La velada concluyó cerca de las diez de la noche, los Odonoju habían quedado impresionados con la cultura y el buen gusto del señor Brown además de su ya mencionada caballerosidad, y simpleza de sus acciones lo volvía un buen hombre; el señor y la señora Odonoju se disculparon por el horario debían de retirarse a dormir en vista que a la mañana siguiente tenían una cita médica. John como todo un caballero dio gracias por la magnífica velada, tras la misma procedió a retirarse. En el pórtico Miguel preguntó si lo deseaba llamaría a un servicio de remises, mas John se negó admitiendo que prefería caminar hasta la parada de autobuses, siendo una linda noche para viajar en el transporte público. Miguel quiso preguntarle qué contenía el papel enrollado ya que aún no tenía el valor para leerlo,

