Debía reconocer que se estaba divirtiendo, no deseaba que nada terminará, la escena le hacía recordar muchos siglos atrás cuando estaba en la culmine de sus jergas nocturnas, sus ojos negros centellaban de solo recordar aquellos bellos tiempos, pero el simple hecho de pensar que todo llegaría a su fin le causaba una leve punzada de decepción, sin embargo se sentía como un niño al que le habían regalo el mejor juguete de todos, ¡Y vaya que ese hijo suyo, lo era!, relamiéndose los labios cubiertos de sangre fresca se remolinó en el sofá emocionado de escuchar los imploros y lloriqueos de Kirei de fondo, estaba completamente de acuerdo que el muchacho daba espectáculos de calidad, todo gracias a su entrañable ex compañera de cacería “la señora Aba”, a pesar de los años él se daba cuenta que l

