El director se acercó a ella y le ayudó a sentarse en la silla. Le alcanzó un poco de agua y se sorprendió cuando la joven se la tomó sin hacer pausa. Pidió a su asistente que le trajera algo de comida mientras él investigaba lo que estaba sucediendo. —Tranquilízate, hija. Estás nerviosa… no llores. Sea lo que sea, estás a salvo conmigo—. La consoló. —Necesito ayuda… le suplico que me ayude. Sé que lo he tratado con indiferencia, pero… me arrepiento y le pido perdón. —¿Te has peleado con tu tía?—preguntó. Recordando que hace unos días ella dijo que vivía en casa de su tía. —No quiero estar en esta ciudad, necesito irme de aquí o me encontrarán. ¿Puede ayudarme?— Indaga, ignorando la pregunta del hombre. —Mi niña, ni siquiera tienes que preguntarlo dos veces. Dime qué quieres que h

