David. . —Señor. —Si, mmm. —miro la bandeja a ver qué voy a comer—. Este, este y este... Espere. —saco un plato que no sé qué tiene y le pongo mas cosas arriba—. Ahora si, gracias. —Creo que tienes hambre. —alzo los hombros no importándome. —¿Qué se supone que haga si no es comer?. —se tira a mi lado en sillón, queda toda desparramada—. ¿Y tu?. —¿Qué voy a hacer sino es aburrirme?. —Estamos iguales. —Asi es, solo que no puedo comer. —¿Por?. —Porque este vestido me queda tan ajustado que siento que lo voy a reventar. —Ni pareciera que se va a reventar, tranquila, porque se nota que no comes nada o haces mucho ejercicio. —Ninguna de las dos... Como bastante y no hago nada. —Aja, finjamos que te creo, —alza los hombros viendo a todos lados—. Si fingimos yo también, como poco, mas

