Capítulo 10

1272 Palabras
UNA SEMANA DESPUÉS: Una semana muy intensa me había pasado, y todo volvía a ese recuerdo, un recuerdo que se repetía en mi mente como una película, una y otra vez, no pasó a más nada que un solo placer muy intenso, una noche de desenfreno que había dejado una marca imborrable en mi piel y en mi memoria Y ahí estaba el problema me estaba encantando más de lo que quería aceptar, reconocerlo era como abrir una puerta a un mundo de sensaciones prohibidas, un mundo donde la razón se desvanecía y solo quedaba el deseo que luchaba contra ello con todas mis fuerzas, intentando convencerme de que solo había sido una noche, un error, un desliz Pero la verdad era que cada vez que pensaba en él, en sus manos, en sus besos, en la forma en que me hacía sentir, un torrente de emociones me invadía, un torrente que me arrastraba hacia un lugar peligroso, un lugar donde el control se perdía y la obsesión comenzaba a florecer Mala combinación, muy mala GB: Quiero verte ahora, no me importa cuánto si estás ocupado 😉😉 La insistencia de George era innegable, casi una orden disfrazada de deseo, esos emojis, lejos de ser juguetones, transmitían una presión sutil pero palpable AMOR: No puedo Brown, estoy muy ocupado, por dios dame descanso 😫😫😫 Mi respuesta era innegable pero reflejaba agotamiento y una necesidad desesperada de espacio, suplicaba por un respiro, pero la sombra de George se cernía sobre mí, impidiéndomelo GB: No me hagas ir a buscarte Lian Thomson 😡😡😡😡 La amenaza, ahora explícita, dejaba claro quién tenía el poder, el tono juguetón se había desvanecido, revelando una furia contenida que hacía temblar AMOR: Vale, ya mismo nos vemos, dentro de una hora La sumisión mis respuestas era evidente, no había opción, solo la resignación a ceder ante la voluntad de George, el miedo, aunque no expresado, era palpable en cada palabra suya, como una orden silenciosa, pero contundente UN MES DESPUÉS: Pero con ese miedo cargado de furia e intensidad habia pasado el tiempo, no esperaba respuestas contrarías a lo que pedía, porque no pedía, ordenaba y punto, nada había cambiado, yo tampoco era como que le llevaba la contraria ni nada GB: Quiero hacerte el amor, ven ahora, te amo Lian 😋😋😋😋 La urgencia en las palabras de George era, otra vez palpable, pero esta vez, venía acompañada de una ternura que derretía el corazón Los emojis transmitían un deseo sincero y un afecto profundo AMOR: Vale, yo también quiero estar contigo, te amo también 😍😍😍 Mi respuesta era un espejo del sentimiento de George y del cual había transmitido, el anhelo y el amor brillaban en cada palabra, creando una conexión palpable GB: Yo te paso a recoger, me alegra que me ames como yo a ti, me haces feliz 💜💜💜 La felicidad de George era contagiosa, Su amor por mí era evidente, y la idea de reunirse conmigo lo llenaba de alegría AMOR: Amor, mejor dime que estás afuera esperando 😁😁😁 La impaciencia de George era adorable hasta cierto punto, no podía esperar ni un segundo más para estar en los brazos de mi amado DOS MESES: Las cosas iban bien con él, Tanto, que decir la verdad me enamoré de este hombre, George Brown se había metido en mi vida como una tormenta, arrasando con todas mis defensas y plantando una semilla de amor que crecía sin control, no sé cómo saldrá de ella, pensaba, sintiendo una mezcla de felicidad y temor Pero, en el fondo, una sombra acechaba, nunca me imaginé lo que iba a venir de ahora en adelante. Intuía que todo daría un giro muy, muy dramático, mientras tanto, me concentraba en lo que realmente importaba: mi tesis. Al fin, me faltaba muy poco para terminar la universidad, era lo más hermoso que me podía pasar, una meta que había perseguido con pasión y esfuerzo, después de dos meses muy intensos de querer hacerle entender a alguien muy arrogante que debo terminar mis estudios, por fin veía la luz al final del túnel Respiré hondo, sintiendo una oleada de optimismo. Todo estaba saliendo bien. O eso quería creer —¿Hijo? ¿Quieres comer?— me preguntó mamá, con esa voz suave y llena de cariño que siempre me reconfortaba pero también me sacaba de quicio, pero estaba muy ocupado para comer. Mi mente estaba en otro lugar, en la tesis, en el futuro y mucho más —No, mamá, gracias— respondí, apartando la mirada de la pantalla—¿Vas a salir hoy? ¿Tú quieres algo?— pregunté, notando la tristeza en su voz, últimamente, volvía a ser esa mujer triste que tanto me dolía ver, al parecer, su galán la había dejado otra vez Sentí una punzada de culpa por estar tan absorto en mis propios asuntos, quería consolarla, preguntarle qué había pasado, pero la urgencia de la tesis me consumía, prometí que después, cuando tuviera más tiempo, me sentaría con ella y la escucharía Pero, ¿cuándo tendría tiempo? La universidad, la tesis, George... mi vida era un torbellino constante y, en medio de todo ese caos, mi madre se desvanecía lentamente —No, hijo, no tengo ganas. Solo quiero dormir— la voz de mamá era un susurro apagado, casi inaudible, en sus ojos, vi un brillo de tristeza que me partió el corazón, se retiró a su habitación, arrastrando los pies, como si cada paso le costará una eternidad La puerta se cerró tras ella, dejando un silencio denso y opresivo en el ambiente, me quedé allí, paralizado, sintiendo una punzada de culpa en el pecho ¿Cuándo me había vuelto tan insensible? ¿Cuándo había dejado de prestar atención a las señales de mi madre? La imagen de su rostro triste me perseguía, sabía que detrás de esa fachada de cansancio se escondía un dolor profundo, una soledad que la consumía por dentro Y yo, absorto en mi propio mundo, no había hecho nada para ayudarla Al rato entró de nuevo a decirme algo más pero el sonido de mi movil, otra vez, por quinientas veces en el dia, le detuvo a decir lo que queria, era importante pero se olvidó —Te dejo, debe ser importante — se retiró, con el ceño fruncido, no dijo más —¿Por qué no contestas, señor Brown Lian?— En serio, me puso el peso al nombre, la formalidad en su voz era una advertencia, una forma de marcar territorio —Estoy ocupado, señor Brown — respondí, sabiendo que eso le dolía, ardía en el ego, le molestaba que lo tratara con tanta distancia, que no me sometiera a su control de loco —¿Nos podemos ver hoy? Dime que sí— insistió, suavizando un poco el tono, era una orden disfrazada de pregunta —No, amor, lo siento, pienso pasar el día con mi madre— respondí, sintiendo una mezcla de culpa y desafío sabía que con eso le iba a dar una rabieta —Bueno, pero te quiero mañana para comer y para comerte— la frase, cruda y posesiva, me hizo estremecer, madre mía, esto promete Y, lo más inquietante de todo, no estalló, algo anda mal. Su reacción era demasiado contenida, demasiado controlada —Está bien, señor Brown, nos vemos mañana —respondí, sintiendo un escalofrío recorrer mi espina dorsal —No me digas... —intentó replicar, pero le corté antes de que volviera con sus malditos regaños Sabía que estaba jugando con fuego, pero no podía evitarlo. Necesitaba un respiro, un día lejos de su control. Pero, ¿a qué precio?
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