Lucas entró al gimnasio mirando a la mayoría de sus jugadores ejercitándose antes de clases como era casi siempre. Sin percatarse, comenzó a buscar entre ellos el familiar rostro que lo ponía de mal humor, pero para su mala suerte, no lo encontró. Exhaló decepcionado y continuó su camino, no contaba con mucho tiempo pues tenía clases en unas cuantas horas. Cuando entró a los pasillos de la escuela, sus ojos hicieron el mismo movimiento buscándolo, sin tener ningún éxito. Se detuvo en su casillero y volvió a exhalar mientras sacaba sus libretas. —Buenos días, hormiguita. ¿Y tu novio? —Carlos, de verdad— lo miró con todo el odio que pudo causándole una leve risa. —No te enojes conmigo, Lulu— le pellizcó la mejilla cuando el mariscal cerró el casillero y caminaron por el pasillo. Navarro

