- Este cupón te servirá en otra ocasión, no en esta. – dijo Vlad y le devolvió aquel papel en sus manos, dejando a Samantha algo desconcertada por aquella acción. – no es necesario canjearlo, te lo diré de todos modos. – dijo amable e intentó estirar sus labios con la ayuda intensión de sonreír en un rostro pálido escaso de felicidad. Respiró con fuerza y le dijo con su mirada en el pasado, pero con sus ojos fijos en ella. – a la edad de tres años fui separado de mi madre y enviado a un internado donde me formarían el carácter y me educarían para ser un patriarca Ferguson. Fueron noches en las que me bañaban en agua helada y por cada error cometido recibía castigos, los peores que un niño no puede aguantar a esa edad. Cuanto tenía nueve años mi mamá enfermó, se me tenía prohibido entrar en

