tomarlo por sus dos pies pequeños. Luego lo tomó en su regazo, abrazándolo fuertemente, mirando por varias partes de las paredes, qué era lo que veía el pequeño Martin. Por lo que se levantó y encendió las luces, y vio entonces sangre seca en los escalones. —¿Mamá? —dije yo al entrar y no verla en la sala —¡Matías! —me llamó un poco aterrada —¿Qué sucede? —¡Llama a tu padre! Sentí sus palabras como si fuese algo grave, corrí afuera y llamé ai padre con preocupación, diciéndole que mi madre estaba asustada y necesitaba de su ayuda. No sé si exageré un poco, pues tiró la caja al suelo que bajaba del camión y entró a la casa corriendo rápidamente. —¡Patricia! ¡Patricia! —llamaba a mi madre —Manuel, estoy aquí Mi padre fue hasta ese pasillo y vio a mi madre sorprendida que aún miraba la sangre. —¿Qué sucede mi amor? —le preguntó él —Mira, mira Cuando mi padre vio la sangre, le pidió a mi madre alejarse, los dos se dirigieron a la sala, mi padre tomo el teléfono y marcó a quien nos vendió la casa, para que nos diera respuesta alguna de lo que habían visto. —¿Qué sucede madre? —le pregunté al verla toda asustada —Matias, no quiero que te acerques a ese pasillo, ¿Me entiendes? No quiero que vayas a esas escaleras —¿Por qué? —Solo no vayas, ¿Okey? No quiero que vayas ahí —Okey okey, está bien —¿Dónde está tu hermana? —Arriba, escuchando música supongo —¡Rayos! Martin estuvo a punto de caer y tener un accidente mientras tú hermana escuchaba música. Ten a Martin Me dio entonces a Martin y subió al segundo piso gritando el nombre de mi hermana. Yo solo miraba aquel oscuro pasillo, tenia tanta intriga y curiosidad de qué es lo que había allá. —¿Qué hay allá Martin? —le pregunté a mi hermanito Me sentí tonto al preguntarle a un bebé, pero cuando Martin me señaló con el dedo a ese pasillo, me aterré, por lo que lo dejé en el mueble y me acerqué poco a poco lentamente hasta ese pasillo. —¡Ana! ¡Ana! ¡¿Dónde estás?! —gritaba mi mamá enfurecida Mi hermana obviamente no contestaba, no podía oírla por todo el volumen que tenía en sus auriculares escuchando música. Cuando mi madre abrió la puerta con gran fuerza la asustó, se quitó los auriculares y le preguntó el por qué entró así. —¿Por qué he entrado así? ¿Por qué he entrado así? ¡Maldita sea Ana! Tu hermano Martin casi cae por las escaleras mientras tu padre y tu hermano nos encontrábamos sacando las cajas del camión, y la niña aquí en su nuevo cuarto escuchando música —¿Qué? ¿Martín? —reaccionó ella asustada y se levantó de la cama para ir a ver cómo estaba —No, tu hermano está bien. Ahora vas a salir de este cuarto y vas a bajar todas las cajas —¿Qué? ¡No! Al menos dile al gusano de mi hermano que me ayude —No, vas a bajarlas tú solita, muchachita —¡Esto es injusto! ¿Qué culpa tengo yo de que Martin casi tiene ese accidente si ni siquiera me dijiste “Ven Ana cuida a tu hermano mientras sacamos las cajas del camión” eh? —Eso no era necesario, yo te llamé y no bajaste, nos tuvo que ayudar tu hermano como siempre —¿Ahora me vas a decir que nunca te ayudo y que tú hijito sí? —Sí me ayudas —¿Ves? Ahí está —Pero tu hermano más —¡Aish! ¡Te odio! —Yo también te amo Vaya que todos queríamos mucho al pequeño Martin, peor vaya que mi madre era muy juguetona. Yo aún continuaba caminando hacía el pasillo mientras esas dos hablaban sobre el caso, mi padre hablando por teléfono con quien nos vendió la casa, y el pequeño Martin viéndome aterrado, con sus ojos tan abiertos que no espabilaba. —Quedate ahí —le dije con la voz baja. Y cuando volteé caí por las escaleras No pude verlas por la oscuridad, pero pude ver en cada escalón una visión que me enseñó cómo murió el niño de esa casa; pude ver cómo murió Cristian, todo había sido un asesinato. Pude ver las manos de un hombre que lo tomaba por el cuello, y que luego Cristian al defenderse, salió corriendo por las escaleras, resbaló y murió. Toda la visión fue con sangre, un momento que jamás pude borrar de mi cabeza. Y ahí quedé inconsciente, aterrado porque también en la visión, estaba el chico que vivía enfrente de nosotros, me hizo pensar que tal vez era amigo de Cristian. Cuando mi madre terminó de hablar con mi hermano, vio a Martin solo y preguntó por mí, cuando este le señaló mi paradero, corrió y encendió las luces. Ahí está yo tirado en medio de los escalones. —¡Manuel! ¡Manuel! —le gritaba a mi padre llorando —¿Qué? ¿Qué sucede? —respondía él —¿Qué sucedió ahora? —preguntó mi hermana Cuando me vieron ellos dos tirado en los escalones y mi madre llorando creyendo estaba muerto, no podían creerlo. Luego de tantos sustos y preocupaciones, me encontraba en el hospital, aún sin despertar, pero escuchando sus palabras hacía a mí. Pide ver un recuerdo antes de llegar al hospital, y es que mientras me montaban en la ambulancia, el niño de al frente miraba desde su ventana un poco aterrado.
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